COLUMNA CORTE1“Dime cuan alta es la montaña, y yo te daré medida de la arrogancia del hombre…”

La doma de la naturaleza es, al parecer, prerrogativa de conquistadores y porfiados, pues los primeros pretenden amansarla para así aplacar su propio ardor monomaníaco mientras que los segundos, al no verse motivados por un ego colosal y sí por una irrespetuosa temeridad, sólo buscan dominar lo indomable, pagando incluso con vida tal atrevimiento, como si de ofrendas al Valhalla se trataran. Pero aquí no hablamos de valor y coraje simplemente, tal y como lo indica uno de los personajes de la cinta en cartelera “Everest”: lo hacen porque pueden, porque ahí está aquello, monumental y virgen para ellos, y a su llamado no pueden resistírsele. Esto nos conduce a tratar de comprender (y no empatizar) el porqué los personajes que pululan esta producción dirigida por Baltasar Kormakur (“Armados y Peligrosos”, “Contrabando”), hombres y mujeres sustraídos del más anodino cotidiano (matrimonios convencionales al borde del suicidio emocional, trabajadores de oficina, artistas en estado de catatonia creativa, etc.), tratan de contrarrestarlo asumiendo una postura aventurera que los lleva ni mas ni menos que al ascenso del Monte Everest, la cina más alta en el planeta Tierra. Mas lo insólito no yace en el ente metropolitano a la búsqueda de sacio adrenalínico o autocompensación por su mediocridad, sino en los grupos de alpinistas independientes que se publicitan para aprobar, guiar y exponer a sus clientes amateurs a la más rotunda y manifiesta expresión del riesgo, ya que se han encomendado llevar hasta lo alto de la montaña a sujetos con mínima o somera formación en alpinismo profesional. No quiero sonar cínico, pero creo que los usuarios a este servicio jamás podrán sentirse estafados si algo grave les ocurre en un ambiente tan adverso al que están acostumbrados. Pero aquí reposa realmente el corazón del discurso sociológico del filme, uno que probablemente pase desapercibido mas ello no le arrebata su fuerza.
La cinta está basada en un trágico suceso acontecido en 1996 donde varias personas perdieron la vida en su fantasía por alcanzar la cumbre mencionada, registrado en el libro de Jon Krakauer -un sobreviviente- titulado “En Aire Delgado”. La trama inicia con la forzada unión entre Bob Hall (Jason Clarke), líder de la compañía excursionista “Consejeros de Aventura”, y su rival Scott Fischer (Jake Gyllenhaal), quien dirige una empresa similar llamada “Locura de Montaña”. Tal asociación surge ante la inusitada cantidad de personas que contratan sus servicios para escalar el Everest esa temporada en particular. El enfoque narrativo se va a inclinar en el equipo de Hall, quien se nos revela como un experimentado montañista neozelandés que ha logrado conquistar la punta del imponente monte en 4 ocasiones, incluyendo una con su esposa Jan (Kiera Knightley), quien por cierto no participa de la expedición por estar embarazada, manifestándose un ancla emocional en la trama con prontitud y claridad. Por su parte, la caravana escaladora se ve integrada por caracteres muy disímbolos y heterogéneos, siendo sus antecedentes y personalidades los motores dramáticos en esta angustiosa dinámica: un cartero llamado Doug (John Hawkes), quien emprende esta proeza para inspirar a los niños de su comunidad; una japonesa de 47 años que aspira a ser la mujer con más edad en pisar la cina del Everest; el mencionado escritor Krakauer (Michael Kelly), alpinista aficionado que desconoce altitudes mayores a los 8000 metros y el texano Beck Weathers (Josh Brolin), hombre de sentimientos y madurez dispersos que oculta la verdad a su esposa (Robin Wright) sobre su viaje a Nepal. Este microcosmos de arrogancia, posturas y falta de humildad estará siendo monitoreado por Helen Wilton (Emily Watson), los ojos en el suelo de esta expedición. El agente caótico que desmembrará las aspiraciones aventureras de ambos grupos tomará forma de una repentina tormenta de fuerza inusitada, la cual desgrana poco a poco a los montañeros, a la logística de sus impotentes líderes y a sus recursos alimenticios o de supervivencia.
Muchos relatos similares se han llevado a la pantalla grande y éste comparte varios de los elementos que distinguen producciones de esta catadura: enaltecimiento del factor humano sobre el racional, un fervor paroxista en la representación de piedad en los personajes, confrontaciones tanatológicas y un hilo de suspenso tendido sobre el destino de los protagonistas. El cineasta finlandés Kormakur amarra todos estos puntos con firmeza y obtiene buenos resultados, tanto en sus aspiraciones discursivas como de su ensamble histriónico, claramente comprometido con la representación honesta y poco maniquea de sus papeles. Aunado a la corrección narrativa sumemos los impresionantes escenarios naturales nepaleses e italianos que logran, mediante la interesante composición poco efectista del fotógrafo Salvatore Totino dimensionar la gelidez del espacio y crear una puesta en escena acongojante.
En algún momento de la cinta se enuncia “La montaña siempre tendrá la última palabra”. Nada más cierto tanto para la misma trama como para esta cinta, pues es un público ya acostumbrado al desglose de tragedias en pantalla (baste recordar “Los 33”, aún en cartelera) quien dictaminará si el filme funciona o no. Por lo menos para un servidor, el fallo es positivo. Esta película logra llegar a una modesta pero concisa cumbre narrativa.
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