Gerardo Muñoz Rodríguez

José Antonio González Anaya, director general de Pemex, anunció con bombo y platillo, cómo la petrolera mexicana lograba su segundo trimestre al hilo reportando ganancias después de bastante tiempo de no conseguirlo. Para el primer trimestre de este año, se lograron utilidades por 88 mil millones de pesos, 241% más que el mismo periodo del año anterior. Sin embargo, aún no es momento de abrir el champagne y festejar que por fin, Petróleos Mexicanos pueda convertirse en el motor de nuestra economía. Indaguemos el trasfondo del porqué de estos números positivos.

El porqué de la utilidad de Pemex, tiene básicamente dos sencillas razones. Primeramente, sus ingresos por venta de gasolina fueron 55% mayores que el periodo anterior, y en segundo lugar, la recuperación del precio del barril, el cual pasó de 26 a 44 dólares por unidad, lo que también implica un mayor ingreso para la paraestatal.

A pesar de esto, los números o razones que pudieran marcar la mejoría en el camino de Pemex, se mantuvieron iguales o inclusive descendieron. Es importante mencionar que su volumen de ventas cayó en 3.6%, aunado a que su costo de venta aumentó en casi 90% en el primer trimestre del año en comparación con el anterior, en ambos casos.Esto indica que ese ingreso adicional por ventas de gasolina no está relacionado a una mejor gestión de venta o eficiencia financiera, sino simplemente a un incremento en el precio internacional del petróleo, así como al llamado gasolinazo de principios de año.

Si analizamos más a fondo las finanzas de la petrolera, observamos cómo la mayor parte de su presupuesto es destinado a gasto corriente, en particular a solventar el enorme lastre que le ocasiona la nómina. Basta con el ejemplo de una de las subsidiarias llamada Pemex Transformación Industrial, recibe anualmente más de 44 mil millones de pesos de los cuales el 52% se destina al pago de salarios y prestaciones laborales.

Además de esta ineficiencia financiera que ocasiona poca inversión en su gasto de capital, existen enormes boquetes que imposibilitan su crecimiento. Los casos de corrupción con las empresas Odebrecht y Braskem, en los cuales se argumenta que existen sobornos de más de 10 millones de dólares, además de frenar proyectos de infraestructura propios para no competir con la inversión realizada por este gigante brasileño.

El tema que ha cobrado demasiada importancia en estos últimos días, es el robo que se hace a Pemex día con día en todos los ductos que posee. La ordeña de ductos de gasolina es un delito que, por negligencia, creció hasta convertirse en una pérdida de 30 mil millones de pesos tan solo en 2016. Es inexplicable como a sabiendas de esta enorme pérdida, la empresa no pudiera invertir en tecnología en vías de buscar minimizar este acto ilícito, que afecta las finanzas públicas del país y beneficia al crimen organizado o a determinadas regiones. Basta ver cómo los llamados huachicoleros, tienen como principal ingreso el robo de combustible a la paraestatal.

De esta forma, vemos que las palabras del Doctor Anaya, no muestran al cien por ciento la realidad de la empresa que preside, ya que a pesar de que sí muestra mayores ingresos por ventas, estos no son ocasionados por un cambio en la implementación de sus políticas estructurales.

A cuántos de nosotros nos gustaría ver cómo esta empresa pudiera fungir como motor creciente de nuestra economía y nos permitiera pensar en poder acceder a mejores condiciones de vida para toda la sociedad. Compañías petroleras como Saudi Aramco, Gazprom, Exxon-Mobil, National Iranian Oil; representen eso para sus respectivos países.

Pemex tiene la capacidad de poder estar a la altura de éstas; sin embargo, falta de modernización, un cambio urgente en la estructura financiera, cambiar la poca inversión en gasto de capital y desarticular la constante corrupción en todos los niveles de la misma, todo ello impide que logremos posicionar a nuestro mayor baluarte como mexicanos, dentro de la esfera mundial.

Sin lugar a dudas falta que la administración tome decisiones con un carácter más preponderantemente económico y no necesariamente político. Me permito parafrasear lo expresado por el ganador del premio nacional del periodismo Leo Zuckermann: “¿Cómo funcionaría Pemex si tuviera un dueño privado?”.

Fuente: Página Oficial Petróleos Mexicanos

Twitter: @GmrMunoz