José Luis Gómez Serrano

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Cada vez que hay elecciones miro con inquietud el panorama político, no sea un milagro y tengamos a San Francisco de Asís como candidato a diputado en mi pueblo. Pero no sucede así, los candidatos no me inspiran ninguna confianza, sus slogans me causan revoltura de estómago y lo mismo que un capitalino está atento a las marchas para evitar circular por ahí, yo estoy atento a las esquinas invadidas por banderas de cualquier color para no tener que decir que no, que me molesta traer calcomanías pegadas a mi coche.

Con los años ha aumentado el nivel de violencia verbal entre los candidatos y de abusos de otro tipo, como el tipo ese que le levantó la falda a una muchacha durante un baile y que ahora compite (u ocupa) por un puesto. ¿Qué puedo hacer yo, cuando en el mismo video se ve que la muchacha a la que le levantaron la falda sigue bailando con él y sonriendo? Tal para cual, esos son nuestros gobernantes y ese es nuestro pueblo.

Pero hay un asunto que como ciudadano me preocupa, y es el dinero que se reparte a los partidos. Con la idea de formarme un criterio, estudié un poco las leyes y descubrí que la Constitución, en su artículo 41, tiene una fórmula para asignar dinero a los partidos:

El financiamiento público para el sostenimiento de sus actividades ordinarias permanentes se fijará anualmente, multiplicando el número total de ciudadanos inscritos en el padrón electoral por el sesenta y cinco por ciento del salario mínimo diario vigente para el Distrito Federal.

En este momento habrá alrededor de 90 millones registrados en el INE, el salario mínimo en el DF es $70.10, y por lo tanto cada año les dan a los partidos 90 millones X $45.565 = $4,100 millones. El año que se elige presidente o senadores o diputados federales, se da un 50% más; cuando nada más hay elecciones de diputados federales, se da un 30% más. En 2015 es $4,100 + 30% = $5,330 millones.

La forma de repartir es clara: se da a los PARTIDOS POLÍTICOS QUE MANTENGAN SU REGISTRO DESPUÉS DE CADA ELECCIÓN. Esto significa que los partidos más grandes, como PRI, PAN y PRD, tienen garantizada su permanencia, el problema es para los partidos que están en riesgo de perder el registro, es decir que no alcancen el 3% de la votación. En este caso desaparecen del mapa y ya no les toca dinero; los perdedores son los partidos desaparecidos, y los ganadores son los partidos que quedan, PORQUE ES EL MISMO DINERO REPARTIDO ENTRE MENOS PARTIDOS.

De una manera sorprendente e incomprensible para mí, la ley no toma en cuenta ni el abstencionismo ni los votos nulos. No los toma en cuenta ni para validar una elección ni repartir el dinero. La ley no les dice a los partidos “ya que no fueron capaces de convocar más que al 55% de la población en esta elección, entonces les toca nada más el 55% del presupuesto original”. Por el contrario, el criterio para conservar el registro es “contar al menos con el 3% de la votación válida”, lo que significa que si hubiera un abstencionismo del 70% y un voto nulo del 20%, con el 10% restante de votos válidos basta para: 1) validar la elección, 2) repartir el dinero y los puestos entre los partidos que conserven su registro, 3) eliminar a los partidos que no alcancen el 3% del voto válido, en este caso el 0.3% del padrón electoral.

En otras palabras, a la ley no le importa si usted no vota o anula su voto, ya que no hay sanción ni para el ciudadano ni para el partido por abstencionismo ni por voto nulo. Si nada más votan los del voto duro de los partidos grandes, con eso sería suficiente para que la elección fuera válida y el botín repartido. No hay condiciones mínimas de voto para validar una elección, lo que es absurdo: si cerca del 50% de los votantes no vota, significa que no les interesa la votación, que los candidatos no convencieron, que los partidos políticos no fueron capaces de crear una oferta atractiva para llevar al pueblo a las casillas, o simplemente que el pueblo está cansado de este circo. Pero eso no importa, la elección es válida con los incondicionales, y el reparto también.

Por lo tanto, los partidos grandes no están preocupados del abstencionismo ni del voto nulo; es más, por lo que a ellos respecta, que haya mucho abstencionismo y mucho voto nulo, porque esto significa que los partidos chicos, aquellos que están en riesgo de perder su registro, lo perderán y entonces el botín será completamente para los partidos grandes, y eso es todo lo que les importa: mantenerse vivos como partidos para poder aspirar a puestos y a dinero.

¿Qué hacer? Sugiero votar por los partidos chicos, aquellos que se están creando y que podrían representar una verdadera opción para el ciudadano. Si conseguimos en esta votación que uno de ellos, digamos el Partido Humanista, conserve su registro, esto significa que el PH entrará al reparto del dinero y de puestos, lo único que realmente les importa a los partidos. Eso sí le dolerá al PRI, al PAN y al PRD, les tocará menos dinero. Si no votamos o anulamos nuestro voto, mejor para los partidos grandes.

Además tenemos otra razón: en cualquier área la competencia es buena. Los partidos chicos tienen que hacer un esfuerzo extra para ganarse la simpatía del electorado, al revés de los partidos grandes, que tienen cuando menos treinta años haciendo promesas, disfrutando de puestos, robando y olvidando promesas, y que cuentan con una amplia base de voto duro. Vote por alguno de los partidos chicos; si no vota o si anula su voto, es lo mismo que regalarlo a los partidos grandes.

Agradezco a Rodrigo que me haya señalado mi inconsistencia en mi artículo anterior sobre el tema (El arte de crear puestos innecesarios), cuando me proporcionó la liga a algunos sitios que tocan el tema del abstencionismo y del voto nulo: https://www.youtube.com/watch?v=1CUmtkpq0Dc&feature=youtu.be https://www.youtube.com/watch?v=L-Da5Vw96Jc

La última liga es un trabajo de Rius, un ícono de la cultura mexicana… en la voz de un español. Bendito sea Dios…14.5.2015