Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, ahora que me encuentro en un receso académico debido al periodo vacacional en la UAA, cuento con un poco más de tiempo libre por las tardes, resultando propicio este tiempo para retomar la lectura de textos de actualidad y, en algunos casos, obras clásicas.

Uno de los libros que recuerdo haber leído con mayor interés en mi etapa de bachiller fue el “Del Espíritu de las Leyes”, la obra cumbre del Charles Louis de Secondat, filósofo y escritor francés mejor conocido como el “Barón de Montesquieu”. Este texto lo leí gracias a la orientación de quien fuera mi Maestra de Literatura Universal en la preparatoria, la “Maestra Coco” como cariñosamente le decíamos y quien en fechas recientes acaba de fallecer, siempre recordándola con mucho afecto y agradecimiento.

Afirmo que es la principal obra de Montesquieu porque en ella se consagran doctrinas y principios políticos fundamentales que permanecen vigentes hasta nuestros días, como es el caso de la llamada “teoría de la división de poderes”, que sirve como modelo gubernamental para muchos Estados contemporáneos, entre ellos México. Hay que tomar en cuenta que este texto fue publicado en el año 1748.

Al leer este libro, concluyo que las ideas liberales y patrióticas de hace más de dos siglos y medio siguen cobrando vigencia en la actualidad, toda vez que ningún gobernante ni el pueblo mismo puede estar por encima de las leyes y las instituciones, como así lo pretenden hacer los pseudo maestros de la CNTE en Chiapas y Oaxaca.

Si me lo permite, quisiera compartir con Usted algunas de las líneas de este texto que considero más interesantes, por su profundidad tanto en lo ideológico como en lo retórico. Hago la aclaración de que haré algunos ajustes al texto literal para darle mayor consistencia a las ideas planteadas:

  • “La virtud política es sinónimo de amor a la patria, de amor a la igualdad, de amor a las leyes de su país y, por ende, se obra por amor a esas leyes”.
  • “Proponer cambios corresponde solamente a los privilegiados que pueden penetrar con un rasgo de genio en la construcción entera de un Estado”.
  • “Falta mucho para que el mundo inteligente se halle tan bien gobernado como el mundo físico, pues aunque también aquél tenga leyes que por su naturaleza son invariables, no las sigue constantemente como el mundo físico sigue las suyas”.
  • “La paz es la primera de las leyes naturales”.
  • “El pueblo es admirable para escoger los hombres a quien debe confiar una parte de su autoridad”.
  • “Se corrompe el sufragio por la intriga y el soborno, vicios de las clases elevadas; la ambición de cargos es más frecuente en los nobles que en el pueblo, ya que éste se deja llevar por la pasión”.
  • “Lo peor en las democracias es que se acabe el apasionamiento, lo cual sucede cuando se ha corrompido al pueblo por medio del oro”.
  • “Cuando en un gobierno popular se dejan las leyes incumplidas, como ese incumplimiento no puede venir más que de la corrupción de la república, puede darse el Estado por perdido”.
  • “Las leyes de la educación son las primeras que recibimos y son ellas las que nos preparan para la ciudadanía”.
  • “El amor a la patria mejora las costumbres y la bondad de las costumbres aumenta el amor a la patria. Cuanto menos podemos satisfacer nuestras pasiones personales, más nos entregamos a las pasiones colectivas”.
  • “Así como la religión pide que las manos estén puras si han de hacer ofrendas a los dioses, las leyes procurarían costumbres sobrias para poder contribuir cada uno al esplendor de la patria”.
  • “Es necesario que todo esté previsto y legislado”.
  • “Aunque en la democracia es la igualdad el alma del Estado, no es fácil establecerla de una manera efectiva; ni convendría siempre establecerla con demasiado rigor”.
  • “La autoridad paterna es también útil para mantener la disciplina social”.
  • “La virtud exige que se haga por el Estado un sacrificio continuo de la conveniencia personal”.
  • “La virtud no la destruyen únicamente los crímenes, sino también los descuidos, las negligencias, las faltas, la tibieza en el amor a la patria, los malos ejemplos, simiente de corrupción”.
  • “En los Estados modernos, el amor a la patria, la vergüenza y el miedo a la censura son motivos reprimentes que pueden evitar muchos delitos”.
  • “Un buen legislador pensará menos en castigar los crímenes que en evitarlos”.
  • “En los países de gobierno templado son más suaves las costumbres y reinan mejores sentimientos”.
  • “Hay dos géneros de corrupción; el uno cuando el pueblo no observa las leyes, el otro cuando las leyes mismas lo corrompen”.
  • “Perdida la moral, se acaban el amor al orden, la obediencia y la virtud”.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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