Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Una de las primeras indicaciones de la Reforma Educativa para docentes, directores, supervisores y personal de apoyo técnico, fue realizar estudios del contexto social, económico y cultural, de las familias de donde proceden los alumnos de las escuelas; así como diagnosticar el desarrollo (físico, psicológico y emocional) de los educandos; con el fin de ajustar el proceso enseñanza- aprendizaje a las condiciones familiares detectadas y a las características y necesidades de los estudiantes. Punto de partida para la mejora educativa.

Pocos docentes han realizado las investigaciones señaladas; los cuales se han dado cuenta (con los datos obtenidos) que los alumnos son diversos en lo sociocultural y económico; así como en sus capacidades, emociones y aspiraciones individuales; por tanto no se les puede enseñar a todos por igual, pues requieren atenciones diferenciadas, estrategias y recursos diferentes, así como distintos ritmos de aprendizaje. De la gran cantidad de datos reveladores que estos maestros disponen, tan sólo se mencionarán casos específicos de dos grupos de secundaria, a manera de ejemplo: en un grupo de 34 alumnos, 11 de éstos manifiestan total apatía a los estudios y reprueban todas las asignaturas. Ante estos hechos, la maestra de Formación Cívica y Ética dialoga, profesionalmente, con cada uno de ellos para detectar las causas de su apatía. Después de varias pláticas, ella descubre que estos 11 alumnos se drogan; pero el problema es aún mayor cuando 7 de ellos revelan que iniciaron drogándose en sus propias casas, porque sus papás consumen droga. Los 4 restantes se drogan con los amigos. Conociendo la situación, la maestra, con apoyo de la psicóloga y la trabajadora social, atiende estos casos en forma individual y habla constantemente con los respectivos familiares de los alumnos, y entre todos tratan de alejarlos de las drogas. Hay avances significativos con 8 de estos alumnos, pues ya evitan drogarse y en las últimas evaluaciones, por los apoyos adicionales que les brindan, ya obtuvieron algunos seises y sietes de calificación; en cambio con los otros tres hay serias dificultades porque sus padres se niegan a intervenir y porque, además, los ponen a vender droga. En otra escuela hay un grupo con 32 alumnos; 9 de éstos faltan de manera recurrente y están reprobados. El maestro asesor del grupo, después de analizar la situación económica, cultural y social, de los 9 educandos; se da a la tarea de entrevistar a cada uno de éstos; y para verificar la hipótesis que infiere de las entrevistas, en sus horas libres se traslada al Centro Agropecuario y en ese lugar encuentra a 5 de estos alumnos faltistas descargando de los camiones costales de los productos que allí se venden y otros dos llevando lo comprado a vehículos de señoras. Terminadas las descargas, a los muchachos les dan algunos pesos y a los otros les dan propina. A cierta hora, se vuelven a poner el uniforme escolar para regresar a sus casas. El dinero recabado no es para sus hogares, sino para la compra de celulares o algún otro artículo del gusto de los jovencitos. Los padres no saben las andanzas de sus hijos. El maestro habla nuevamente con cada uno de ellos, antes de hablar con sus padres. Los alumnos se comprometen ya no faltar a clases, pero que no les digan a sus papás, por el momento, de sus pintas; que ellos les dirán el motivo de sus escapes de la escuela, pero hasta que se regularicen en sus estudios. A estas alturas, ya se van recuperando en las calificaciones. Se espera que próximamente hablen con sus papás. De esto está pendiente el maestro.

Siempre hay motivos por los que los alumnos reprueban o faltan a clases; pero se necesita saber lo que les pasa, lo que sienten, lo que necesitan, lo que desean; y también se necesita conocer la situación de sus familias, el lugar donde viven y con quiénes conviven, para comprenderlos y poderlos ayudar, cuando sea necesario, en la superación de sus problemas. Desde luego, también se requieren buenos maestros.