Las aguas que actualmente se bombean, incluso a más de 600 metros de profundidad, son aptas para el uso y consumo humano sin que representen riesgos a la salud, afirmó Víctor Manuel Santacruz Montoya, jefe del departamento de Salud Ambiental del ISSEA.

Dijo que dichas aguas, son llamadas “cuaternarias” porque su origen y almacenamiento en los mantos acuíferos datan de aquella era de la prehistoria.

No obstante, a pesar de que a entre más profundidad se extraiga la posibilidad de una mayor presencia de metales pesados es mayor, el monitoreo que el ISSEA realiza de forma constante en cada uno de los 477 pozos que abastecen la red de agua potable en todo el estado, arroja que los componentes no ponen en riesgo la salud dado que cumplen con la normatividad aplicable, concretamente la Norma Oficial Mexicana número 127 que vigila y establece los rangos máximos de presencia de metales y sustancias peligrosas como el arsénico.

El pasado mes de diciembre, un reportaje de El Universal señalaba que, de acuerdo con un estudio realizado en 2015 por el Centro de Geociencias (CGeo) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “la concentración de arsénico y fluoruro en el acuífero Lerma-Chapala se duplicó en los últimos 14 años, y una condición semejante de contaminación ya se encuentra en proceso en aguas subterráneas de seis estados más: Querétaro, San Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatecas, Durango y Sinaloa. Todos presentan la misma problemática en mayor o menor grado y tiende a agudizarse”.

El responsable del Laboratorio Móvil de Rastreo de Contaminantes en el Subsuelo del CGeo, doctor Marcos Adrián Ortega Guerrero dijo también en aquella ocasión a El Universal que “el arsénico está generando problemas de cáncer en la población. El fluoruro, en este proceso de 15 años, ha pasado de ser un problema de fluorosis dental y daño esquelético (…) a ser asociado con daño a los neurotransmisores; es decir, daña la comunicación entre neuronas, reduce el coeficiente intelectual entre 40% y 50%, los niños dejan de aprender de manera irreversible”.

En contraparte Santacruz Montoya señaló que en aquellos pozos en donde se ha detectado presencia de arsénico que rebasa la norma oficial, han sido colocados filtros especiales para dar la calidad requerida, y en ninguno de los 477 pozos se ha detectado otro tipo de sustancias nocivas para la salud del hombre como plomo u otros metales pesados.

En cuanto a la calidad bacteriológica del agua potable de Aguascalientes, informó que el ISSEA en conjunto con la autoridad federal en la materia mantiene una estricta vigilancia sobre los organismos operadores del sistema de agua potable en los municipios, y está permanentemente verificando la calidad, con atención especial en los niveles de cloración a la que es sometida antes de su distribución en la red.

“Hasta ahora no hemos encontrado anormalidades”, puntualizó.

Sin embargo, dijo que a pesar de que a las tomas domiciliarias llega el agua con estándares de calidad, en los propios domicilios puede llegar a perder sus características de salubridad, debido principalmente a que en algunas viviendas no tienen el hábito de mantener constantemente desinfectados los depósitos de agua, propiciando el desarrollo de bacterias que pueden ser nocivas a la salud.

Dijo que se han hecho revisiones de tinacos y aljibes, encontrando que sus condiciones no son aptas para el depósito de agua potable, de ahí que se lleven campañas para realizar limpieza periódica a estos depósitos para evitar el desarrollo de enfermedades.

“Hay tinacos sin tapa, por ejemplo, dejando a la intemperie el agua que las familias consumen, y ello es uno de los más grandes riesgos que se corren, porque en los depósitos se cultivan bacterias que luego desarrollan enfermedades gastrointestinales, pero ello no es imputable a los operadores del servicio sino a las propias familias”, explicó.

Finalmente, el funcionario hizo un llamado a que en casa, sus moradores realicen por lo menos dos veces al año la desinfección de aljibes y tinacos así como cualquier otro depósito de agua que utilicen, a fin de evitar el desarrollo de enfermedades ligadas al uso del agua potable.