Pocas veces se puede atestiguar un desastre tan completo en pantalla grande donde todos los elementos conspiran para asegurarse que el filme no funcione, incluyendo aquellos que sí lo hacen, pues lo más logrado en esta nueva adaptación del cómic al cine es su reparto, quienes transforman grotescas caricaturas antiheróicas en personajes grotescamente entrañables en busca de un guión coherente, dejando ver lo que pudo ser en una producción más controlada y creativamente emancipada, así que la experiencia se deforma de entretenimiento a frustración y molestia por todas las oportunidades perdidas que se despliegan ante nuestros irritados ojos.

Quienes hayan visto “Doce del Patíbulo” (Aldrich, E.U., 1967) no encontrarán distante la premisa: la agente gubernamental Amanda Waller (Viola Davis), mujer fría, despiadada, calculadora y letal, posee la habilidad de convencer a cualquiera de someterse a sus designios, y pretende aplicarla mediante una idea que, si lo pensamos bien, es una reverenda idiotez: conjuntar a un grupo de maleantes superpoderosos o con habilidades sobrehumanas para obligarlos a ejecutar misiones que ningún militar o superhéroe accedería. En vez de buscar metahumanos psicológica y moralmente más estables o de naturaleza accesible, acuden a una prisión para liberar a un grupo de desequilibrados y forzarlos a trabajar para el gobierno insertándoles una microbomba en el cuello so pena de detonarla si se niegan / tratan de huir. Los involucrados son: Deadshot (Will Smith), un asesino infalible capaz de manejar cualquier arma pero amoroso padre de su pequeña hija y que cumple condena al ser capturado por Batman (Ben Affleck); Harley Quinn (Margot Robbie), otrora amante del Guasón (Jared Leto) que rebosa sex appeal a la vez que gusta de golpear cosas y personas con su bate; el monstruoso Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje), un hombre afectado por una ambigua enfermedad que lo ha mutado a un ser con apariencia de lagarto bípedo; El Diablo (Jay Hernández), un piroquinético cholo con el potencial de hacer arder cuadras enteras y probablemente el miembro más poderoso del grupo; un asesino australiano llamado Capitán Búmeran (Jai Courtney), enemigo de Flash (Ezra Miller) y diestro con…bueno, con los búmerans (qué lejos estamos de la Era de Plata cuando todo esto sonaba más coherente); un demente llamado Slipknot (Adam Beach) y una bruja llamada Encantadora (Cara Delevigne), la cual tiene su propia agenda, todos supervisados por Rick Flag (Joel Kinnaman), experto soldado que se asiste de la misteriosa y algo mística artemarcialista Katana (Karen Fukuhara), capaz de capturar almas en su espada mágica. Sin embargo Encantadora, quien se nos revela como un ser milenario aprisionada por Waller mediante una roca sobrenatural, logra liberarse del mando gubernamental y pretende reunirse con su hermano, también atrapado por medios mágicos, para castigar al mundo por eones de confinamiento. Ambos comienzan apoderándose de Midway City y transformando a sus habitantes en una suerte de gólems rocosos, por lo que el Escuadrón Suicida (conocido oficialmente como Grupo de Tareas X) deberá contenerlos, todo mientras el Guasón pretende recuperar a su amada Harley.

El desastre mencionado al inicio de este texto yace no en las descabelladas situaciones, los extravagantes personajes y la renuncia absoluta de la credibilidad por parte del espectador para asumir que estos personajes pueden coexistir en un universo donde la magia, la violencia a punta de armas de fuego y los chistes malos (abundantes, por cierto) se presentan como una experiencia cotidiana, sino en un guión que se resiste a formalizar y estructurar su narrativa mediante una exposición incoherente, excesiva y algo anacrónica de la historia, abusando de la analepsia y mostrando todo como un rompecabezas demencial al que a la audiencia se le impone la tediosa tarea de armar, aún si éste no tiene sentido o un mínimo de interés, pues los personajes nunca abandonan su condición arquetípica a pesar de los nobles esfuerzos del reparto por tratar de dimensionarlos, mientras que el montaje se presenta como una oda a los barbarismos visuales que plagaron a la generación MTV en los 90’s. Una tormenta perfecta de imperfección que da como resultado un desatino que exaspera por su poca profundidad y confunde ante lo mucho que exige del espectador en cuanto a disposición y verosimilitud. Lo sé, es una adaptación de un cómic, pero incluso “Los Vengadores” (Whedon, E.U., 2012) pudo sacar adelante su combinación de magia, superhéroes y destrucción masiva con mayor convicción, tal vez porque no se avergonzaba de ser una adaptación, mientras “Escuadrón Suicida” oculta la mirada cada vez que Harley Quinn pretende derrotar a un monstruo con un bate o introduce al Guasón con un calzador narrativo que, aún si lo muestra como el desquiciado que se expone en su contraparte impresa, jamás identificamos algún aspecto del personaje que lo haga interesante o valioso para la trama (aunque Leto sobreactúa a tal grado que pasará a la historia como uno de esos histrionismo skitch que forjan culto). Con esta cinta, queda claro que tanto Warner Bros como DC Comics necesitan reconfigurar su visión sobre lo que una adaptación de cómic es y tratar de salvar lo que queda para el año entrante, cuando la nueva oleada de personajes continúa su ahora dudosa senda hacia la taquilla.

Correo. Corte-yqueda@hotmail.com