El trabajo al servicio del desarrollo humano

Por Jesús Álvarez Gutiérrez

El Informe sobre Desarrollo Humano 2015, realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), no es muy alentador. Muestra que, cuando el modelo económico está fincado en bajos salarios, el vínculo entre trabajo y desarrollo de las personas no sólo no es automático, tampoco es positivo. Las personas deberían ser la verdadera riqueza de las naciones, y el modelo económico debería tener por objeto ampliar sus oportunidades.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es un índice compuesto que se centra en tres dimensiones básicas: tener una vida larga y saludable, que se mide por la esperanza de vida; la capacidad de adquirir conocimientos útiles, que se mide por los años de escolaridad; y la capacidad de lograr un nivel de vida digno, que se mide por el ingreso per cápita, ajustado por el grado de desigualdad social. Aunque México es la economía número 15 del mundo por tamaño del PIB, ocupa la posición 74 en el IDH. Aguascalientes como entidad federativa se encuentra a la mitad de la tabla nacional.

La calidad del empleo es fundamental para elevar el IDH. Sin embargo, hoy día millones de personas en el mundo trabajan en condiciones de explotación; siguen presentes trabajos, como el infantil y el forzoso, que constituyen graves violaciones a derechos humanos fundamentales. Después del tráfico de armas y de drogas, la trata de personas es la actividad ilegal más lucrativa a escala internacional.

En países como México el trabajo doméstico no está regulado, por lo que es frecuente el abuso: bajo salario, falta de acceso a seguridad social y violencia física o sexual. Adicionalmente, trabajos altamente enriquecedores desde el punto de vista humano, como el voluntariado, el cuidado de las personas y el trabajo creativo, son tipos de trabajo frecuentemente no remunerados, por lo que no se reconoce su contribución al Producto Interno Bruto (PIB).

Esta situación afecta de manera especial a las mujeres, quienes incluso cuando realizan tareas remuneradas, similares a los hombres, ganan un 24 por ciento menos en promedio en el mundo. Para abatir la discriminación por género es necesario establecer políticas de horarios flexibles sin penalizar la promoción profesional y la licencia parental remunerada.

En el caso de los campesinos, que todavía representan un cuarto de la población ocupada a nivel mundial, la mayoría viven con menos de 1.25 dólares al día. Es necesario reconvertir su actividad en una que sea sustentable ecológica y económicamente. Actualmente es responsable de gran parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, sobreexplotación de los mantos acuíferos, deforestación y erosión del suelo. Además de que se desperdicia un tercio de la producción alimentaria total. Es necesario establecer políticas para la adopción de tecnologías y métodos de cultivo mucho más eficientes y respetuosos del medio ambiente.

Junto a este tipo de vicios ancestrales, la globalización y la digitalización han generado nuevos desafíos. Las trasnacionales han llevado sus actividades de maquila industrial a los países de bajos salarios. La deslocalización mundial de empleos en el sector de los servicios es otro fenómeno derivado de los avances en las tecnologías de la información y las comunicaciones.

La generación del milenio, que es la cohorte de edad nacida a partir de 1980, ha alcanzado su mayoría de edad en una época en que las tecnologías digitales dominan el ámbito laboral. Tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados, es deber de los gobiernos garantizar el bienestar de los trabajadores a través de un nuevo pacto social. Aprovechar el futuro que ofrece la revolución digital no es una cuestión del azar, sino de competencias y visión.

La revolución digital no acarreó incrementos generalizados en la productividad laboral, ni en las remuneraciones. Por ejemplo, en el sector automotriz y aeroespacial se han disparado los ingresos de un puñado de ingenieros de clase mundial que se atreven a diseñar, innovar, crear y emprender; en el escalafón inferior, siguen estancados los sueldos para la mayoría de los trabajadores que desempeñan tareas rutinarias de ensamble.

Para que los beneficios del progreso se repartan equitativamente entre las personas, es necesario transformar el sistema educativo a fin de generar más conocimiento, más patentes, más emprendedores y más autoempleados, dentro de un modelo económico incluyente que privilegie la innovación y la creatividad del empresariado local. Garantizar el bienestar de los trabajadores subordinados requiere de legislación y políticas concretas que garanticen sus derechos, la generalización de la seguridad social, y la lucha contra la desigualdad y la discriminación por género, raza o credo.

 

jesusalvarezgtz@gmail.com

http://heraldo.mx/tag/ciudad-viva