Cirze Tinajero
Agencia Reforma

OCOSINGO, Chiapas 13-Feb .- El rugido eriza la piel, parece que a unos cuantos metros se encuentra un enorme felino, enojado y listo para emprender una batalla campal.
Hallarse en medio de la selva, entre lianas y maleza, no contribuye a calmar los nervios. Tampoco el haber navegado durante más de 30 minutos en una lancha motorizada por el Usumacinta hasta llegar a Yaxchilán. En esta zona arqueológica, que fue una de las ciudades más importantes de la cultura maya, tanto el fuerte rugido como el miedo, una vez más se hacen presentes.
¿Es un jaguar? ¿Qué tan cerca está? ¿Qué se debe hacer? ¿Hay peligro?
Tantas preguntas provocan gracia entre los lugareños, quienes explican que en realidad se trata de un saraguato o mono aullador. Estos curiosos y estridentes peludos llegan a medir entre 50 y 70 centímetros, y su cola suele ser del mismo tamaño que su cuerpo.
A pesar de que el bramido se escucha muy cerca, la gente de la zona explica que se halla como a unos dos o tres kilómetros de distancia.
Ya con los nervios más tranquilos y prestando más atención, se percibe que el aullido viene del otro lado del Usumacinta, donde ya es Guatemala.
Abundancia maya
Hace más de dos mil años en esta área proliferó la cultura maya, en gran medida por cuestiones de comercio. Yaxchilán representó una de las ciudades más importantes de la cuenca del Usumacinta; aunque como zona arqueológica no es tan visitada como Palenque o Bonampak, especialmente porque a ella solamente se puede llegar a bordo de una lancha o avioneta.
En la actualidad, los turistas sólo puede acceder a ciertas áreas: parte de la Gran Plaza, la Gran Acrópolis, la Acrópolis Pequeña y la Acrópolis Sur.
Cuando el tiempo apremia, sin duda hay que darle prioridad a la Gran Plaza.
Para llegar a ella, hay que atravesar el edificio 19, conocido como El Laberinto. Este último posee una compleja distribución de cuartos. Los pasillos son angostos, oscuros y presumen algunos murciélagos y arañas. Incluso, en algunas zonas hay que agacharse.
El viajero poco orientado tardará un buen rato en salir de ahí, pero una vez que lo logre se encontrará con la Gran Plaza donde se localiza el juego de pelota y pequeños edificios que parecen haber tenido la función de palacios.
La importancia de Yaxchilán no radica solamente en la belleza de su arquitectura, sino también en sus jeroglíficos, distribuidos en 30 estelas, 21 altares y 59 dinteles. Aunque es el Edifico 33 -un antiguo templo de sacerdotes- el que más llama la atención. Está sobre una colina de 40 metros de altura y es la obra más importante realizada por el gobernante Pájaro Jaguar IV y también la mejor conservada.
Para llegar a esta estructura se requiere de buena condición física, además hay que lidiar con decenas de escalones resbaladizos, a fuerza de estar cubiertos por musgo.
Dentro del Edificio 33 se observan algunos murales y esculturas. Pero lo mejor es la vista panorámica que se disfruta desde este punto: la Gran Plaza, el tranquilo valle y otros vestigios coloreados por el verdor de la selva. A lo lejos se escucha de nuevo ese rugido, aquel que un inicio logró espantar a varios.