Adriana Alatorre
Agencia Reforma

Cinco emprendedoras planean echar a andar sus micronegocios: una papelería, una estética o la producción de centros de mesa. Hacen cuentas y comentan estrategias.
Las mujeres tienen en común haber vivido de cerca el cáncer, estar solas y carecer de trabajo.
Ellas forman parte del taller piloto de Emprendedores de la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC), que busca ayudar a sobrevivientes de cáncer o mamás de hijos con esta enfermedad a crear  micronegocios para ayudarlas a enfrentar lo que implica la enfermedad no sólo en términos de salud.
Especialistas en marketing, publicidad y economía las asesoran y exploran programas que puedan apoyar los proyectos productivos.
Elisa Mendoza, quien padeció 13 años de leucemia y lleva 15 en vigilancia, está por montar una página en internet para mostrar los arreglos, recuerdos y centros de mesa que elabora para fiestas.
Blanca Estela Larios, madre soltera de una niña con cáncer, proviene de una comunidad pobre de Veracruz y quiere establecer una papelería.
“Quiero demostrarle a mi niña que podemos salir adelante. Si el negocio crece, ayudaré a más mamás en mi misma situación”, compartió.
A la cabeza del equipo está Marc Pallás, de 32 años quien junto con un grupo de voluntarias, orienta a las mamás.
Explica que la meta es apoyar a 50 mujeres en tres años.
“Yo también tuve cáncer y Laura también (otra voluntaria). Cuando me diagnosticaron me quedé bloqueado, me divorcié en medio del cáncer, por eso el objetivo es que sacar una cosa positiva y ver al cáncer como algo que nos ayuda a progresar y conocer mejores personas”, afirmó.
Fabiola Lozano Cortés, de 70 años,  cuida a su nieto José Antonio de 21 años quien padece cáncer en el cerebro. Trabaja en el mercado de mariscos de la Central de Abasto y su sueños son poner una tienda de abarrotes y que un día su “hijo” se case y tenga una familia.
Como a todas, a pesar de su fortaleza evidente, al contar su historia se le llenan los ojos de lágrimas y se le quiebra la voz. Es difícil lidiar con la enfermedad y la falta de medios.
Al igual que las demás, Matilde Baltazar, tenía una vida normal, ama de casa con cuatro niños, hasta que le diagnosticaron leucemia a su hija de 15 años.
“Mi único apoyo hoy es AMANC. Me dan el medicamento, despensa, ahora estoy aprendiendo estilismo y mi sueño es tener una estética y apoyar a las demás mamás que hoy padecen en un hospital”, expuso.
Detalla que hoy muchas mamás están en los hospitales sin dinero, sin qué comer, sin ropa, en una completa vulnerabilidad, por eso la ayuda de esta organización es casi milagrosa.
“Nos sentimos motivadas y agradecidas”, resumió.

Mejora 30% su ingreso
A través del Modelo de Acompañamiento Integral, AMANC descubrió que las mujeres con oficio tienen más armas para enfrentar lo que conlleva la enfermedad.
Este programa ha apoyado este año 475 familias y su nueva apuesta es sembrar la semilla del emprendimiento de micronegocios.
Los talleres de oficios sencillos como repostería, estilismo, aplicación de uñas “han demostrado que mejoran 30 por ciento del ingreso promedio mensual, entre mil y mil 500 pesos más”, explicó Humberto Niño de Haro, coordinador de Comunicación Social de AMANC.
Aseguró que se ha comprobado que las mujeres que saben un oficio, su empoderamiento es evidente.
“Como AMANC vemos necesario más apoyo gubernamental, porque no es sólo el medicamento, hay situaciones en torno a la enfermedad que no se ven”, planteó.

ASÍ LO DIJO
“Lo que la organización busca no sólo es acompañarlos en la enfermedad, sino que más adelante puedan ser productivos. Los talleres están enfocados a las mamás, pues  el 90 por ciento son ellas las que enfrentan la enfermedad”
Humberto Niño de Haro, vocero de AMANC.