Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Don Fernando Solana Morales, siendo Secretario de Educación, pasó un día por un lugar donde varios albañiles trabajaban con vehemencia. Don Fernando saludó a uno de ellos y le preguntó: ¿qué hace usted amigo? El albañil le contestó: “pego tabiques”. Unos diez pasos más adelante saludó a otro albañil y le hizo la misma pregunta: ¿qué hace usted amigo? El segundo albañil con orgullo le contestó: “construyo paredes, señor”. Ya para retirarse del lugar de la obra el señor Secretario le preguntó a un tercer albañil: ¿qué hace usted amigo? Este último albañil miró hacia el cielo y con ojos radiantes y gran ilusión en su rostro le dijo: “construyo una hermosa catedral”.

Ahora que está en efervescencia la Reforma Educativa, el maestro debe aprender y valorar, en todas sus dimensiones, las respuestas de los tres albañiles entrevistados por Don Fernando Solana Morales y hacer suya la visión de cada uno de ellos en los distintos momentos en que desarrolla su labor docente. Por analogía, guardando la prudente distancia, cuando el maestro diariamente enseña a los niños números y operaciones básicas; les enseña las primeras letras y luego a leer y escribir; cuando hace que los alumnos distingan las características de los seres vivos y los clasifique en categorías; cuando les hace entender acerca de los espacios geográficos y los hechos históricos fundamentales del país y del mundo; y cuando logra que los alumnos entiendan que el respeto, la tolerancia, la honestidad y la justicia, son valores para una sana convivencia entre los seres humanos; el maestro debe estar consciente que con estas primeras enseñanzas hace lo que el primer albañil “pega tabiques”; esto es, sienta las bases de los primeros conocimientos para estadios educativos superiores. Y cuando el maestro propicia que los alumnos aprendan, en cada ciclo escolar, un conjunto de conocimientos sólidos y prácticos en las distintas asignaturas de los programas de estudio y, además, desarrolla en ellos habilidades, destrezas, actitudes y valores, con el fin de resolver problemas de la vida cotidiana; el docente hace, lo que el segundo albañil, “construye paredes” sólidas. Hasta que llega el día en que logra cristalizar la visión del tercer albañil, “construye una hermosa catedral”; en otras palabras, llega el día en que el maestro, después de sistemáticas acciones durante años, de esfuerzos progresivos en la enseñanza y grandes ilusiones, finalmente forma una ciudadana íntegra y un ciudadano íntegro capaz de aplicar los conocimientos adquiridos en la superación de retos y en la solución de problemas de la vida real; soluciones que emprende con responsabilidad, perseverancia y dignidad, para bien de sí misma y de sí mismo, para bien de su familia y para bien de la sociedad donde se desenvuelve. Pero para llegar a este fin es necesario que un maestro tenga claridad de lo que debe enseñar día a día en el salón de clases y que sepa para qué servirán, a mediano plazo, esas enseñanzas específicas; y en cada ciclo escolar también debe hacer un recuento real del conjunto de aprendizajes relevantes que han logrado los alumnos; en la inteligencia que, a largo plazo, esos aprendizajes significativos y perdurables serán el andamiaje sólido que soportarán y le darán esplendor a la mujer íntegra y al hombre íntegro que requiere la sociedad mexicana.

No pocos se preguntarán, y ¿en qué parte de la Reforma Educativa se asienta el propósito de formar ciudadanos íntegros? En una primera instancia es obligado aclarar que la Reforma y la evaluación del desempeño docente no son, como se ha querido destacar, “punitivas” o “para correr a los maestros”. En el contexto de la Reforma Educativa, la evaluación del desempeño docente tiene como propósito central detectar las fortalezas y las áreas de oportunidad para mejorar la práctica profesional de los maestros. Para mejorar esta práctica, se diseñan tutorías personalizadas, se desarrollan cursos pertinentes a las necesidades y se brindan oportunidades para intercambiar experiencias pedagógicas y didácticas en los colectivos docentes, como está sucediendo en los consejos técnicos escolares. Y en este proceso de mejoramiento profesional es donde se pone especial empeño para que los alumnos de preescolar, primaria y secundaria, beneficiarios de la Reforma, aprendan en los salones de clase las nociones básicas de los campos formativos y de las asignaturas de los programas de estudio, a través de: aprendizajes esperados, contenidos curriculares, secuencias didácticas, métodos y técnicas, enfoques funcionales y por competencias, materiales y tecnología de apoyos educativos y una adecuada evaluación de los aprendizajes en los respectivos niveles. De tal manera que lográndose estos objetivos básicos o elementales, se están pegando los tabiques de manera consistente. Pero la Reforma Educativa no para ahí, pone particular énfasis en llevar seguimientos sistemáticos, semana tras semana y mes tras mes, sobre los aprendizajes que los alumnos van logrando en cada ciclo escolar; para ello recomienda, enfáticamente, que tanto los alumnos como los docentes y los directivos escolares deben presentar evidencias fehacientes sobre los avances educativos que los niños, los adolescentes y los jóvenes van mostrando en relación con los contenidos de los programas de estudio y en los perfiles de egreso de la educación básica. De esta forma intenta sistematizar y garantizar que, con el paso de los años escolares, se logren formar ciudadanos útiles a sí mismos, a su familia y a su Patria. Si hubiera alguna duda al respecto es recomendable repasar y entender los propósitos de los programas de estudio; los fines de la Ley General de Educación; la filosofía educativa del Artículo Tercero Constitucional y el tipo de mexicano que se perfila en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.