Entre payasos

Por: Itzel Vargas Rodríguez

Hace algunos meses un misterioso y macabro hallazgo se comenzó a gestar en los Estados Unidos: la aparición de personas vestidas como payasos del terror, que salían de entre bosques o carreteras bien solos o armados con algún machete, hacha o cuchillo y que tenían la misión de perseguir o simplemente asustar a la gente.
El fenómeno ya se extendió y en México han comenzado las apariciones. Las razones del por qué se deba quizá sean simplemente parte de una moda pasajera, justo como hacía un par de años se volvió masiva la moda de los zombies, ahora han llegado los payasos para suplantar una aterradora nueva versión.
Incluso, en varios portales de medios se hablaba de cómo dichos payasos ya habían sido capturados por la policía en México, y otros tantos mencionaban cómo incluso habían sido hasta linchados en el Estado de México. El punto crucial es que es un tema de auge en la sociedad, que mantiene expectación e incertidumbre por la dudosa procedencia y la aún no conocida finalidad detrás del movimiento.
Y permitiendo una curiosa analogía, mientras esta moda se extiende en las calles, también en internet vemos de igual forma ejemplares de payasos que se multiplican en la sociedad.
El domingo pasado aconteció el segundo debate entre los candidatos a la Presidencia de los Estados Unidos. Ahí vimos literalmente una carnicería de acusaciones entre los dos candidatos prácticamente en más de media hora. El principal afectado era Trump, por la filtración de una grabación en la que hablaba vulgarmente de una mujer hacía ya mucho tiempo.
El golpe que le generó a Trump la divulgación de dicha grabación le ha dado un muy duro golpe a la campaña del magnate, quien en sólo días vio como mucha gente se opuso a su candidatura, destacando principalmente miembros de su propio partido. Como ejemplos tenemos a John McCain y el mismísimo Arnold Schwarzenegger, quien fuera gobernador de California por el partido republicano.
De entre los dimes y diretes del debate, destacó una pregunta emitida prácticamente al final, cuando un ciudadano les confrontó a mencionar cualquier positiva del otro candidato. Una pregunta difícil pero que ambos sortearon bien. Clinton refirió una virtud: los hijos de Trump, y este último hizo referencia a la loable constancia de Hillary.
Pero el debate pasó a segundo término porque aspectos prácticamente irrelevantes del debate se volvieron virales en la graciosa forma alternativa y creativa de comunicarse ahora en sociedad: los memes. El instrumento de burla y sátira que logra conectar a miles y millones de personas en tiempo real gracias a la Internet y las redes sociales.
Destacaron por ejemplo dos candidatos tomando el micrófono y hablando al mismo tiempo, sustituidos por una pareja que cantaba a dueto. Y la joya de la corona se la llevó justo un ciudadano participante en el debate llamado Ken Bone. Un estadounidense promedio, que se ganó la atención de la gente por su apariencia: obeso, vestido con un suéter rojo y de apariencia bonachona. Él configuró la representación de un héroe, una persona que destacó por lucir tan tierno en medio de una rebambaramba de acusaciones en un entorno ríspido.
Tenemos como resultado pues a dos payasos para la sociedad: uno que cada vez más se ve minimizado ante su candidatura a la silla más importante del mundo: la Presidencia de los Estados Unidos; y por otro lado a un payaso que ha servido de alivio momentáneo a las masas que gustan de evadir la seriedad de dichas elecciones: Ken Bone y la tierna casualidad de su presencia.
Esta enorme masificación de la comunicación en red que permite la Internet, nos maneja al mismo tiempo muchas posibilidades para emitir mensajes pero también, de recibir retroalimentación. Se nos puede convertir en héroes o villanos de un día para otro, loables participantes, pero también ridículos bufones.
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