Luis Muñoz Fernández

No hay duda que la práctica de la medicina ha cambiado y seguirá cambiando más en el futuro, con los avances de la medicina misma. Imposible ejercerla hoy como se hizo antes. Si los conocimientos cambian, si cambian las formas de aplicarlos, si la sociedad en que vivimos y sus exigencias cambian también, es natural y aun obligado que el ejercicio de la profesión esté acorde a las nuevas formas de vida. Pero eso no significa que deba cambiar el “ethos” de la medicina. El espíritu que la anima desde hace veinticuatro siglos y las normas que son su esencia, eso debe ser protegido.

 

Ignacio Chávez. Los rápidos avances de la medicina y la lenta, implacable deshumanización de su ejercicio, 1976.

En los doce capítulos de Con-ciencia médica (LID Editorial, 2016), la doctora Mónica Lalanda selecciona un igual número de temas importantes en la enseñanza y en la práctica de la medicina: 1) La profesión médica al servicio del ser humano, 2) La relación entre el médico y el paciente, 3) La calidad de la atención médica, 4) Confidencialidad y secreto profesional, 5) Objeción de conciencia, 6) Atención al final de la vida, 7) Relación entre los profesionales, 8) Relación con las instituciones, 9) Médico y prescripción, 10) Investigación, publicaciones y docencia; 11) Estudiantes de medicina y 12) Médicos en redes sociales. En este último tema, también es coautora del Manual de estilo para médicos y estudiantes de medicina. Sobre el buen uso de redes sociales, editado por la Organización Médica Colegial con la colaboración del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina.

Como ya lo comentamos en la primera parte de este escrito, la doctora Lalanda lo hace a través de historietas que nos muestran de una manera extraordinariamente clara –a veces casi descarnada– los vicios en los que incurrimos los médicos, las consecuencias negativas que estas fallas tienen sobre los pacientes y sus reacciones ante la falta de tacto de quienes se supone que deberían conducirse con mayor delicadeza.

La información adicional de cada capítulo, a la que se accede mediante un código QR o se puede consultar en la página electrónica www.concienciamedica.com, corresponde a varios artículos del Código de deontología médica. Guía de ética médica del Consejo General de Colegios Oficiales Médicos de España. Esta información da sustento a lo que expresan las historietas de la doctora Lalanda.

Es muy fácil caer en el error de considerar sus dibujos solamente divertidos. En realidad, son un vehículo ágil y poderoso para fijar en nuestra mente las normas del buen quehacer médico y, además, nos hacen sentir en lo más hondo aquellos vicios y errores en los que nosotros mismos incurrimos. Veamos lo que nos dice en el capítulo 2 sobre la relación médico-paciente:

El médico debe cuidar su actitud, lenguaje, formas, imagen y, en general, su conducta para favorecer la plena confianza del paciente.

En el ejercicio de su profesión el médico actuará con corrección y delicadeza, respetando la intimidad de su paciente.

Son principios tan sencillos, que podríamos considerarlos verdades de Perogrullo. Sin embargo, ¡cuántas veces no reparamos en ellos! El problema es particularmente agudo en los hospitales públicos y de enseñanza, donde no es raro que se vulnere la intimidad de los enfermos, tal como lo ilustra la doctora Lalanda en la historieta que aparece en las páginas 48 y 49 de su libro:

En el capítulo que trata de la relación del médico con la industria farmacéutica (Capítulo 9: Médico y prescripción), la doctora Lalanda utiliza la curiosa palabra “pichigüili” para referirse a los regalos de poco valor económico, aunque muy llamativos, que la mencionada industria le hace al médico para ganarse su preferencia a la hora de recetar. Reconozcámoslo: ¡Cómo nos encantan los pichigüilis! Algunos congresos médicos se convierten en verdaderos bazares de pichigüilis que los asistentes se llevan muy orondos a sus casas y consultorios.

Para finalizar, he aquí lo que escribe sobre esta obra el doctor Fernando A. Navarro, médico, traductor, autor y miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española:

En “Con-ciencia médica”, un libro para reír y meditar, Mónica Lalanda nos invita a contemplar con una sonrisa franca –pero también con el corazón en un puño– lo atroz y aterradora que puede ser una medicina deshumanizada, ejercida con más ciencia que conciencia. Y lo hace con la maestría formal, madurez, idealismo e inconformismo de quien lleva muchos años ya expresando sus ideas a través del dibujo, y muchos años también viviendo desde dentro y reflexionando sobre el ejercicio profesional de la que, muy posiblemente, sea la ocupación más hermosa del mundo: la medicina, siempre en la encrucijada donde confluyen vocación, ciencia, negocio, arte sanatoria, filantropía, humanidad, tradición, innovación, poder, entrega, técnica, envidias, altruismo, orgullo desmedido, generosidad, ego y humor (del bueno).

Definitivo: Con-ciencia médica debe ser una lectura obligada en todas las escuelas de medicina. Reformulemos un viejo dicho: “La ética médica con cómics entra”.

 

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