RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Muchas cosas se iniciaron a partir del 1° de septiembre en la cámara de diputados. Se inició la segunda mitad del gobierno del presidente Peña Nieto, si es que tomamos como fecha la presentación del informe de gobierno. La ceremonia política del presidente fue desplazada de San Lázaro al Palacio Nacional. Esto fue a partir del segundo informe de gobierno de Felipe Calderón cuando se tomó la decisión de que el presidente de la república, así lo decidió él, no lo establece ninguna ley, convocara en ambiente controlado a dar un mensaje con respecto al informe y esto ya se volvió tradición. Esto fue a partir de lo que ocurrió a partir de una degradante determinación que tomó el Congreso de renunciar a su papel de interlocutor vigilante del poder ejecutivo. Solamente a un espíritu torpe se le podía haber ocurrido que la mejor manera de controlar al presidente era no mirándolo de frente. Desde que Vicente Fox tuvo que quedarse en la puerta porque no lo dejaron pasar, en su sexto informe, después ya el panismo decidió que si no querían al presidente, pues no iba, en vez de pelear para que hubiera una verdadera rendición de cuentas, o sea un informe. Los gobiernos que inventaron eso de la transparencia, los gobiernos del PAN, aceptaron que el Congreso les dijera ¡váyanse de aquí! Y se fueron. Por eso ahora se hace una cosa solamente ritual. El secretario de Gobernación llega a San Lázaro le entrega el informe a la mesa directiva, se lo dan a Zambrano y después será analizado. Pero se perdió un intercambio directo. Ahora bien: ¿Qué va a hacer el Congreso en esta LXIII legislatura? Los diputados tienen frente a ellos un problema muy serio que es un presupuesto que presupone escases, recorte, disminución, ausencia de recursos, etc. ¿Por qué? Pues porque la base cero, sobre la cual se va a plantear este presupuesto, no puede ignorar lo que de antemano ya está destinado y que no se puede mover, que son asuntos que tiene que ver con las pensiones, los salarios, los maestros, las participaciones federales municipales y estatales, la deuda, etc. Todo eso ya está y se lleva más del 75 u 80%, que podrá ser de 3.8 billones de pesos, y eso ya no se puede tocar. Lo cual le deja un margen de maniobra muy pequeño al gobierno, porque el gobierno no puede aumentar deuda, sería catastrófico. No puede aumentar el déficit, pues también sería fatal. No puede subir los impuestos, porque ya no hay a quién subirle los impuestos. O se los van a subir a los mismos que ya se los subieron. ¿Y qué les queda? Recortar el gasto, pero eso implica un ambiente si no recesivo por lo menos un ambiente de freno constante en la economía. Un estancamiento de una economía que ya de por sí viene reduciéndose en su volumen de desarrollo año con año y que lo acaba de decir la Secretaría de Hacienda y también el Banco de México, no va a pasar del 2.3 %. Una cifra absolutamente insuficiente en un país que no genera los empleos que necesita. Se necesitan 1,300 mil empleos y se generan cuando mucho 500 mil, lo que hace que se siga acumulando el déficit del empleo y ahora esto agravado porque no tenemos ingresos petroleros y agravado también porque la crisis del dólar le pega a todo el mundo. Los diputados van a sufrir por el trabajo, no por sus ingresos, pues ya dijeron que los ingresos del legislativo así van a quedar. Ellos van a tener un trabajo tremendo de aquí a que terminen el presupuesto, va a ser muy difícil y arduo; demasiados jaloneos, demasiadas negociaciones. ¿Y en el Senado qué va a pasar? Ahí no va a pasar nada. Claro, hay más de 80 leyes que están ahí esperando, pero pueden seguir esperando, eso no es urgente. Lo urgente en materia legislativa que iba a haber en este periodo, en esta etapa de México, ya ocurrió, la LXII legislatura hizo lo que muchos no pudieron hacer, algunos dicen que lo hizo muy bien, otros que lo pudo haber hecho mejor, pero todos reconocemos que lo hizo. ¿Querían las reformas? ¡Ahí están todas! Absolutamente todas, ¡hasta las que nunca se pidieron! Telecomunicaciones, Energía, etc. Todo está ahí. ¿Qué queda pendiente? Un poco de lo del sistema nacional anticorrupción, algunas cosas de seguridad pública, la policía única, etc. Todas esas cosas que son más bien de procedimiento. En la Cámara de Diputados queda pendiente la nueva circunstancia federativa del Distrito Federal, en fin, son cosas que lo mismo da hacerlas ahorita que dentro de seis meses. Entonces el Senado recuperará la paz propia de la senectud. Todo mundo estará buscando si sacan ahí algunos de los candidatos para el año próximo, ya hay quién está promoviendo una mujer para el estado de Chihuahua. Todos andan viendo a quién imponen, a quien empujan, cómo se acomodan, etc. Pero donde sí se ve un asunto verdaderamente de proporciones colosales es cómo van a hacer este presupuesto y cómo con este presupuesto podrá el país cubrir sus necesidades, permitir un gasto racional en el gobierno y acelerar un desarrollo nacional que está, digan lo que digan las palabras especializadas de los economistas, atorado, estancado, desde hace muchos, muchos años en este país. México debería estar creciendo a más de 6 o 6.5%, como creció en el último año de Zedillo, y simplemente por una razón, por angas o mangas, México es un país que no crece y si no crece no avanza.

Ahora bien, el mensaje de Peña Nieto, con motivo de su tercer informe, lo mismo que su informe, me parecieron dantescos. ¿Por qué? Pues porque así comienza la Divina Comedia. Dante reflexiona, escribe, piensa en Beatriz y dice que va al mezzo del giorno, a la mitad del día, a la mitad del camino, ¡el mezzo del giorno de la vida!, y este fue un mensaje dicho a la mitad de la jornada, de la vida sexenal de un gobierno, que, como todos sabemos, tiene fecha de principio y de terminación. Así, a la mitad del camino de la vida, hundido en la azarosa selva oscura, el presidente llegó y nos habló de algo que me parece muy importante: la creación de una Secretaría de Cultura. Dicen las personas que están cerca del presidente, que esto se hace porque México necesita una institución que englobe todos los esfuerzos en materia de cultura, promoción y divulgación, que esté a la altura de la potencia cultural que es México. Y me parece que fue muy interesante ver como dos temas se mezclaron: El tema de la educación y el tema de la cultura. ¿Qué temas puede tener la cultura que no pase primero por la educación? Sin educación la única cultura que se crea es la subcultura de la ignorancia. De la cual también en México tenemos muchas pruebas. Un país educado produce una cultura alta, sólida y defensiva. Lo que más puede defender a los mexicanos en el tiempo de la globalización es la cultura. ¿Qué cultura? La cultura es entender la vida con los valores de la tradición, del pasado, de la creatividad; entonces vamos a tener en época de recesión del gasto público, una Secretaría de Cultura que el presidente nos dice que no va a costar, con lo cual da a entender que lo que vamos a hacer es a cambiarle de nombre a CONACULTA, y a convertir a Rafael Tovar y de Teresa, de presidente de un consejo a secretario de estado. No sabemos si después el CONACYT pretenda ser la Secretaría de la Ciencia y la Tecnología, y asimile al Politécnico. No sabemos si todos los consejos se van a convertir en secretarías, no lo creo. Pero aquí estamos desde la sola definición: el presidente afirma la tenacidad implacable del gobierno para continuar con la reforma educativa, lo cual es algo que todo mundo debe reconocer. La reforma educativa, a pesar de los estorbos oaxaqueños, va marchando, dejó en el camino un cadáver, a veces injustamente maltratado, que fue Emilio Chuayffet, pero finalmente la reforma educativa es algo importante; ahora se quiere complementar con programas de idiomas, sobre todo el inglés. Se van a emitir bonos de infraestructura educativa, para arreglar todas las escuelas que están en ruinas. Creo que será algo muy interesante, si se logra. Lo que no nos dijeron es cómo se va a estructurar esa Secretaría y a partir de cuándo va a existir. Pero es un hecho su creación.