RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El Chapo Guzmán es el único reo, del mundo, que se ha logrado evadir de un penal de alta seguridad dos veces. A media semana el Secretario de Gobernación dio a conocer videos en los cuales se observa cómo el Chapo abandona su celda en el penal de máxima seguridad del Altiplano, a través de un agujero en el piso del baño de su celda. Sin duda un golpe duro para México el que sufrió el Presidente Peña Nieto, cómo líder de los mexicanos, en el viaje, que evidentemente no se iba a suspender, por Francia. El presidente tardó en reaccionar públicamente a la fuga del “Chapo”, de la cual se enteró durante una escala del TP 01, avión Presidente Carranza, avión presidencial, en vuelo hacia Paris para cumplir esta visita. En esta escala técnica para ponerle combustible a la nave, el Presidente estuvo encerrado con el Secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade; con el Secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso y con el jefe de la oficina de la presidencia de la república, Aurelio Nuño. Peña no dio la cara a la prensa que lo acompaña en esos viajes. Según trascendió, el presidente en ese momento había girado instrucciones al Secretario de Gobernación, quién ya se encontraba en París, para que regresara inmediatamente a México y encabezar los esfuerzos del gabinete de seguridad nacional para proceder a la indagatoria y recaptura del “Chapo” Guzmán.

Esta fuga me parece que es algo que va a tener una repercusión brutal, de aquí al final de este gobierno. Cuando el presidente de la república anunció con mucho gusto, en febrero del año pasado, la reaprehensión del “Chapo” Guzmán, muchas personas consideraron que ese era un indicio de la seriedad con que se estaba abordando el asunto de la lucha contra el crimen organizado y se veía algo, que si bien no tenía una enorme importancia por capturar a una persona, sí por haber capturado a una persona que se había evadido de la custodia del gobierno mexicano. Y se le había evadido a un gobierno antagonista del partido del presidente y le permitía decir: “Ellos lo dejaron ir, nosotros lo reaprehendimos”. Hubo también un poco de jactancia y de inmodestia, así como de un riesgo grave al decir: “Ya he ordenado que se le vigile bien, sería imperdonable que se volviera a fugar”. Y de pronto, como si fueran los tiempos que se suponía ya habíamos superado; de una prisión mucho mejor “organizada”, el “Chapo” se va, pero ya no en el carrito de la lavandería, se va después de una operación industrial, de dimensiones verdaderamente ingenieriles, de primer mundo. No es posible creer que todo esto se pueda hacer sin que nadie se percate. Cómo si las piedras al moverse y el piso al romperse no hicieran ruido. Sin que nadie supiera, nadie oyera, nadie viera. El mundo de los ciegos y de los mudos dentro de la prisión. Prisión a la cual se le aflojaron los controles internos después de que el “Chapo” Guzmán -y ese es un dato que pocos han querido comentar-, y la “Barbie” organizaron a más de mil reos en una huelga de hambre, en julio del año pasado; al amparo de los Derechos Humanos se “aflojaron” muchas cosas dentro de la cárcel. Se les permitieron cosas que no se les permitían; en un sistema carcelario en que no debe permitirles ¡absolutamente nada! En una prisión de alta seguridad deberían estar prohibidas las visitas; las reuniones entre presos; deberían ser sistemas de celdas aisladas, confinadas, silenciosas y apartadas. Deberían de ser calabozos. No prisiones. No prisiones en el sentido de la readaptación social, que es otro de los mitos del sistema penitenciario mexicano. Después de esa huelga de hambre, que no debió el gobierno haber permitido, debió haberlos dejado, haber cuanto hubieran resistido. Alguna vez dijo Margaret Thatcher: “Yo no puedo obligar a nadie a comer”.

Las autoridades aflojaron en esto y aflojaron no se sabe en cuantas cosas más que no se conocen, y ahora resulta que el “Chapo” tenía hasta su televisión y quien sabe que canonjías más. Dos penales de máxima seguridad vulnerados por la misma persona en diferentes épocas de la recomposición democrática de este país lo único que merece es una frase: “El ridículo absoluto”. Y si la primera recaptura del “Chapo” le dio un respiro de legitimidad y eficacia a este gobierno, hoy esta fuga pone a este gobierno en un riesgo de inestabilidad, por lo menos en lo que tiene que ver con una de las dos fundamentales series de su quehacer y del interés de la gente, que es la seguridad pública. ¿Cómo pueden garantizar la seguridad de un país, cuando no pueden garantizar la seguridad de una prisión? Y a partir de ahí, se valen todas las preguntas, todas las especulaciones, y lo único a lo que el gobierno hoy tiene derecho, no es a encontrar al “Chapo”, que me atrevo a decir que si la primera vez tardaron más de doce años en encontrarlo, vamos a suponer que hoy tarden la cuarta parte, o sea tres años, o sea cuando los actuales funcionarios ya no estén en el cargo. Pero lo que sí puede hacer hoy el gobierno es castigar a los culpables. Pero no a los culpables que trabajaron en el camión de volteo; no al albañil que hizo el agujero, no, a ellos no, sino a los verdaderos culpables de un sistema absoluta y totalmente corrompido, podrido e ineficiente. Si esto nos va a regresar a los tiempos de las prisiones zacatecanas, de donde se fugaban 60 de un jalón; o a la prisión de Tamaulipas, de donde se fueron 100 de un golpe; hoy, con uno que se va por segunda ocasión, tenemos suficientes elementos para decir que el sistema de seguridad nacional, del principio al fin, de la cabeza a los pies, no sirve. Y si no sirve es más fácil hacerlo que sirva que encontrar a un prófugo de los tamaños del “Chapo” Guzmán.

La comisión bicameral de la Cámara de Diputados ya mandó llamar a los responsables del sistema de seguridad y llamó la atención que se haya convocado a una reunión con el embajador de los E.U., el señor Earl Anthony Wayne, que estuvo con el Secretario de Gobernación, y que evidentemente lo protocolario y la información pública de esta reunión tiene que ver con la oferta del gobierno de los E.U. para participar en la búsqueda del “Chapo”, ofreciendo todos sus oficios de calidad para utilizar todos sus sistemas de rastreo, vigilancia y espionaje, todo lo que ellos tienen y que supuestamente también lo tenían cuando la primera fuga, lo cual no impidió que con toda la colaboración del gobierno americano el “Chapo” se haya evadido de la acción de la justicia durante más de doce años, por lo que si se van a utilizar los mismos recursos de persecución y búsqueda podríamos suponer que se van a tardar unos cuantos años en capturarlo, cómo se menciona líneas arriba.

Llama la atención que el gobierno de los E.U. haya sido tan insistente en esta oferta de colaboración, porque esta reunión entre Wayne y Osorio Chong se produce después de la llamada telefónica entre la Procuradora Loretta Lynch y la Procuradora Arely Gómez. Quiere decir que los más importantes funcionarios del gobierno mexicano han estado en contacto con el gobierno de los E.U. “después de”, pero sabíamos que también estaban en contacto “antes de”. La colaboración entre los gobiernos de E.U. y México, en materia de seguridad no es algo nuevo, y hasta el día de hoy es algo insuficiente, porque después de la iniciativa Mérida y de toda la facilidad que el gobierno mexicano ha tenido para abrirles el espacio aéreo, los mares, los drones, toda la presencia aquí de los agentes de la DEA, la muy reciente apertura para que los agentes de las aduanas americanas estén aquí armados en nuestros recintos aduaneros, fiscales, en fin, no sabemos qué otra forma de colaboración mayor pueda tener el gobierno de E.U. en México. Y tampoco entendemos muy bien qué fue lo que pasó con todo este proceso de la extradición.

Los delincuentes colombianos alzaron toda una gran protesta dentro de su país y endurecieron sus métodos de respuesta contra el estado colombiano, precisamente por las extradiciones. Decía la gente de Pablo Escobar: “Preferimos una tumba en Colombia, que una cárcel en los E.U.”. Aquí de pronto, en el caso del “Chapo”, todo se detuvo. La extradición no solamente no se logró, sino que ni siquiera se solicitó formalmente. Y uno tendría que preguntarse ¿Por qué? Por qué se quedó todo en una especie de intento, de que se iban a solicitar en base a unos protocolos internacionales la extradición de este y de otros. Pero a otros de menor cuantía se les entregó de inmediato. Es más, ni siquiera pisaron las cárceles mexicanas cuando ya se habían ido a los E.U. En este caso todo es una especie de reclamación post fuga. No se sabe cuales vayan a ser las repercusiones internacionales de todo esto, una de ellas quizá sea de cómo va a impactar en el concierto internacional, ésta fuga, en la imagen del presidente y desde luego de México.