RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

La manera como dirigirá el presidente Peña Nieto su mensaje, con motivo de su cuarto informe, ha causado muchos comentarios, ya que se saldrá del formato acostumbrado y ahora será un diálogo con unos 300 jóvenes de todo el país; esto se va a realizar el día 1° a las 9 de la noche en la sede del Poder Ejecutivo, sin acceso para la prensa y sólo va a ser trasmitido por el CEPROPIE- Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales- a través de internet. Peña Nieto cambiará la historia de lo que eran los informes presidenciales y ahora entra la modernidad realizando un talk show con invitados a modo, de esa manera evitará confrontarse con quienes lo pueden cuestionar, como antaño tuvieron que aguantar vara algunos presidentes. Con lo anterior estamos viendo una nueva transformación en esta secuela de la responsabilidad constitucional, de que el Ejecutivo le rinda un informe del estado de la nación al Congreso en la sesión inaugural de su periodo ordinario de sesiones, que comienza el 1° de septiembre. Eso es el verdadero informe. Durante muchos años se acostumbró, en beneficio del presidencialismo exultante y caudillesco de los mexicanos, que el presidente acudiera al Congreso, no a rendir cuentas, sino a lucirse con sus cuentas, y en muchas ocasiones a lucirse con sus cuentos. Pero eso se transformó desde el gobierno de Miguel de la Madrid. La transformación fue paulatina, lenta, paso a paso, pero de la interpelación a la extinción pasaron algunos años. ¿Cuando se extinguió el informe presidencial? Se extinguió cuando Vicente Fox fue presidente de la república. Cuando los señores diputados simplemente no lo dejaron entrar al palacio legislativo. Hasta ese momento ningún presidente se atrevió a cambiar el formato, tan reclamado por los legisladores, por la sociedad, por “comentócratas”, “opinocratas”, en fin, quienes decían “Esa es la gran oportunidad que tiene el presidente de la república para contestar, para responder, para dialogar con el otro poder, el Poder Legislativo”. No se logró nunca que el presidente rompiera esa barrera que lo colocaba en un enorme pedestal donde el primero de septiembre de cada año, el día del informe era realmente el día del presidente de la república. Nunca se dio ese cambio y vino lo que ocurrió con Vicente Fox, y sé rompió no solamente una tradición sino también la mínima posibilidad de un acercamiento directo del presidente de la república con los representantes populares. Aunque hay que aclarar que ese cambio no se dio de una manera constructiva, si los diputados y los senadores hubieran modificado el artículo 69 de la constitución hubiera sido otra cosa, pero ese rompimiento se dio porque el poder en turno tenía miedo de los partidos de oposición, ese era el caso de Vicente Fox, donde no tenía, aunque una gran representación sí, lo suficiente para acallar los chiflidos, los gritos y la contestación. Los partidos de izquierda, también alevosos, gritones, como Muñoz Ledo con Miguel de la Madrid en el quinto informe de gobierno. Recordamos aquella máscara de cochino. Eso fue lo que alejó, o expulsó, al Jefe del Ejecutivo y derruyo los cimientos del día del presidente, al impedirle la entrada a Vicente Fox al edificio del congreso, lo cual no era una responsabilidad del presidente, era una responsabilidad, o decisión, de los diputados y los senadores, los cuales si deveras hubieran querido eso que tanto pregonaron, pero de dientes para afuera y nunca hicieron a pesar de sus conveniencias coyunturales, se podía haber modificado la constitución, no para que el presidente rindiera un informe, sino para que el presidente compareciera y explicara el informe que presentaba, y que contestara preguntas. ¿Por qué no lo hicieron? ¿Por qué el poder legislativo nunca legisló? Pues porque es mucho más fácil patear y gritar, que legislar, con el riesgo de que en un tiempo por venir el presidente sea de su partido y entonces lo vean sometido al escarnio al que las oposiciones sometieron, no a los presidentes del PRI, sino a los presidentes del PAN, porque todavía en el esquema antiguo de eso mal llamado, con una frase que todo mundo compró en la presidencia imperial, que es simplemente una cuestión de “branding” y de mercadotecnia, pero en los tiempos de la presidencia imperial y del pasillo imperial y todas esas cosas que inventaron algunos políticos. En ese tiempo recordemos el quinto informe de Ernesto Zedillo, cómo Carlos Medina Plasencia convirtió la respuesta al informe en el tribunal, en un juicio sumario contra el presidente de la república, sin que el presidente hubiera caído en la trampa, y no era un presidente priísta…¡era Zedillo! que era lo más alejado posible de un priísta. Zedillo se quedó callado y aguantó el balde, el cubetazo de agua fría. Quién desperdicio la oportunidad de llevar el informe presidencial a un terreno democrático fue el Congreso, no el Ejecutivo, el Ejecutivo sigue cumpliendo con la constitución y como no podía cumplir con el ritual, transformó el ritual y se lo llevó al palacio nacional. Caminó 20 cuadras, del palacio legislativo al palacio nacional, con sus invitados, en un ambiente controlado –eso lo inauguró Felipe Calderón- y después en los primeros informes de Enrique Peña Nieto se repitió esa tradición, que ahora viene a ser sustituida por un mensaje interactivo con una conferencia, en un formato que no se entiende claramente, de un diálogo con los jóvenes, aunque no sabemos el porqué nada más con los jóvenes, en tanto que los jóvenes no representan en este país nada, más que una porción de la población. Tampoco sabemos cómo fueron seleccionados esos jóvenes, a quién representan, que forma de pensar tienen, de que estados de la república fueron detectados, no sabemos si serán los mejores estudiantes de sus preparatorias. Se sabe que algo parecido ya ha llevado a cabo Eruviel Ávila en el Estado de México, toda proporción guardada. Aunque quizás en el Estado de México sea más fácil este ejercicio porque es un universo más concentrado, aunque es un estado muy grande, con mucha población, quizás se haya podido lograr algo que valga la pena, pero no se sabe como saldrá este experimento, no sabemos cuál es la razón de hacerlo en un ámbito cerrado, sin medios de comunicación; no sabemos porqué lo tienen que pasar por internet si tienen una gran cantidad de canales públicos. Podría pasar por el Canal 22, o el Canal 11, o, sobre todo, el Canal del Congreso, porque es una consecuencia del cumplimento de un mandato constitucional que tiene que darse, como lo menciono líneas arriba, en el principio del período de sesiones del congreso; en fin, son muchas las preguntas de cuántos son y porqué son esos los que van a hablar con el presidente, o los que van a escuchar esta especie de conferencia interactiva, que no sabemos si va a ser realmente así. Lo que sí sabemos es que este ánimo de cambio en el formato del informe, debería tener, según mucha gente espera, otra clase de cambios dentro de la administración pública. Cambios que tienen que ver con el equipo de los colaboradores del presidente y cambios que tienen que ver con ciertas políticas de gobierno que hoy no están del todo exitosamente presentadas ni consumadas. Se insiste que habrá cambios y movimientos de funcionarios luego del informe. Aunque esto siempre ha sido un deporte nacional, el elucubrar sobre movimientos o despidos ¿Cuándo es el momento de hacer cambios en el gabinete? Después del informe.