¿Es necesaria una armonización ideológica en la política?

Itzel Vargas Rodríguez

El 2016 será un año de pelea descarnada en las urnas, donde los contrincantes y aspirantes al poder, quemarán todas sus cartas para lograr el cometido más anhelado: alcanzar el poder. Ya se huele desde hoy, la última noche del 2015 y por ende la más vieja. Sólo basta con pasearse por las principales avenidas y advertir los inocentes espectaculares de personajes que en distintos medios, han levantado la mano para aspirar a distintos cargos públicos, y la presencia que ya se siente fuertemente en las distintas redes sociales.

La justa se dará como definía Carl Schmitt a la política: un enfrentamiento entre amigos y enemigos. Y es ahí, donde los distintos bandos han de utilizar sus mejores estrategias para conquistar al público.

Un libro antiquísimo, pero excepcionalmente atinado, “El Arte de la Guerra” de SunTzu, nos muestra una serie de tácticas que hasta la fecha son profundamente estudiadas en las aulas sobre ciencia política o derecho, y es que la práctica política sigue siendo per se, una labor de guerra en la que el poder se ejerce tanto horizontal y verticalmente.

Tenemos por ejemplo, la forma en como los partidos políticos tienen previo a elecciones dos luchas a muerte, una interna en el mismo partido para consolidar un candidato, y la segunda, que es la justa en la elección política con los contrincantes de otros partidos.

Pero ese tipo de poder táctico, aplicado tal cual si fuera una guerra, debe tejer alianzas con la ciudadanía, de modo que pueda servir de consolidación a futuro. Porque la imposición del poder coercitivo, luego genera mucho descontento social, y es entonces cuando se necesitan aplicar otras técnicas persuasivas.

Es aquí, cuando podemos mencionar un tipo de poder que se ha consolidado con el tiempo en un elemento idóneo de la política: el poder ideológico.

Tenemos por ejemplo, el antecedente de la forma en cómo se han masificado las religiones en el mundo, mediante creencias basadas en ideales específicos. Esa ideología, esparcida por ejemplo en la Iglesia católica mediante los sacerdotes, permite la consolidación de la misma institución a través del tiempo, dándole legitimidad.

¿Qué sucede pues en el entorno político? Nos podríamos remontar al origen mismo de las escuelas de oratoria en la Grecia antigua, en la que se pretendía ofrecer ideales filosóficos profundos a modo de persuasión social.

Algo parecido ocurre en la política. Es necesario el enamoramiento social hacia las acciones de la práctica política o gubernamental, pero sobre todo, la atracción hacia los ideales o ideas de transformación social que se propongan. Pero para ello, idóneamente debiera existir una congruencia entre la praxis y la poiesis, es decir, entre la práctica social y el discurso ideológico. Y he ahí donde encontramos una enorme fractura.

Pareciera que desde hace tiempo en la política y sobre todo los partidos, se dejó un poco de lado la práctica de los propios estatutos ideológicos y se cambiaron las técnicas de persuasión, por unas que vendieran más al personaje carismático, atractivo o popular, aunado a las técnicas tradicionales de propaganda electoral, para dejar entonces atrás, la motivación por incentivar el pensamiento racional sobre los intereses colectivos y la práctica política ética, basada precisamente en ideologías bien estructuradas y planteadas.

Pero así como la gravedad es la fuerza más potente que hay, hemos visto que la política actual se ha derrumbado en parte por la mucha superficialidad con la que se han gestionado los problemas sociales, que son tan grandes, diversos y complejos. Y aunado al ya tan grande descontento popular que se plasma en la poca participación electoral en los días de votación y la poca credibilidad que existe hacia la política, se nota clara la necesidad de una aplicación ideológica que conecte con la ideología aspiracional de las mayorías y justo en ese punto, la comunicación política se coloca como un pilar elemental para consolidar liderazgos.

Y es que es urgente una reconquista social, la emisión de una canción que nos vuelva a motivar y enamorar de la política y que nos despierte ideales comunes.

Ya veremos quién nos canta mejor al oído. Mientras tanto, que tenga usted un excelente inicio de año, cargado de éxitos personales.

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