1ª Función
“PUENTE DE ESPÍAS” (“BRIDGE OF SPIES”)

En 1957, justo cuando la Guerra Fría comenzaba a calentarse, un ruso llamado Rudolf Abel fue arrestado en los Estados Unidos acusado de espionaje. La detención alertó a la sociedad norteamericana sobre la presencia de “rojos” en su suelo tricolor en calidad de incógnitos para guarecer sus actividades clandestinas. Rápidamente dicho espía se ganó el repudio generalizado de todo un país y fue necesario procesarlo judicialmente, para lo que, evidentemente, se requería un defensor que viera por él en tribunales. De esta forma el gobierno estadounidense le adjudicó dicho deber a un abogado de seguros llamado James Donovan para que se sumara a lo que ya era todo un numerito mediático que manifestara una democrática idea de proceso de acuerdo a derecho aún si se trataba de un enemigo de la nación y que en la mente magisterial no cabía otro dictamen que la sentencia de muerte para este enemigo venido de Europa. Más Donovan se tomó el juicio con seriedad y en lugar de que Abel fuera condenado a la cámara de gases logró que se le sentenciara a 30 años de prisión, lo que puso al abogado en una posición delicada, pues se ganó el repudio comunal al considerársele aliado de un comunista… Pero su proceder tendría una repercusión favorable cuando un piloto de la fuerza aérea americana llamado Francis Gary Powers es derribado en suelo ruso y hecho prisionero. Ahora los Estados Unidos tenían en Abel una moneda de intercambio y el panorama político entre ambas potencias semejará un tablero de ajedrez donde Donovan, involucrado en este escenario una vez que su relación con Abel fue transformándose de profesional a personal ante la cálida disposición y sapiencia del maduro ruso, deberá mover las piezas con extrema cautela para lograr la liberación de Powers mediante extenuantes negociaciones que culminarán en un puente neoyorquino que será el marco para uno de los intercambios más delicados en la historia de la política gringa. Una trama tan rica en matices sociopolíticos y psicológicos trabajada en forma de guión ni más ni menos que por los hermanos Joel y Ethan Coen y estelarizada por actores de talante como Tom Hanks en el papel de Donovan y Mark Rylance como Abel debería casi por principio general erogar en un filme notable ¿No? En este caso lamentablemente el resultado es muy regular, pues la atractiva combinación antes mencionada cayó en manos del eterno optimista Steven Spielberg, un verdadero hijo de su sistema político que enfunda tan apasionante relato en una narrativa hermetizada por bobaliconas promesas de certidumbre para con sus personajes y eventos en desarrollo permeándolos además con un anodino sentido del humor que ya es parte de su irritante idiolecto. Esto decanta toda posibilidad dramática, dejando al filme en un carril de inercia narrativa que lleva tanto al argumento de la cinta como a los espectadores a conclusiones y puntos de discurso muy predecibles. Una vez más Spielberg, en su obstinado afán de validarse ante la comunidad fílmica mundial como un director comprometido a temas serios o relevantes, deja ver en su trabajo todas sus carencias como narrador maduro o analítico al limitarse a plagiar en ritmo y tono a directores consagrados en el thriller de espionaje cinematográfico, como John Frnkenheimer, Constantin Costa-Gavras o William Friedkin, tanto así que la cinta abre con una secuencia que presenta de forma truculenta al personaje de Abel con un montaje y selección de tomas tan similar a lo hecho por Frankenheimer en “Domingo Negro” o “El Embajador del Miedo! Que casi parece dirigida por el finado y mucho mejor cineasta. “Puente de Espías” es un filme intrascendente que insta al cinéfilo amante de las historias de espionaje a revisar los hechos históricos a profundidad para un dimensionamiento correcto de estos eventos tan cautivadores o a revisitar filmes superiores como “Z” (1969) o “El Espía Que Sabía Demasiado” (2011).

2ª Función
“EL ÚLTIMO CAZADOR DE BRUJAS” (“THE LAST WITCH HUNTER”)
No tengo nada en contra de Vin Diesel. Es más, oso afirmar que, junto con ese otro desfoliculado forzudo que es Dawyne “La Roca” Johnson, es uno de los héroes de acción -eso sí, no actor- posmodernos que lograron añadir carisma y relativa vulnerabilidad a sus personajes, relegando las posturas ochenteras labradas por Schwarzanegger o Stallone sobre el músculo y gestos cínicos como sinónimos de imbatibilidad. Pero al único que podemos culpar sobre las decisiones tomadas en cuanto a su carrera es a él, y un vistazo a su filmografía revela una enfermiza obsesión por protagonizar cintas que se apuntalan en guiones dignos de las fantasías febriles de un púber de 14 años, las cuales buscan abrirse camino en el gusto popular para ver si son bendecidas por los hados de la taquilla global y transformarse en series como ocurrió con “Rápido y Furioso” o su personaje de Riddick. Y aquí tenemos otro intento en la forma de “El Último Cazador de Brujas”, un proyecto que luce, se percibe e incluso tiene el tufo a intento de franquicia fílmica, y en verdad espero que sufra el mismo destino que la fallida “xXx”, pues esta cinta dirigida por el torpísimo Breck Eisner (“Sahara”) nunca logra arrojar un hechizo de convencimiento al espectador, pues esta historia y los personajes que la pueblan ya los hemos visto hasta el sacio. La cinta inicia 800 años atrás cuando un fiero guerrero llamado Kaulder (Diesel) y un grupo de seguidores luchan contra la Reina Bruja (Julie Engelbrecht) con el fin de asesinarla y terminar con la peste negra producto de su magia. Kaulder logra impalarla y, antes de morir, lo maldice con vida eterna. Corte y una elipsis narrativa de siglos nos lleva al presente, donde Kaulder es ahora el brazo ejecutor de una secta secreta de la iglesia católica llamada El Hacha y La Cruz, formada específicamente para combatir brujas (lo que inevitablemente me orilla a cavilar sobre la existencia de otras agrupaciones que combatan solamente espectros, otra vampiros, otra golems y así, pero claro que esto no se aborda aquí). El cazador está supervisado y asistido por una dinastía de sacerdotes llamados Dolan y el más reciente, Dolan el 36º. (Michael Caine) y amigo íntimo de Kaulder, es atacado brutalmente, lo que lleva a una investigación por parte del protagonista que saca a la luz las intenciones de la Reina Bruja por volver al mundo de los vivos y la narración se centrará el resto de los actos en los intentos de kaulder por impedirlo junto a la rigurosa chica bonita de la película (una gris Rose Leslie, no tanto por sus cualidades histriónicas sino por lo deslucido de su personaje) y el nuevo Dolan (Elijah Wood) entre hechizos, sortilegios y muchos combates contra brujas. Una historia de estas características siempre tiene el potencial de generar una experiencia entretenida o explotar la capacidad de asombro del espectador si su tratamiento es ingenioso, pero en este trabajo es plano y desabrido, con personajes secuestrados de un juego de rol de cuarta, insubstanciales y con motivaciones minúsculas. Por supuesto, Diesel chorrea carisma como siempre, pero hay un límite para lo que el carisma de un protagonista puede sostener en cuanto a un largometraje se refiere y, en este caso, ni toda la rapidez y furia de Vin Diesel puede salvar una película que lleva la maldición del aburrimiento y la redundancia.
Correo: corte-yqueda@hotmail.com