Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Al inicio del presente ciclo escolar (2015-2016), maestros experimentados comentaron que el concurso de oposición para seleccionar, entre docentes, a directores y supervisores que hacían falta en las escuelas tenía ventajas, pero que también se podía incurrir en el riesgo de elegir a teóricos, sin habilidades directivas, lo que generaría dificultades en el buen funcionamiento de los planteles. En aquel momento se reconoció que el examen de oposición, o de promoción como también se le llamó, tenía la virtud de seleccionar a maestras y maestros con mayores conocimientos (teóricos) sobre contenidos de las asignaturas, de la pedagogía y de la didáctica (elementos propios para un docente frente a grupo); sin embargo, no hubo manera, o se soslayó deliberadamente, la detección de habilidades y destrezas necesarias sobre el manejo administrativo de la escuela, la gestión educativa que se requiere para promover aprendizajes relevantes en los educandos, el trato adecuado y pertinente hacia los compañeros en asuntos laborales, la pericia que favorece el trabajo colaborativo, la experiencia para vincular a la escuela con los padres de familia en actividades educativas; en fin, no hubo énfasis en la detección de liderazgos para dirigir una institución, o una zona escolar. En tal virtud y con el fin de subsanar estas debilidades, con oportunidad se hicieron diversas sugerencias de capacitación para los directores y supervisores seleccionados. Lamentablemente, ni la capacitación ni el acompañamiento fueron posibles para estos directivos, debido a que las autoridades centrales optaron por ocupar todo su tiempo en la evaluación para la permanencia de los docentes, dejando que los directores y supervisores, recién nombrados, desempeñaran sus funciones como pudieran.
A estas alturas del ciclo escolar, ya se tienen los primeros resultados, no muy alentadores por cierto, pues de cada diez docentes designados como directivos (por examen de oposición) siete de ellos tienen problemas en sus respectivas escuelas o zonas, según el caso. Los principales hechos que se están dando son: enfrentamientos con docentes por cuestiones laborales; dificultades para promover el trabajo colaborativo en los planteles; serias limitaciones para implementar y desarrollar proyectos de calidad educativa; desorden en la gestión educativa y en los trámites administrativos; desvinculación con padres de familia y tutores para el desarrollo de actividades educativas; entre otros problemas; provocando con ello, en unas escuelas, estancamientos y, en otras, un franco retroceso. En consecuencia, las escuelas que tienen un directivo designado por examen de oposición, o por promoción, no marcan la diferencia del resto de las instituciones que tienen directivos sin examinación específica.
Esto era predecible, pues, como queda dicho, el examen de oposición tan sólo detecta a quienes tienen conocimientos teóricos; pero no detecta habilidades de gestión, ni administrativas; no descubre liderazgos; no identifica a los que son capaces de propiciar buenas relaciones humanas; no visualiza destrezas en la formulación y operación de proyectos de calidad académica; en pocas palabras, no localiza a los que pueden ser buenos directivos. Y no los puede detectar porque la Secretaría de Educación Pública (SEP) jamás ha formado directores, ni supervisores. Por tanto, no existen directivos formados y, curiosa o irónicamente, ahora los quiere “encontrar” a través de un examen de oposición o de promoción. El sentido común dice que si la SEP quiere buenos directores y buenos supervisores (que son necesarios), los tiene que formar; o, por lo menos, capacitar exhaustivamente a los docentes que selecciona por los puntajes que obtienen en el examen de promoción. ¿Que se requieren recursos, tiempo y esfuerzos? Sí. Como dice el proverbio popular “al que quiere azul celeste, que le cueste”. Los campesinos, para obtener buenas cosechas, tienen que invertir recursos, tiempo y esfuerzos. Las empresas, para obtener productos de calidad, forman y capacitan a sus trabajadores. Los médicos, para estar al día con los avances científicos y tecnológicos en la atención de sus pacientes, tienen que estarse capacitando y actualizando constantemente. ¿Por qué la Secretaría de Educación Pública no forma a sus directivos, que son la columna vertebral del sistema escolar? O, ¿por qué no capacita, por lo menos, a docentes que tienen ciertas cualidades para ser directores o supervisores?
A poco más de tres años de haber iniciado la Reforma Educativa, sería recomendable que las autoridades centrales, con la participación activa de las autoridades locales, hicieran una evaluación intermedia de las acciones que han puesto en marcha; que detectaran los logros y los avances que se tienen hasta la fecha; así como los estancamientos, los desvíos y los retrocesos que existen; para poder fortalecer lo que va bien y reorientar todo lo que sea necesario con el fin de mejorar los servicios educativos, a los cuales tienen derecho los niños, los adolescentes y los jóvenes. Pues, sería una necedad imperdonable seguir haciendo lo mismo aun cuando no esté dando buenos resultados.