Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

El primer eje del nuevo modelo educativo plantea poner la escuela al centro del sistema educativo y para que la escuela surta los efectos deseados, de acuerdo con la visión del nuevo modelo, se requiere transformar la cultura imperante en ella, sobre todo en aquellos aspectos que se mencionaron en el escrito anterior. En esta ocasión abordaremos el segundo eje: El planteamiento curricular.

El planteamiento curricular se refiere al conjunto de temas, habilidades, actitudes y valores que se adquieren o desarrollan en la escuela. Esto es, es el contenido de los planes y programas de estudio. En la propuesta curricular, la mayoría de las asignaturas siguen siendo las mismas y no cambian mucho en la esencia de su temática; por ejemplo, en preescolar siguen teniendo vigencia los campos formativos: lenguaje y comunicación, pensamiento matemático, conocimiento del medio natural y social, desarrollo corporal y salud y desarrollo artístico y creatividad; en cambio, la novedad será el desarrollo emocional. En primaria y secundaria también siguen vigentes español, matemáticas, ciencias y tecnología, historia, geografía, formación cívica y ética, desarrollo corporal y salud (educación física) y desarrollo artístico y creatividad; el desarrollo emocional en primaria, al igual que en preescolar, es la novedad como asignatura y en secundaria se recupera la orientación y tutoría. En síntesis, perdura la mayoría de las asignaturas ya conocidas y lo nuevo será el desarrollo emocional y la integración de la tecnología con las ciencias; así mismo, habrá que destacar, del planteamiento curricular, la desaparición, en secundarias, de las asignaturas tecnológicas como electrónica, mecatrónica, electricidad, informática, computación, dibujo industrial, industria del vestido, carpintería y todas las demás que se imparten en este nivel.

Lo que el modelo destaca, principalmente, son nuevos enfoques o nuevas orientaciones que se pretende dar a la propuesta curricular en los procesos educativos. Por ejemplo, de la gran cantidad de conocimientos científicos y tecnológicos que existen en cada asignatura, el maestro debe preguntarse ¿qué de todo esto debo enseñar a los alumnos?, ¿qué es lo más importante para ellos y para qué les servirá lo que enseño?, ¿qué deben aprender los niños y los jóvenes para enfrentar con éxito los retos del siglo XXI?, ¿cómo debo enseñar para que los educandos aprendan efectivamente lo que necesitan? Podemos tener muchas respuestas de estas y otras preguntas; sin embargo, para contar con las respuestas más certeras y más concretas será necesario el dominio de la materia que impartimos, el conocimiento integral que debemos tener de nuestros alumnos (de sus intereses, necesidades, capacidades; de lo que les agrada, de cómo aprenden y de sus debilidades, entre otras cosas); y también conocer el contexto social, económico y cultural de las familias de donde proceden los educandos. Con fundamento en esta información podemos darle el enfoque u orientación a nuestra enseñanza de manera que los aprendizajes desarrollados en los alumnos resuelvan con éxito lo que diariamente enfrenten en la vida real. No se trata, pues, seguir con la memorización de conocimientos; sino aplicar éstos en los hechos de la vida cotidiana empleando el análisis, la reflexión, la comparación, el pensamiento crítico, el razonamiento lógico, la valoración y la toma de decisiones. De esta manera estaríamos respondiendo, en parte, el qué, cómo y para qué enseñar, que el nuevo modelo plantea inicialmente. Y en estos menesteres es donde los maestros necesitamos, invariablemente, el apoyo técnico y el acompañamiento pedagógico de los directores, de los supervisores y de las autoridades educativas. Hay más enfoques en la propuesta curricular y también hay otras formas de organizar los campos formativos y las asignaturas, los cuales abordaríamos próximamente; también se requiere analizar, reflexionar, hacer observaciones y hasta sugerir algunas soluciones en relación con la desaparición de las tecnologías en secundarias. La desaparición de una asignatura, en los planes y programas de estudio, no consiste en quitarla y ya, sino que obliga pensar, con fundamentos, en los beneficios y perjuicios que la medida impacta en la preparación de los estudiantes; en los beneficios y perjuicios que impactan laboralmente a los docentes de las tecnologías; y, en caso de ser necesaria y recomendable la desaparición de estas materias, ¿qué hacer con los docentes desocupados? De igual manera, habrá que meditar, con razonamientos lógicos, ¿qué implicaciones tiene crear una nueva asignatura como el desarrollo emocional y el hecho de integrar las ciencias con la tecnología?, ¿estamos preparados los maestros para enfrentar los nuevos planteamientos? Hay materia para seguir reflexionando.