Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Tanto va el cántaro al agua, hasta que se rompe.

Si la piedra da en el cántaro, malo p’al cántaro, si el cántaro da en la piedra, malo p’al cántaro.

(refranes populares)

El anuncio que realizó el gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, quién sabe por qué, me recordó a aquel magnífico artista José Carlos Alejandro Sánchez Monroy. Por supuesto que no tiene parecido físico ni mucho menos, el artista, más conocido como Don Carlos, era más bien de tipo pícnico, afable, con cara de luna llena, con cierta tendencia a la obesidad, en tanto que el gobernador Cué se encuadra en el biotipo leptosómico según la biotipología de Kretschmer, pero, ¡qué digo!, en realidad no es a la persona que me le recuerda sino a su trabajo, en el que además dicho sea de paso era extraordinario. Don Carlos era ventrílocuo y se acompañaba de varios muñecos entre los más conocidos seguramente estaban Neto y Titino, aunque tenía otros, incluso un perico majadero que pocas veces sacaba del cajón donde lo guardaba. El perspicaz lector se habrá percatado de los “gatos” de este escribidor que pretende encontrar parangón entre el gobernador Cué y quién lo hizo hablar, y Neto o Titino y quien los hacía hablar.

Con todo y declaración de sus colegas, felicitaciones al canto y parabienes del coro oficial y las lamentaciones de las plañideras de algunos izquierdosos que se quedarán fuera del presupuesto, Gabino Cué oficialmente se colocará la medallita para los agradados por la medida y extraoficialmente será el pararrayos de las protestas y denostaciones de los afectados, que se rasgarán las vestiduras, enarbolarán la bandera de la libertad pisoteada, y lamentarán el ataque frontal al sindicalismo independiente y a la oposición inteligente pero, digo yo, no siempre inteligible. Unos y otros son plenamente previsibles, unos y otros serán los netos y titinos de diferentes Don Carlos que les harán repetir los mismos sketchs, sabidos y consabidos. El desenlace también es previsible.

La decisión presidencial que anunció el gobernador Cué y que instrumentó el gabinete presidencial, si no esperada, me atrevo a señalar que era deseada por un gran número de mexicanos que veíamos con desesperación e impotencia cómo los educandos oaxaqueños perdían un día tras otro, en tanto quienes tenían la responsabilidad de su formación protestaban (legítimo derecho), pero arrastraban en sus protestas el analfabetismo. Daba lástima, cuando no coraje, escuchar las proclamas plagadas de faltas de sintaxis y de prosodia, y leer las pancartas y desplegados igualmente ahítos de faltas de ortografía y por supuesto de sintaxis. Claro que los funcionarios no cantan mal las rancheras, el Presidente de la República mencionó “mandata la constitución”, utilizando una expresión de moda entre los políticos que es, como decía la preceptiva, un idiotismo. El verbo mandatar no existe. Mandato es el efecto de mandar. Bueno, para que los niños oaxaqueños aprendan todo lo que todo mexicano debe aprender, era necesario que se recuperara un mínimo de orden y se garantizara que, al margen de las aspiraciones de los miembros de la CNTE, que, repito, pueden ser totalmente legítimas, los menores tengan el acceso a la educación que es su derecho fundamental.

Leo una declaración del Gobierno Federal: se respetarán todos los derechos de maestros de CNTE. Me parece razonable. Todos los derechos a que tengan derecho. Pero conviene preguntarse ¿A qué tienen derecho? ¿A qué tiene derecho quien abandona su trabajo? ¿A qué tiene derecho quien se niega a someterse a la verificación de sus aptitudes para desempeñar el trabajo contratado? ¿A qué tiene derecho quien rechaza la constatación de que se ha seguido actualizando? Por supuesto no me refiero a muchas otras imputaciones que con razón o sin ella se han achacado a los “maestros” que durante los últimos doce meses han dedicado a la protesta, a la manifestación, al enfrentamiento, más, mucho más tiempo que el que deberían haber dedicado a su tarea fundamental. Recuerdo, y quizás sea un mal ejemplo, que, cuando el Ejército tomó la Ciudad Universitaria en el tristemente recordado 1968, se habilitaron sedes alternas, se ocuparon escuelas particulares, se aprovecharon parques y jardines, se utilizaron bibliotecas, etc., para continuar en lo posible con el trabajo académico, mostrando, de paso, que la enseñanza, que el aprendizaje, que la academia, no está reñida con la lucha por los derechos.

Recuerdo haber escuchado que en el Japón las protestas de los trabajadores se realizan poniéndose una banda de color en el brazo, y cumpliendo estrictamente con su obligación laboral. Entienden que el dejar de producir no significa solamente un golpe para el patrón, sino para el país que se ve afectado en su productividad, porque las cadenas de comercialización se alteran y la falla de un engrane ocasiona el trastorno del sistema. Esto que es válido para la industria seguramente también lo es y con mayor razón para la educación.

Nadie tiene derecho a ningún título a privar a la niñez de su educación. Los daños que a la fecha se han causado en Oaxaca, en Guerrero, en Chiapas, por citar algunos, difícilmente tendrán recuperación. Sin embargo, la decisión presidencial marca sin duda un parteaguas.

El mensaje había sido enviado a las pocas semanas de haber tomado posesión. La aparente inamovible e indestructible “maestra”, sucumbió presa de sus propias redes de corrupción, complicidades, impunidad y, finalmente, ineficiencia. El SNTE, lo había mostrado el entonces presidente Carlos Salinas, también era vulnerable. En un sistema, para bien o para mal, presidencialista, el poder en última instancia radica en el presidente y de él depende ejercitarlo. Pero el poder que no se ejerce termina por desgastarse. Es lamentable que todavía no hayamos podido transitar como país hacia estadios en que tanto el poder presidencial, como el sindical, el de los medios de comunicación, el de los monopolios, el de las transnacionales, se vean acotados por la ley. Es lamentable que medrando al margen de la ley proliferen agrupaciones que sangran en la impunidad casi total, al erario. Es lamentable que la impunidad y la corrupción sean, casi como lo era el mariachi, las notas distintivas del país en las listas internacionales.

Ojalá que en alguno de esos niños oaxaqueños que ahora podrán tener regularmente sus estudios, surja un nuevo Juárez, un nuevo Díaz, un nuevo Vasconcelos. ¿Por qué no?

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