Sara Díaz

“Jesús ha llegado con humildad, no le hace falta una corona de rey, tendrá una de espinas sobre su frente. El amor por su pueblo lo ha manifestado en la misericordia”, fueron las palabras que el Obispo de la Diócesis de Aguascalientes, monseñor José María de la Torre Martín, dirigió a la asamblea eucarística para recibir a Jesús victorioso. Luego de su travesía de cuarenta días y cuarenta noches, sumergido en la prueba que su padre le ha encomendado, exponiéndose a la tentación del demonio, no obedeciendo a su divinidad, sino que, se ha rebajado ante los hombres para su salvación, ha entrado a Jerusalén montado en un burro, mostrando así su obediencia.
En la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, se congregaron los fieles para conmemorar el Domingo de Ramos previo a la celebración de la pasión de Cristo. Durante la bendición de los ramos, el Excelentísimo Señor Obispo hizo el ofertorio con el que inicia formalmente la Semana Santa, misma que, dijo, es importante vivirla santamente porque es acompañar a Jesús desde su entrada a Jerusalén hasta su resurrección, es afirmar que Cristo está presente en la eucaristía, así como en el corazón del mortal; es descubrir la imperfección del hombre y buscar el perdón para los pecados cometidos y es también, proponerse seguir sus pasos cada día con la oración y practicando la caridad.
Los fieles ingresaron al templo coreando “Que viva mi Cristo, que viva mi rey, que impere doquiera, triunfante su ley”, agitando los ramos con pasión y alegría. El Evangelio según San Lucas, reveló el padecimiento de Jesús desde su aprehensión hasta su muerte, el momento en que el salvador ha expirado, aquí el pueblo se ha puesto de rodillas, puesto que ha sido crucificado el verdadero rey.
En la homilía, monseñor De la Torre Martín recordó las obras de misericordia que Jesús realizó aun cuando agonizaba: la sanación de los leprosos y enfermos, resucitar a los muertos, consolar a las mujeres de Jerusalén así como el perdón que otorga al ladrón arrepentido, haciéndole la promesa “hoy estarás conmigo en el paraíso”. Pero el más grande acto de misericordia, indicó, es el haber aceptado la muerte, y una muerte de cruz. Con estás muestras de amor, su pueblo, aun con dificultad para emular, debe reflexionar sobre los días venideros, en los cuales se reflejará el sufrimiento de Jesús, mismo que como sus hijos debemos reconocer y meditar.