Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

La semana pasada (el 15 de Octubre para ser preciso) se reunieron las autoridades educativas centrales y estatales en la Ciudad de México con el propósito de analizar los avances en relación con la evaluación del desempeño docente que se realiza en todo el país. En el evento estuvieron presentes subsecretarios y directores generales de la Secretaría de Educación Pública (SEP); funcionarios del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE); responsables de la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente (CNSPD); y titulares de educación en los estados.
Para entender el grado de avance, sobre el tema central de la reunión, conviene recordar que las autoridades centrales programaron evaluar a 150 mil docentes, de todo el país, entre Julio y Noviembre de 2015. Estos maestros laboran en poco más de 20 mil escuelas de educación básica y media superior. De acuerdo con lo establecido, cada uno de los 150 mil docentes debe sujetarse a cuatro etapas en su evaluación: la primera consiste en un informe sobre el cumplimiento individual de responsabilidades profesionales que rinde el director de escuela; la segunda es para que cada docente envíe a la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docentes, vía internet, evidencias de su desempeño pedagógico en el desarrollo de las clases. Y para cumplir con estos requerimientos, de las dos primeras etapas, se fijó un período comprendido entre el primero de Julio al 15 de Agosto, pasados; pero por problemas de diversa índole, la fecha se amplió hasta el 31 de Octubre en curso. Ahora bien, con el fin de hacer un balance de cómo van las cosas en estas dos primeras fases de la evaluación, aún en proceso, se hizo un corte de los movimientos el 3 de Octubre para poder presentar datos cuantitativos en la referida reunión de autoridades, siendo éstos los siguientes: de los 20 mil directores aproximadamente, de otras tantas escuelas, y de los 150 mil docentes que debían enviar evidencias pedagógicas únicamente han cumplido con lo indicado el 38 %; el resto falta de enviar los informes y las evidencias académicas. Ante este orden de cosas, las autoridades se preguntaron en la plenaria: “¿Qué hacemos con los que faltan de cumplir con la primera y segunda etapas, y que constituyen la inmensa mayoría?”. Ni las autoridades centrales, ni las estatales supieron dar respuestas o soluciones a la problemática presentada, pues la situación es complicada y compleja; pero, sobre todo, porque casi nadie tiene el pulso de lo que realmente está sucediendo en los distintos rincones del territorio nacional. Las autoridades centrales se han concretado en enviar indicaciones vía internet a cada maestro y suponen, desde sus cubículos, que todos los maestros de México están acatando, al pie de la letra, esas indicaciones; y las autoridades estatales, por su parte, no se han involucrado en estos procesos de la evaluación, pues es sabido que en todas las entidades federativas han dejado a los maestros que, por sí solos, superen los obstáculos que han estado enfrentando tanto de orden pedagógico como de la tecnología. De esta forma, ni las autoridades centrales, ni las autoridades locales, se dan cuenta de esos problemas; y ahí están las consecuencias: la gran mayoría de los directores y de los docentes, del primer grupo a evaluar, no han podido cumplir con lo señalado; no porque no quieran ser evaluados, sino porque hay una serie de problemas que les impiden cumplir, en tiempo y forma, con las indicaciones centrales. Y no se está hablando de los maestros de Oaxaca, de Guerrero y de Michoacán; sino de los maestros de toda la República.
Personas que han tenido interés y han seguido de cerca los procesos de evaluación del desempeño docente, tienen información documentada de los obstáculos que los maestros enfrentan, los cuales frenan sus esfuerzos en los procesos de la evaluación. Como estas dificultades son tantas y de diversa naturaleza, por cuestiones de espacio es preferible aprovechar otro momento para comentarlas y sugerir algunas posibles soluciones con miras de contribuir al mejoramiento de la Reforma y, más específicamente, en la calidad de la educación. Mientras tanto, es deseable que las autoridades centrales y las autoridades locales encuentren fórmulas para resolver, cuanto antes, los retos que tienen enfrente; pues están a un mes la tercera y la cuarta etapas de la evaluación y para entonces deben estar concluidas la primera y segunda etapas; de lo contrario, habrá traslapes y un verdadero desorden en la evaluación docente. Y que conste, apenas se está evaluando a 150 mil maestros; ¿qué pasará cuando se evalúe a los que faltan que suman más de un millón 300 mil?
Es lamentable que las autoridades educativas no hayan previsto los problemas que implica evaluar a miles de docentes; pero es más lamentable que hoy estén enfrascadas en lo cuantitativo y que estén dejando a un lado lo cualitativo, que es lo importante de la Reforma.