Silvia Guerra

El resultado que traigan las elecciones presidenciales de noviembre en los Estados Unidos, impactará sin cuestión a dudas a nuestro país y a nosotros sus ciudadanos; es por ello que miles de nosotros no perdimos la oportunidad de ser partícipes del primer debate entre el candidato del Partido Republicano y la candidata del Partido Demócrata de aquél país.
No puedo opinar en cuento a temas de impuestos, seguridad o economía, ya que no son temas que me competan, pero sí les puedo hablar un poco del impacto que cada uno de estos candidatos tuvo, desde el punto de vista de su presencia física y su lenguaje corporal.
En algún artículo anterior he mencionado la psicología del color y cómo en específico el color rojo, es un color de poder, de autoridad y fuerza; pero a su vez, cómo en muchos actos públicos o negociaciones es riesgoso utilizarlo ya sea en corbata o vestimenta, porque puede resultar agresivo e intimidante para el receptor. Pues cuál fue mi sorpresa el ver a la Senadora Clinton ataviada en este color de pies a cabeza, que además se le veía muy bien ya que seleccionaron cuidadosamente el tono de rojo adecuado para ella.
Este debate era muy importante para ambos candidatos, por lo que debieron cuidar cada detalle para que el impacto fuera certero y atinado; considero que la Senadora y su equipo dieron en el clavo. Ella hizo uso magistral de su lenguaje corporal en el podio ya que nunca se ancló a él, sus ademanes eran amplios, abiertos, seguros y precisos; su posición corporal era recta, pero relajada; su vista se dirigía básicamente al público, tornando su mirada en ocasiones breves a su contendiente. Su actitud a lo largo del debate fue serena, pero firme; sus aseveraciones e intervenciones seguras y certeras, manteniéndose la mayor parte del tiempo en control de sus reacciones y sentimientos. Ella necesitaba proyectar fuerza y decisión y en mi opinión, el conjunto del color de su vestimenta, la seguridad de su actuación, el dominio de la información y sus sentimientos, así como su natural desenvolvimiento, la hizo lograr su objetivo.
Ahora mencionemos al candidato Trump. Estaba perfectamente ataviado en un traje a la medida, con una camisa que le quedaba a la perfección y una corbata azul que proyectaba autoridad y formalidad. A lo largo del debate, él se ancló constantemente con una mano al podio, mientras utilizaba la otra para apoyar lo que decía, esto demuestra algo de necesidad de seguridad. Su mirada se dirigía enormemente a la Senadora, olvidando por largos momentos al público. Se mostró seguro, pero muy agresivo en sus poses al lanzarse hacia delante constantemente y perder la compostura al alzar su voz. Sus participaciones eran desatinadas, obcecadas y constantemente interrumpía tanto a la Senadora, como al moderador, volviendo complicada su labor.
El uso de colores de ambos candidatos puede tener más de fondo que lo que se ha mencionado en este pequeño artículo, ya que si se ponen a pensar, ambos utilizaron el color oficial del partido contrario. ¿Sería entonces que buscaban impactar a los estados que claramente favorecen a su contendiente? Definitivamente detrás de cada debate, existe una máquina inmensa de colaboradores ayudando a que el evento fluya y los candidatos sobresalgan en él. Esperemos a ver qué pasa en el siguiente; por lo pronto, México se vio beneficiado con un decremento en el precio del dólar.
Nos vemos la próxima semana.

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