Espacios con calidez humana

Por J. Jesús López García 

La percepción en general, y particularmente en arquitectura, está fuertemente condicionada por la vista, lo que acota de manera importante, y en algunas ocasiones de forma parcial, la participación de los otros sentidos en la experimentación cotidiana del contexto que nos rodea. Esto que es ampliamente tratado en libros como Los ojos de la piel. La arquitectura y los sentidos del finlandés Juhani Pallasmaa, lo vivimos de manera continua a veces sin darnos cuenta que ese edificio, conjunto, bloque o espacio que se mira acertadamente, se siente muy caliente o muy frío, su aroma no es lo mejor, las superficies al caminar provocan desequilibrio o su tacto es áspero, el ruido que se reproduce ahí es molesto, y así una serie de características que se omiten porque <<se ve bien>> lo que a la postre ante la vivencia cotidiana también termina por ser pasado por alto ante la dificultad, que inicialmente pareciese pasajera de habitar un lugar con tantos factores adversos a la permanencia sana en él.

Todo lo expresado tiene que ver con la funcionalidad del espacio, pero más que eso, y no es demasiado evidente, tiene que ver con su capacidad de suscitar o evocar vivencias enriquecedoras a la experiencia humana. Esto es resultado de una mezcla de peculiaridades, situaciones y circunstancias en donde incluso el azar interviene, que dan por resultado sitios en que cada persona puede encontrar algo especial.

Para comprender esa presunta magia debe procurarse una apertura sensitiva y un conocimiento de los factores que han participado en su creación. Con estos dos elementos la experiencia puede intensificarse notablemente. Sin el conocimiento la pirámide de Keops en Egipto o su reproducción en Las Vegas en Estados Unidos de Norteamérica, tenderían a evocar lo mismo: nada, cuando obviamente los más de cuatro mil años del monumento primigenio, con su función original como sitio de descanso para un antiguo faraón entronizado como una deidad, presentando un hermético edificio frente al que han desfilado por sus acompañantes arenas del desierto siglos y siglos de Historia y personajes como posiblemente el bíblico Moisés, o el beligerante Napoleón, le hacen muy superior a su pasajera réplica estadounidense.

Pues bien, añádase a la fórmula el ingrediente de lo que es bueno para la calistenia intelectual, así como lo que es para la satisfacción de los sentidos y tenemos espacios de sustancial impacto emocional, o en su defecto, calidez humana.

En múltiples ocasiones existen múltiples espacios que pasan desapercibidos, tal es el caso notable del elemento arquitectónico que se encuentra en el segundo patio de una antigua casona en la calle Venustiano Carranza No. 115, con una escalera Sui géneris desplantada de modo semi helicoidal con un esplendido arco trilobulado, concediendo a la pieza un aire de cierto manierismo, con gestos formales hasta cierto punto gratuitos pero que sirven para crear un espacio con formas arquitectónicas gratamente inesperadas a la manera de Miguel Ángel en su elegante escalera de tres rampas realizadas para la Biblioteca Mediceo Laurenziana en Florencia, Italia.

Al poniente de ese patio se aprecia el coronamiento de la torre del templo de Nuestra Señora del Rosario – La Merced-, que sustituyó al original barroco derribado presumiblemente por un rayo en el siglo XIX. El <<nuevo remate>> neogótico se presenta además por la tarde superpuesto al lienzo de los colores y la luz del atardecer, lo que al conjunto le da un aire tranquilo, agradable para ver pero también para permanecer un momento alejado del ruido de la calle, escuchando los ecos del patio, al abrigo del viento en invierno y en verano disfrutando del estar al aire libre.

Hoy en día, vivimos en un tiempo en que la imagen tiene una prevalencia casi absoluta, su reproductibilidad asimismo la hace omnipresente, uno de los efectos de ello, es el de fantasear que podemos tener el don de la ubicuidad virtual, más ello no nos ofrece una experiencia completa del lugar que pretendemos conocer sólo con el ver una representación. Al final la captura fotográfica o una grabación en vídeo enmarca o encuadra un objetivo preciso descartando aquello que si bien lo rodea, se considera prescindible. La indiferencia resultante al contexto acota, cuando no anula, la posibilidad de interpretaciones distintas y diversas: el impulso o el favorecer una experiencia.

Saber ver la arquitectura es importante, sin embargo recorrerla, <<sentirla>> a través del oído y el tacto puede también acompañar al placer intelectual del conocimiento para apreciar más un espacio; apropiarse de él para disfrutarlo, deleitarse y por supuesto, dar alegría al espíritu. Con ello iremos conceptualizando un esquema personal de espacios en que han ocurrido acontecimientos en nuestra vida; sucesos que pueden ser de importancia vital para nosotros y nuestra comunidad, o tan sencillas como aquella tarde de verano en que en ese patio, el cielo en el crepúsculo se observó violeta y dorado, se sintió una agradable brisa y la pasamos muy bien.

Sin duda alguna, el ejemplo expuesto es uno de los vastos edificios, fincas, sitios, lugares, en fin, espacios que Aguascalientes aún conserva y los cuales, con sólo desearlo, ¡¡¡podemos disfrutar!!!