Políticos y partidos forman un binomio resistente, capaz de enfrentar cualquier vendaval y salir intactos al grado que la reforma electoral no logra frenar la guerra que se libra unos contra otros, para ello utilizan cualquier asunto por nimio que sea y dedican su tiempo en propalar verdades a medias.

La convocatoria que hizo el ex diputado federal Rubén Camarillo Ortega, de darle “una patada en el trasero” a los corruptos, es una muestra inequívoca que se prefiere el camino tortuoso a demostrar qué hizo por Aguascalientes en su paso por el Congreso de la Unión.

Creyó que recibiría el reconocimiento multitudinario por su propuesta, pero lo único que encontró fue el desdén ya que si esto lo hubiera demandado en el ejercicio de los cargos que tuvo y con hechos tangibles otro sería el cantar. Hace un mes dejó la representación popular y hasta la fecha se desconoce si firmó alguna denuncia en contra de los “moches” que circundó a varios de sus compañeros panistas y si se atrevió a exigir que se acabara la opacidad en las legislaturas de las que formó parte, principalmente en la última, en contra de la cual hay una denuncia de los nuevos diputados al desconocer el destino que le dieron a 500 millones de pesos hacia el final de la encomienda y por el desvío de recursos destinados para obras en la Cámara que presuntamente se utilizaron para la nómina.

Podrá alegar que la respuesta sería de las comisiones y los comités responsables de las respectivas áreas, sin embargo son hechos públicos que obligaba que todos los parlamentarios exigieran una aclaración y en su caso castigo a los responsables. Mantenerse al margen cuando se percibe que puede haber un presunto delito es corrupción.

Las razones para no alcanzar el propósito fue que ni siquiera tuvo el tino de disfrazar el objetivo. Se propuso demeritar la figura de uno de los aspirantes a la gubernatura al que incluso retó públicamente para demostrar quien podía cruzar por el pantano sin mancharse. Ciertamente, existe un juicio en un juzgado penal pero no se ha llegado a la sentencia ejecutoriada.

Al respecto el Código Electoral del Estado, en su artículo 10, establece: “…no podrá ser candidato de elección popular y ocupar el cargo de Diputado, Gobernador y miembro de un Ayuntamiento: I. Durante la ejecución de una pena corporal. II. Por resolución o sentencia ejecutoriada que imponga como pena la suspensión de los derechos o prerrogativas de los ciudadanos”.

Ninguno de estos supuestos se cumple con alguno de los aspirantes al máximo cargo, por consiguiente sale sobrando el uso de mensajes subliminales que sólo buscan sembrar desconfianza y querer aparecer como defensor a ultranza de la legalidad, sin embargo nadie comulga con ruedas de molino.

Aunque el principal sea hacerse de un lugar rumbo a la recta final también sería para favorecer a otro de los mencionados y de paso, al debilitar al puntero, para que algo le toque a la hora de la repartición. En politiquería nunca se sabe la verdad y entre los recovecos se busca filtrar la insidia.

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ENTRE LAS SOMBRAS (2)

A raíz de golpear en salva sea la parte a los inmundos, el 21 de septiembre se registró el enésimo altercado entre los dirigentes estatales del PRI y el PAN, Francisco Guel Saldívar y Paulo Martínez, culpándose de la paternidad de unas lonas que aparecieron en varios puntos de la ciudad en contra de figuras de Acción Nacional.

Eran dos karatecas, uno de ellos con el rostro sobrepuesto de Rubén Camarillo pateando a otros con la cara de los senadores Martín Orozco y Fernando Herrera, del presidente municipal Juan Antonio Martín del Campo y del ex gobernador Luis Armando Reynoso Femat y con una leyenda en que se apreciaba “Pateando corruptos”.

Ante la “gravedad” de los hechos, Camarillo de inmediato se deslindó de la autoría y lo mismo hizo Paulo Martínez, quien culpó al PRI de haber orquestado esta campaña en contra de su partido: “Vemos toda la mano en esta campaña negra, como lo hicieron con cruces meses atrás, ahora lo hacen con lonas. Vamos a tomar acciones legales contra estos hechos que violan el marco electoral y además ya fueron retiradas porque violan el Código Urbano Municipal al atentar contra la estética urbana”. Sin tener elementos, descartó que fuese “fuego amigo”, por lo que todo recae sobre los priístas.

En estricto apego a la ley del “botepronto”, por la que tanta querencia tiene, Guel Saldívar respondió que para los aguascalentenses “es por demás evidente que al interior del PAN se están dando con todo a causa de la desesperación y desmedida hambre de poder que les embarga”, por lo que en lugar de desviar la atención con “ocurrencias mediáticas” el presidente de Acción Nacional debería mirar hacia el interior y ahí encontrará la respuesta.

Afirmó que el PRI se deslinda de toda “guerra sucia”, pues la conducta de los priístas es con ética, de hacer un trabajo político honesto y pulcro y “jamás se hará propaganda negra”, lanzando el reto que el PAN presente la denuncia ante las instancias correspondientes y se conozca quien llevó a cabo esa acción.

Aunque la sociedad sabe que en el período previo al arranque oficial de las precampañas electorales surge este tipo de diferencias, empieza a hacerse costumbre que ambos partidos se embistan y se responsabilicen de algunos hechos, lo que a final de cuentas se reduce a un cúmulo de baladronadas que sirve de abono para el abstencionismo, al percibir los electores que no se busca el bien colectivo sino el beneficio político de grupos privilegiados.

De lo que no queda ninguna duda es que Paulo López aplica el mismo método de sus compañeros a nivel nacional, al acusar sin pruebas. En agosto pasado, a unos días que entregara el poder el hoy ex gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, Reforma difundió un audio en el que supuestamente el senador Ernesto Ruffo, miembro prominente en la campaña del candidato a la presidencia del CEN Ricardo Anaya, pedía apoyo al mandatario y éste aceptaba hacerlo.

Se dijo que no hubo tal conversación telefónica y que todo fue orquestado “por el viejo PRI”, inclusive la totalidad de los senadores panistas encabezados por su coordinador Fernando Herrera Ávila publicaron en media plana el apoyo incondicional a Ernesto Ruffo, cuya “información falsa publicada en el Periódico Reforma no alcanza a lastimar su trayectoria intachable en la vida pública y en el PAN” y aprovecharon para señalar que “lo importante para los mexicanos es la marcha de la economía y la corrupción en el gobierno. Contra estos males trabajamos los senadores de Acción Nacional”.

En Colima el candidato derrotado al gobierno del estado, Jorge Luis Preciado, culpó a varios candidatos a diputados y alcaldes de su partido que se entregaron “en los brazos del PRI”, pidiendo el 7 de julio que manden “a chingar a su madre” a quien apoye al gobernador José Ignacio Peralta.

En todos estos casos, tanto de Aguascalientes, como de Sonora y Colima, no existe una sola prueba que los priístas tuvieron que ver con los sucesos, pero al culparlos se lavan la cara antes de darle vuelta a la página.

EMPRENDIÓ EL VUELO

Sergio Candelas Villalba fue un ser privilegiado, que llegó a la cúspide con la misma humildad de sus inicios. Quien tuvo el privilegio de su trato sabe que la muerte sólo agranda su figura. Un hombre intachable que con su actitud ennoblecía a los demás. Originario de Zacatecas, en donde ejerció el periodismo en todas sus facetas, eligió a Aguascalientes para vivir hasta su último momento ya que también aquí cumplió su mayor pasión, que era escribir, tanto en periódicos y revistas como libros. De manera particular investigó varios pasajes de la historia de Zacatecas, dedicándole contenidos que hablan de la riqueza cultural, minera y económica del estado, al que también le regaló un tratado sobre la herrería tan característica en casas y edificios. Ayer regresó a la madre tierra y obviamente, en donde esté gozará de la recompensa que se destina a quienes sólo supieron hacer el bien.