Entre el odio y la crítica infundada

Definitivamente algo se está haciendo mal, el mundo entero ha venido dando mensajes por doquier a todos los ciudadanos y por ende , a todos los sistemas políticos que existen; los partidos políticos se encuentran en un momento decisivo dónde impera la apatía y la poca participación ciudadana. Todo esto, ha convertido al ciudadano del mundo en un nicho fértil para que el discurso del odio y la crítica no constructiva sea caldo de cultivo de lamentables males.
El discurso del odio, se puede definir como toda aquella acción comunicativa que ataca, amenaza o insulta a una persona o grupo en base a su origen, etnia, color, nacionalidad, género, identidad de género, orientación sexual o discapacidad. Por otra parte, la crítica infundada es toda critica que se realiza hacia cierto actuar, en la cual no existe una opinión informada previa y solo se critica por el placer de llevar la contra a algo que quizá si pueda tener defectos pero su critica únicamente se enfoca en atacar y jamás en abonar o proponer a las discusiones que puedan surgir al respecto.
La crítica infundada o no constructiva, las redes sociales, los sentimientos de odio y el poco interés de los jóvenes, en general, de todos los ciudadanos por los asuntos de cualquier índole en sus respectivos países, se han convertido en una especie de pólvora que con tan sólo un chispazo se enciende y puede desencadenar consecuencias catastróficas. Actores como Donald Trump en nuestro país vecino o inclusive muchos otros personajes en nuestro mismo país, han intentado cultivar en los últimos años un discurso de extrema demagogia, de un vago populismo, de un fácil efectismo que atraen hacia ellos los reflectores de todo tipo de medios, convirtiéndolos inclusive en actores que han conseguido numerosos seguidores capaces de formar partidos políticos o alcanzar inclusive altos puestos gubernamentales.
Estos personajes, definitivamente no brillan por su alto coeficiente intelectual, su basta preparación académica o su excepcional calidad moral; al contrario, se caracterizan por la pobreza de su vocabulario, la torpeza de su lenguajecorporal y en general, por tratar de aparentar algo de lo que realmente no son. Observamos grandes magnates olvidando modales y educación cuando en toda junta de negocios son más que indispensables; observamos políticos que utilizan como bandera el ser “cercanos” a los pobres, cuando esta más que claro que no por intentar utilizar vehículos no ostentosos, no dejan de malgastar el dinero que se les otorga por el simple hecho de tener el registro como partido político nacional.
A lo largo de toda la historia de la humanidad, está más que comprobado que NADA positivo ha surgido jamás del odio, el desprecio, la critica no constructiva o los insultos. Tenemos que dejar de engañarnos, estas personas representan un verdadero peligro para las economías, grupos, países e inclusive, para el orbe entero. Es momento de posicionarnos como una sociedad más critica, debemos de dejar de alimentar esos egos o figuras tan dañinas, cuyas intenciones jamás han sido ni serán el bienestar de la colectividad. Es momento de comenzar por alimentar más nuestro bagaje cultural, de interesarnos más por lo que acontece en nuestro entorno; es momento de poner un alto y sentirnos responsables.
Como humanidad, estamos obligados a luchar enérgicamente contra todos los eventuales gérmenes de odio colectivo.
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