Lo que ha estado ocurriendo en algunos sectores habitacionales de la ciudad, en el sentido de que los vecinos están actuando en contra de los ladrones domiciliarios, no es iniciativa nueva ni reciente. Hace aproximadamente dos años, en un fraccionamiento de Jesús María los habitantes también estuvieron a punto de linchar a un ratero.
Testigos nos informan que esa noche siguieron al hampón y los vecinos iban armados con palos, piedras, botellas, varillas metálicas, etcétera. Todo quedó en tremendo susto para el ratero porque no lo alcanzaron.
Previo a este evento, en ese fraccionamiento se desató escandalosa ola de robos domiciliarios. Ya en el colmo del descaro, los hampones iban atracando una casa y seguían con la contigua. Más aún, empezaron a “pegar” tanto en el día como en la noche.
Por supuesto, similar a lo que ha ocurrido en los últimos días en la capital, los vecinos llamaron a la policía y solicitaron mayor vigilancia a la Preventiva; a la Ministerial, que agilizaran investigaciones. Y nada. Los robos eran la constante diaria y lo que aumentaba más el descontento de los ciudadanos era la impunidad. Los jauleros actuaban a placer, burlándose de los afectados y ridiculizando a las policías.
Llegó el momento en que los vecinos decidieron organizarse para protegerse ellos mismos. Lo que ahora es “novedad” en el Distrito Federal, hace dos años lo pusieron en práctica en este sector de Jesús María. Nos referimos al silbato. Todos adquirieron uno y acordaron que en cuanto escucharan ruidos extraños o detectaran a sujetos sospechosos, de inmediato se diera la alarma con dicho objeto.
Esa noche, en la que casi linchan a un ratero, uno de los vecinos escuchó ruidos. Como si alguien intentara abrir la puerta principal de su casa. De inmediato empezó a usar el silbato y otros habitantes hicieron lo propio. Los “silbatazos” desconcertaron al ladrón y empezó a caminar pero cuando vio que todos salían con palos, piedras y otros objetos, decidió correr. La persecución fue peliculesca y a punto estuvieron de alcanzarlo. Cosa que, de haber ocurrido, quizá hubiese terminado en ejemplar escarmiento para el delincuente. ¿Los policías? Para variar volvieron a brillar por la ausencia.
Actualmente los vecinos siguen protegiéndose unos a otros. Los robos disminuyeron a grado mínimo. Claro, pronto se corrió la voz entre los rateros y al menos a ese fraccionamiento ya no volvieron.
La estrategia del vecino vigilante, bien entendida y aplicada, también puede arrojar favorables resultados. No se trata de linchar sino de protegerse y defenderse mutuamente.