victimaItzel Vargas Rodríguez
Desde que era niña, recuerdo que las telenovelas tanto de Televisa como de Tv Azteca han tenido siempre un esquema parecido. Un amor imposible entre dos protagonistas buenos y guapos que se encuentran en circunstancias desafortunadas, villanos que intervienen para que la felicidad de los protagonistas se vea mermada y terceros que ayudan a que tanto los primeros como los segundos lleven a cabo su cometido. A eso le agregaremos toques de mucho drama, engaños, cárceles, falsos hijos, diversas vestimentas y contextos históricos variantes y tendremos la receta tradicional de la típica novela.
Lo que ha venido a revolucionar estas narrativas imponiendo esquemas más recientes e innovadores, han sido precisamente las nuevas series televisivas que son producidas principalmente por grandes empresas productoras y canales televisivos provenientes del extranjero y principalmente, de Estados Unidos. Llama la atención cómo ahora las temáticas de zombies, producción de drogas, superhéroes, dramas de médicos e historias épicas y sangrientas han ido tomando protagonismo. La diferencia entre los protagonistas de las clásicas telenovelas y este tipo de series es, que los protagonistas son las víctimas de las circunstancias porque son personas buenas, que tienen que aguantar todo lo que el destino les ponga enfrente porque al final han de recibir su recompensa. Y las series de televisión más recientes muestran a los protagonistas como personas cuyas decisiones marcan las pautas de su destino, mismo que los puede llevar incluso a la misma muerte, pero el marco idóneo por supuesto, es que al final de la faena de decisiones que han de tomar, han de encontrar su felicidad. Y entonces la victimización juega un rol diferente, el protagonista es víctima no de las circunstancias, sino de sus propias decisiones.
Todo este planteamiento lo pongo sobre la mesa, para tocar un tema en donde la realidad salta completamente la ficción y en donde ambos esquemas narrativos aplican en lo más mínimo en el contexto mexicano actual en que viven los jóvenes, si usted me pregunta, los representantes del sector etario más victimizado de la sociedad, que se mueve por decisiones propias, acorde a sus aspiraciones, sueños, posibilidades, pero cuyo resultado no precisamente es el de un final feliz, en donde por ejemplo encuentre ámbitos para desarrollarse, expresarse, colaborar socialmente, sino más bien, el de un final en donde predominan las precarísimas posibilidades que el contexto social actual le impone, tomando los trabajos que puede, viviendo en condiciones de pobreza y con un futuro marcado y pronosticado con anticipación, por la inestabilidad e incertidumbre.
Le explico, los datos oficiales han mostrado por años que las condiciones sociales en las que se encuentra este sector son muy vulnerables. La mitad de los jóvenes que viven en México se encuentran en condiciones de pobreza y estamos hablando de casi 30 millones de personas. 7 de cada 10 no tiene acceso a la educación superior y aunque en los últimos años ha aumentado la cantidad de jóvenes que estudian una carrera profesional, como se puede observar, claramente los datos siguen siendo desalentadores. Y de todo ese universo, el 20% no tiene acceso ni a educación ni a empleo.
Súmele además, la gran cantidad de violencia derivada del contexto social y las condiciones en las que se ha desatado inseguridad las últimas décadas y en la que han vivido las nuevas generaciones, para entender que se están generando nuevas formas de problemática social, como nuevas formas de violencia generadas entre los mismos jóvenes. Claramente tenemos el niño asesinado en Chihuahua por adolescentes que jugaban a secuestrarlo, o aquellos de Tamaulipas que hacían una cosa parecida jugando a la violación de una menor.
Quizá uno de los aspectos más alarmantes es el de la informalidad y desocupación laboral, porque este primer aspecto le llega a afectar a más del 60% de los jóvenes: no hay contratos, prestaciones, seguridad, acceso a la salud… los expertos le dicen a esto precariedad objetiva. Pero también hablan de aquella que es subjetiva, o cuando los jóvenes no asumen certezas hacia su propia vida y son obligados a vivir el presente permanente sin posibilidad de imaginar futuros. En pocas palabras, eternos “Peter Pan” delimitados por las escasas oportunidades que les brinda el entorno: víctimas infalibles de una trágica historia que ofrece un porcentaje muy bajo para obtener el anhelado final feliz.
Si en la sociedad se continúa sin aplicar medidas que ayuden a las nuevas generaciones, ¿qué pasará cuando éstas envejezcan? Siendo la más numerosa, ¿Cuántos problemas se generarán en el futuro?
El planteamiento del problema ahí está, latente, creciendo.
itzelvargasrdz@gmail.com / @itzelvargasrdz