Por Jesús Álvarez Gutiérrez

ciudad-vivaEs un hecho que la economía mundial ha entrado en una larga fase de estancamiento con baja inflación (deflación), a pesar de que los bancos centrales de los países desarrollados han llevado sus tasas de interés casi a cero. En Europa y Japón les cobran a los ahorradores por guardar su dinero, con la esperanza (fallida) de motivar un mayor gasto en consumo e inversión que dispare el crecimiento.

Entre los expertos encontramos explicaciones muy variadas y hasta contradictorias. La mayoría denuncia la alta concentración del ingreso como el principal freno al crecimiento. Sin embargo, pongo a su consideración otras dos hipótesis interesantes:

La primera, promovida por el norteamericano Robert J. Gordon, señala que la reciente desaceleración se debe a la ausencia de innovación verdadera. Gordon dice que no se puede confundir la actual pirotecnia digital con la innovación. Los avances en las tecnologías de la información y la comunicación son aparatosos, pero no producen una significativa mejoría en la calidad de vida de las personas como sucedió con los inventos anteriores. Innovaciones trascendentes fueron la electricidad, el motor de combustión interna, la transmisión de ondas de radio, la energía nuclear, las computadoras o los antibióticos. De 1870 a 1970 se urbanizó la población, se electrificaron las ciudades, y los hogares se volvieron confortables gracias al calentador, el refrigerador, la lavadora, el radio, el teléfono, la televisión, entre otros. Esta ola de mega-innovaciones concluyó con la llegada del hombre a la luna. Gordon –profesor de Economía de la Universidad Northwestern y uno de los principales expertos del mundo sobre inflación, desempleo y crecimiento económico a largo plazo– advierte que “por falta de innovaciones semejantes, la generación actual tendrá un nivel de vida inferior al de sus padres, que a su vez no pudieron superar al de sus progenitores”.

La segunda hipótesis, expuesta por el también norteamericano Jeremy Rifkin, economista y sociólogo, explica el estancamiento económico de una forma completamente diferente. Rifkin señala que con el advenimiento de la economía digital, la producción por impresión 3D, la robotización y la comunicación tecnológica actual (big data, internet of things), algunas industrias consiguen reducir a cero sus costos marginales de producción, lo que tiene enormes implicaciones. Si una empresa tiene costos marginales cero, sus precios de venta pueden disminuir indefinidamente. Rifkin denuncia que esto, en lugar de convertirse en un acelerador exponencial de la productividad, ha permitido a las empresas más poderosas obstaculizar la entrada de nuevos jugadores a su mercado. Es el control monopólico de la innovación tecnológica, y no la falta de innovación, lo que atasca el crecimiento, dado que el capital no puede moverse libremente hacia inversiones rentables nuevas, dice este profesor de la Escuela Wharton de Finanzas y Comercio, y presidente de la Foundation on Economic Trends.

Para reactivar la economía, los expertos proponen impulsar la generación de verdadera innovación, asegurar la apertura de todos los mercados y, sobre todo, redistribuir la riqueza mundial con tres medidas consideradas agresivas: primero, incrementos salariales generalizados; segundo, impuestos a la herencia y, tercero, repartición de dinero desde el “helicóptero”, metáfora que explico más adelante.

En cuanto al tema salarial, algunos estados líderes de la Unión Americana, como California y Nueva York, así como varios países europeos, han decretado recientemente incrementos muy significativos al salario mínimo. México debe explorar este camino para reponer a la brevedad una parte del 80 por ciento perdido en el poder de compra de nuestro salario mínimo en las últimas tres décadas.

Otra propuesta interesante, expuesta últimamente por la especialista Viridiana Ríos, tiene que ver con establecer un impuesto progresivo a partir del 20 por ciento, a toda persona que herede más de un millón de dólares, lo que afectaría a menos de 1 de cada cien mexicanos. El ingreso fiscal por este concepto sería suficiente para sacar de la pobreza extrema a los 11 millones de mexicanos, otorgando a cada uno una transferencia directa adicional a sus ingresos actuales, de 12 mil pesos por año. Es fácil anticipar una fuerte resistencia de los afectados que, aunque son pocos, pertenecen a la élite político-económica que controla la toma de decisiones en el país.

Finalmente, Ben Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal, citando a Milton Friedman, sugirió en un artículo publicado recientemente por el Instituto Brookings, un atrevido estímulo fiscal que se conoce como “dinero helicóptero”. En una situación de aletargamiento crónico como el que se padece hoy día, el banco central debería imprimir fajos de billetes (sin endeudarse) y distribuirlos directamente, desde un “helicóptero”, a las capas de la población más depauperadas, con el fin de que éstas se apresuren a gastarlo en consumo disparando el mercado interno.

Esto no generaría inflación porque es evidente que hay inventarios y capacidad productiva ociosa. Si Milton Friedman, Ben Bernanke y el Instituto Brookings (¡símbolos del neoliberalismo norteamericano!) han llegado a este tipo de sugerencias extremas, ¿por qué a los mexicanos nos cuesta tanto trabajo entenderlo?

jesusalvarezgtz@gmail.com

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