Noé García Gómez
La semana pasada dos sucesos ocurrieron en distintas partes de nuestro país y que gracias a las redes sociales y la inmediatez de los noticieros se conocieron en todo el territorio. Uno de ellos despertó no solo indignación y furia, se realizaron boicots, protestas y hasta se quería linchar a los autores (uno de ellos fue golpeado), el otro suceso simplemente pasaron las notas como otra más; además el tiempo dedicado a estos hechos fue desproporcional, en un programa de radio local se dedicaron 14min a uno y solo 3 al otro. Uno de ellos fue el maltrato a dos animales en una tienda de mascotas, el segundo fue el incendio de un asilo de ancianos (al parecer intencional según los primeros peritajes), donde murieron 17 adultos mayores y 15 resultaron con distintos niveles de quemaduras e intoxicación ¿Cuál cree que desató uno y otro hechos? Si pensó que el incendio y muerte de los ancianos, desató reclamos, protestas y furia, además de amplia cobertura en medios se equivoca, el maltrato a las mascotas fue el de mayor indignación. A lo que me pregunto ¿cómo está el termostato de la indignación en nuestro país? ¿Por qué algunas atrocidades y barbaries no nos inmutan pero otros sucesos son catalizadores de frustraciones?
Me considerado un militante del ecosocialimo, creo en la protección de las especies y el cuidado de los animales, detesto y repruebo el maltrato, crueldad o explotación animal de todo tipo, pero ¿Por qué cierta insensibilidad y parálisis ante la tragedia humana e indignación y enojo ante el trato a los animales?
En el país y Aguascalientes existen diversas defensorías de los animales (a los que respeto) que profesionalmente usan medios de comunicación y redes sociales para trasmitir su lucha, y que han puesto en el debate nacional muchos de sus temas; a diferencia de las instituciones de protección a los ancianos, que son desproporcionalmente menores en cantidad, y las que hay sus estrategias son poco efectivas para atraer aliados solidarios.
Datos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición señalan que el 16% de los adultos mayores sufren algún grado de maltrato, desde golpes, ataques psicológicos, insultos o robo de sus bienes o pertenencias y unos 800mil ancianos viven en extrema pobreza y el abandono.
Tendría que resultar éticamente inamisible, moralmente indignante y colectivamente reclamable a las autoridades lo que ocurre en nuestro país con nuestros ancianos. Las nuevas generaciones tan indignadas y entusiastas por distintos temas, deberían de sumar esto a su agenda.
Considero que lo ocurrido en ese incendio es espantoso y terrible, creo que era un punto de inflexión para iniciar un debate y reflexión nacional sobre las condiciones en las que sobreviven nuestros ancianos, sobre el trato que les damos y la insensibilidad de la sociedad ante su cruda realidad, pero que lamentablemente el debate fue opacado por la vejación de unos cachorros (recalco indignante, pero hay que darle su justa dimensión) que redes sociales y medios de comunicación se abocaron a llevarlo a la agenda nacional y nuestros políticos rápidamente lo retomaran, lo anterior habla mucho de la realidad en que vivimos; mientras tanto nuestros ancianos seguirán esperando mejores tiempos para que sus necesidades y problemas sean puestos sobre la mesa, y tal vez, solo tal vez después de resolver el maltrato animal y los derechos de los animales, esta sociedad y su clase política ponga la atención necesaria en el sector de la vejez que ha dado gran parte de su vida para la construcción de este país.
Termino invitando a realizar una reflexión individual buscando auto respondernos ¿Qué nos indigna mas y por qué estoy dispuesto contribuir y luchar?