Josemaría León Lara

Aunque lo que para algunos resulta ser un factor de tiempos recientes, en realidad el acoso escolar (también conocido como bullying) ha sido una constante desde tiempos inmemorables;  Esto no quiere decir que se atienda a la ley de la supervivencia del más fuerte, pero sí a la necesidad de buscar notoriedad a expensas oprimir al débil o al diferente. Y lo que antes se veía como algo ordinario, hoy en día se ha desproporcionado de manera claramente evidente.

Existen varias hipótesis sobre el posible crecimiento exponencial de este problema, cómo lo es la desunión familiar y por ende el descuido de la educación en el hogar, cómo también podría ser la absurda cantidad de violencia que consumen los niños desde muy temprana edad, así como todas las tendencias progresistas de la actualidad que son inculcados en los menores como si fuesen la verdad absoluta, provocando una evidente contrariedad en sus mentes.

Lo que hace muchos años no salía de las escuelas o de las colonias, para las víctimas del acoso es cada vez más difícil encontrar un lugar libre de burlas y maltrato sea físico o psicológico, debido a la interconexión de las redes sociales. Y es quizá otras de las razones que han provocado un aumento desmedido de violencia entre los niños y adolescentes.

Y hablando precisamente del uso desvirtuado de las redes sociales como medio de ataque o acoso, los jóvenes no son los únicos que se encuentran en ese terreno tanto como víctimas o victimarios. También los políticos forman parte de este interesante mundo del bullying y aunque la mayor parte del tiempo se inclinan como víctimas, también tenemos claros ejemplos de ataques y contraataques por parte de ellos, nótese claramente todo lo que hemos visto en los últimos dos meses en Aguascalientes.

Pero más allá de que los candidatos se ataquen entre sí aventando la piedra y escondiendo la mano durante una campaña, también es cierto que una vez en el gobierno se convierten en un inmenso blanco durante su mandato, sino preguntarle al presidente Peña. Una cosa es estar en contra de aspectos del gobierno cuando se tengan razones legítimas para hacerlo y otra muy diferente es caer en los apasionamientos que se pueden ven en Facebook o Twitter.

Ciertamente Enrique Peña Nieto no ha sido muy acertado en algunos discursos o en algunas decisiones de su gobierno, pero no significa que se profane de esa manera la figura presidencial, que al final del día no es más que la investidura más grande de nuestra patria y que gracias a la democracia recae en los hombros de alguien nuevo cada seis años (aunque existen las deshonrosas excepciones como la de nuestro H. Presidente Legítimo, mismo que lleva diez años en el cargo).

El ataque directo en medios electrónicos contra el presidente ha sido un factor pilar para el hundimiento de su popularidad. Algo que evidentemente no es bueno ni para Los Pinos ni para el país en general (pensemos por ejemplo en Brasil), y en este entender la Oficina de la Presidencia está apostando por una reinvención de la imagen pública del titular del Ejecutivo.

Sacando lo que podría ser su último as bajo la manga, la Presidencia de la República mágicamente se ha pronunciado a favor de la legalización de la marihuana y la homologación de los matrimonios del mismo sexo en todo el territorio nacional… cuando anteriormente no se habían pronunciado al respecto en ninguno de los casos.

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@ChemaLeonLara