1ª Función
“LOS 8 MAS ODIADOS” (“THE HATEFUL EIGHT”)
Una regla no escrita del género Western dicta que sus personajes producen todas sus acciones en base a una psicología forjada en un ambiente hostil donde la atmósfera antropocéntrica se carga a los modelos darwinistas sobre la supervivencia del más fuerte excluyente en el caso de presencia de damas, niños o seres indefensos si se es el heroico protagonista o de dinero si se es el antagonista. Esto se cumple desde los filmes de John Ford hasta las desaliñadas propuestas de Sergio Leone, forjando el arquetipo del vaquero y los aspectos circundantes a su histórico universo narrativo. “Los 8 Más Odiados”, la más reciente cinta de ese otro chiquillo berrinchudo del cine posmoderno que no se apellida Iñárritu sino Tarantino, es toda una oda a dicho fenómeno arquetípico, pues sus personajes se muestran más interesados en exponer su ruda y procaz naturaleza como un resultado de su medio ambiente y no como entidades diseñadas para funcionar en un contexto de verosimilitud narrativa. De hecho, este filme funciona más como un proyecto encaramado a la inercia que produce su director en la sensibilidad mediática al desarrollar su historia como si se tratara de un “Perros de Reserva” ubicado en el Viejo Oeste sin considerar un nivel de propuesta o siquiera revisionista a su vieja usanza. Pero el filme funciona, pues si algo ya quedó claro en el cine de Quentin Tarantino, es que sabe encuadrar y acompasar su concepción de lo cinematográficamente cool sin demasiadas poses o estridencias petulantes pero sí ciertas dosis de sangronería propio de todo autoproclamado autor. La cinta es un trabajo de ensamble actoral que fusiona cualquier texto de Agatha Christie sobre la identificación de un criminal oculto en el anonimato y la ya mencionada ópera prima de su director, al comprimir su espacio argumental en una sola locación donde nueve personajes desarrollarán una dinámica que escala a un inevitable baño de sangre. John Ruth (Kurt Russell) es un cazarrecompensas de mediados de siglo XIX que lleva apresada a la peligrosa facinerosa Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh) con rumbo al poblado de Red Rock con el fin de cobrar el pago por su captura. En el trayecto se topa tanto con el Mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson), otro cazarrecompensas que lleva su propio botín en calidad de difuntos con el mismo destino y un soldado confederado llamado Chris Mannix (Walter Goggins) quien asegura ser el nuevo sheriff del pueblo al que se dirigen. Una terrible ventisca helada los obliga a buscar refugio en una cabaña-mercería ocupada por sujetos de aspecto truculento: el estirado verdugo Oswaldo Mobrey (Tim Roth), un sombrío ganadero llamado John Gage (Michael Madsen), un mexicano modelado en los clichés fílmicos más aberrantes de nombre Bob (Demián Bichir) y un avejentado general sureño (Bruce Dern). Las siguientes doce horas plantearán un misterio sobre la identidad de dichos personajes al revelarse gradualmente que no todos son lo que dicen ser, generando una intriga detectivesca que deberá sustentarse en la marca registrada del idiolecto tarantinesco por desarrollar largos planos de charlas, discusiones y conversaciones que llevan a puntos de revelación y confrontación cargados de violencia tanto física como verbal con un giro de tuerca en el tercer acto que no deberá resultar muy sorprendente si se pone atención a los elementos puestos en escena. Definitivamente resulta un trabajo más resultón y entretenido que el western previo del polarizante director – “Django Sin Cadenas”-, pero también resulta muy diluido en cuanto a propuesta y discurso, pues Tarantino ya deja ver los hilos muy claramente desde “Bastardos Sin Gloria” y aquí ya estorban en el proceso, pues el resultado es tan semejante a los dramas samurai japoneses filmados en los 50’s-60’s como “Duelo En El Templo Ishijoji” de Hiroshi Inagaki, cinta de culto que es prácticamente recreada por Tarantino en esta película. El toque de gore es el esperado con un sabor a Grand Guignol, los actores logran, una vez más, darle potencia a los personajes conjurados en la febril mente cinéfila del cineasta y la maléfica composición melódica del mítico Ennio Morricone es atmosférica, por lo que “Los 8 Más Odiados” (que en realidad terminan siendo 10) no termina siendo odiable, tan sólo levemente irritante por una calidad y brío narrativos que se extravían con facilidad en los recovecos que el director seguramente conceptualiza como geniales. Esta cinta simplemente no sobrevivirá a un duelo con la historia.

2ª Función
“LA HABITACIÓN” (“THE ROOM”)
“La Habitación” existe en dos lugares diferentes con dos personas habitándolos que son a la vez tan distintos y simbióticos como una paradoja emocional, tal cual una relación entre madre e hijo debe ser. La vida que insuflan ambos personajes en el filme es admirable, pues de ellos depende todo el contexto anímico y psicológico de la película y gracias al trabajo de la incipiente pero muy prometedora Brie Larson y el pequeño Jacob Tremblay la cinta logra superar la valla del melodrama frío que se distancia de su tema a un trabajo envolvente en cuanto al factor humano y dramático se refiere. El cincoañero Jack (Tremblay) y su Mamá (Larson) viven confinados en un diminuto cuarto que posee los servicios básicos (cocineta, retrete, una cama, un armario, etc.) como una muestra de torcida generosidad por parte de su captor, un sujeto referido tan sólo como el Viejo Nick que secuestró a la joven siete años atrás y que la mantiene prisionera como un objeto de placer perverso, pues ella es tan sólo el receptáculo de su semilla a la vez que él le procura alimento, ropa y una televisión, como una mascota de quien obtiene sexo a cambio. De estas fornicaciones es de donde procede Jack, y ahora ante la inquietud de ella por procurarle una vida normal en el exterior deciden escapar. Una vez afuera es cuando la cinta encuentra su centro narrativo, pues el segundo y tercer acto mostrarán a estos personajes en un proceso de reaprendizaje ante su entorno, la familia que ella ha recuperado debido al monstruoso acto de posesión de Nick y sobre ellos mismos, pues la fractura perceptual cometida a su psique no es una fácil de reparar. El director Lenny Abrahamson mantiene todo el desarrollo narrativo dentro los límites de lo posible, explorando la relación entre madre e hijo tanto en una vía muy emocional como codependiente, pues ambos necesitan de uno al otro para subsistir existencialmente, lo que provee momentos muy interesantes en esta cinta pues mientras Jack renace al encarar un mundo que le resulta completamente ajeno su Mamá -jamás se revela el nombre- debe insertarse en un mundo que la ha dejado atrás. Conmovedora, íntima y muy bien actuada, la cinta deja claro cuán frágil es la naturaleza humana cuando se cuenta tan solo con un tragaluz para percibir el exterior, expandiendo un sólo cuarto en un universo de emociones que solo una madre y su retoño pueden llenar. Para muchos, tal vez les sea fácil salir de la habitación, pero lo difícil es sacar a la habitación de ellos mismos, y esto es lo que torna valiosa a la narrativa de esta cinta. De lo mejor en cartelera esta semana.

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