Por Alejandro Hernández R.
Fotos: Enrique de Santiago S.

Interesante novillada, donde los chavales salieron dispuestos a cubrirse de gloria, cada cual con su estilo y avances, pero con el mismo común denominador: Triunfar.

Sin embargo, el hombre pone y viene el diablo y todo lo descompone, como aconteció, ayer, Domingo de Ramos, celebrando la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, marcando así el final del tiempo de penitencia, tarde de clima muy agradable, con una estupenda entrada, lidiándose una novillada de la gloriosa ganadería de Pastejé, de amplia e ilustre historia, que en anteriores campañas ediciones novilleriles, se había distinguido por la presentación, bravura y calidad de sus astados, pero ahora, salvo la presentación, ha dejado un saldo pendiente, al campear la mansedumbre en el deslucido primero, mientras el huarachón, de desecho deserrado segundo, carente de raza; el tercero manso de libro, y el cierra-plaza, el más del lote, sin dificultades, en cuanto en el caso del cuarto que se empleó con fuerza en el caballo y demostró buen estilo, terminó por rajarse, y el quinto, un ejemplar bien comido, emotivo, repetidor y con buen estilo.

Tomaron parte seis novilleros, yendo por delante el de mayor antigüedad, Rodolfo Mejía “El Tuco”, sin petición de por medio, dio una vuelta al ruedo entre el desinterés y sorpresa del cónclave, Arturo Soto, silencio, el madrileño Pepe Vargas, pasó de puntillas, Mariano Sescosse, vuelta al ruedo, Iván Hernández en su debut, cortó solitaria oreja, y también presentándose con caballos José Fernando Sandoval, dos avisos.

En una actitud contrastante a sus anteriores actuaciones, vimos a Rodolfo Mejía “El Tuco”, quien alejado del entusiasmo y carisma de otras tardes, ahora, quizá abusando de cierto desparpajo, contagiado con el poco celo y emotividad de su novillo, ha tenido una actuación, un poco desangelada y con mínima comunicación con los tendidos, en un trasteo básicamente sobre la mano diestra, carente de limpieza. Mató de una entera contraria, siendo llamado al tercio, y sin más, se arrancó en una vuelta al ruedo sin merecimientos.

Al capitalino Arturo Soto, le correspondió un novillo muy deslucido careciendo de raza, estando muy por encima de las condiciones de su enemigo, denotado entereza, conocimientos y buenas maneras, pero careciendo de materia prima, es imposible obtener el triunfo. Falló con la espada.

Al ya no tan joven español Pepe Vargas, le traicionaron, primero los nervios, siendo notorio su poca firmeza y después el peor novillo de Pastejé, soso y descafeinado, no presto para el lucimiento. Dejó estocada honda que la peonada sepulta marrulleramente sin ser amonestados, acertando al segundo descabello. Silencio.

Quien ha causado muy buena impresión, ha sido el zacatecano Mariano Sescosse, quien un buen tramo de su preparación la vivió en España, dejando ver la calidad que tiene, sus buenas maneras y su cabeza muy clara, haciendo lo más torero de la tarde, en una faena con aroma, con torería, con seriedad, estando siempre muy vertical y llevando con mando las embestidas con el engaño, encontrando mucho eco en las alturas, al responderle con fuerza cuando toreó con mucha naturalidad sobre la mano diestra con elegancia y buen porte. Por desgracia falló con la espada, dejando ir la oportunidad de cortan una oreja, que tenía ya ganada, resumiéndose su actuación cuando el público lo llamó a saludar en el tercio y después dio vuelta al ruedo enmedio de ovaciones y dianas. Tiene mucho futuro el chaval.

Quien cautivó a los asistentes, desde con el capote, fue el debutante Iván Hernández, alumno del matador de toros Fabián Barba, cuando extrayendo del baúl de los recuerdos la añeja suerte del quite por faroles de pie, ganándose la primera ovación de su actuación. Aun y estando propiamente, poco toreado, con mucho valor y serenidad, emulando a su maestro, se fue al centro del ruedo pegando sendos cambios por la espalda, marcando la suerte dejándose llegar mucho al novillo, emocionando a la parroquia, a la que no dejó se distrajera más, ligando en el mismo sitio la primera tanda de naturales, embarcando de lejos, templando, mandando y despidiendo los trazos muy en lo largo, llegando fuerte al graderío. De ahí arrancó una faena bien hecha, fincada en el valor y el buen manejo de la tela, colocándose en el sitio correcto, muy creativo, imprimiéndole variedad y buen gusto a su quehacer, sin perder la brújula, con una cabeza muy clara de ideas, tal pareciera tener muchas tardes a cuestas. Como dejar de mencionar sus pases de pecho de cabeza a rabo, o un trincherazo que fue todo un cartel de toros. Esa es la actitud correcta, animosa que trasmite a las alturas. Después de señalar un pinchazo dejó entera saliendo trompicado, y ante nutrida petición, el juez Ignacio Rivera Río, terminó concediendo una oreja, la única de la tarde, que lo significó como el máximo triunfador del cuarto festejo novilleril.

En último lugar, fuimos testigos de otro debut, el de José Fernando Sandoval, sobrino del matador de toros en el retiro César Pastor. Un joven, que muy pocos veces le ha visto la cara al ganado bravo, pero con una gran afición. Pues cuando todos esperábamos verle a merced del novillo, por cierto, el más bien armado y el más del encierro, después de un primer tercio donde dejó en claro lo verde que está, con la muleta el panorama fue otro, porque como tiene valor, le paró al animal, acertadamente picado, estirarse en varias tandas de pases en redondo, colocándose en el terreno correcto para torear con firmeza y buen sabor, dando la impresión de estar más toreado. Por desgracia al no estar puesto, pasó fatigas con ambos aceros, escuchando dos recados del biombo, saliendo bien librado, bajo el innegable amparo de la Divina Providencia que protege con su manto a los desposeídos. Al final escuchó muchas palmas, llegando así a su término el cuarto festejo de la temporada novilleril.