Carlos Reyes Sahagún
 Cronista del municipio de Aguascalientes

En aquellos días, cuando el canónigo Antonio Hernández Gallegos fue nombrado obispo de Tabasco, se organizó un viaje para quien quisiera apersonarse en Villahermosa, y ser testigo del fasto.
Puesto que la consagración tendría lugar la tarde del 11 de mayo de 1967, hace 50 años, el viaje duraría del 9 al 12. La salida estaba programada para la noche del día 8. Al día siguiente se abordaría en el aeropuerto de México un DC-3 de Mexicana de Aviación con destino a Villahermosa, “con brillante recepción de llegada”. El día 10 sería libre “para que visite el famoso Museo de la Venta, con 27 monumentos de la civilización Olmeca, Mixteca, los murales de Bonampak, sus playas, la famosa presa Netzahualcóyotl, Puerto Ceiba, Miramar, Ciudad Deportiva y Universitaria, etc.”. Con semejante programa de actividades no dejo de preguntarme cuántas horas tendría este día 10…
Al día siguiente, a las 17 hrs., tendría lugar en la “santa basílica catedral, consagración y coronación episcopal de nuestro querido canónigo … como obispo de Tabasco”. El periplo terminaba el día 12, con el regreso a México por la vía aérea, y luego en “camioncito Flecha Roja” a Aguascalientes.
Esta información se publicó el 3 de mayo en El Sol del Centro. Un par de días después apareció otro anunció de la misma empresa que promovía el viaje como un “regalo para el día de la madre”, y cuyo costo era de $620.00. La peregrinación estaría encabezada por el obispo diocesano, Salvador Quezada Limón y el avión sería, no el DC-3 anunciado inicialmente –un bimotor–, sino un tetramotor DC-6.
Pero además de este recorrido, organizado por la agencia de viajes de Karlos (sic) Leos, se constituyó una comisión “Caravana a Tabasco” presidida por el canónigo Anastasio Medina, que saldría, una parte el domingo siete frente a la catedral, “los autobuses del seminario, las cajas populares, la Acción católica y del Santuario de Guadalupe”. Al día siguiente, desde el templo de la Medallita Milagrosa, los viajeros de esa demarcación.
El 5 de mayo el diario publicó una fotografía del elegido, mostrando una cruz pectoral “de oro puro cincelada a mano” que le había sido obsequiada por las cajas populares de ahorro Aquiles Ratti –nombre de quien fuera el papa Pío XI– Navarrete, 12 de junio, Vasco de Quiroga y otras. La gráfica estaba acompañada de la noticia de que ese día saldría rumbo a su nueva residencia. Por cierto que la cruz tenía escrita en la parte posterior la leyenda: “Por un capital en manos del pueblo. Las C. P. de Ags. al Padre Toño”. Por su parte la Acción Católica le obsequió un báculo, y la parroquia de Jesús María un anillo pastoral. A su vez el flamante obispo obsequiaría un sarape de Aguascalientes al delegado de Su Santidad, monseñor Luigi Raimondi.
El rotativo anunció que el padre Toño había adelantado su salida “debido a que lo han afectado ostensiblemente en su ánimo, las sentidas despedidas que le han estado siendo pródigas por la gran cantidad de personas en quienes ha dejado muy grabado su recuerdo”. El día de su partida sólo cumpliría con una actividad: oficiar misa en la capilla del Colegio Guadalupe Victoria, de cuyas religiosas era capellán.
Para el momento de su partida se congregó en su casa una gran cantidad de personas, para desearle buen viaje, por lo que la salida se retrasó unas cuatro horas, hasta las 16 hrs. El nuevo obispo viajó a Tabasco acompañado de su madre. Una fotografía publicada el día 6 lo muestra a bordo del automóvil que lo llevó, adelante a la derecha, saludando a la cámara, es decir, a nosotros; a quienes contemplamos la imagen.
Tal y como estaba planeado, el 9 de mayo salió la peregrinación de Karlos Leos, encabezada por el obispo diocesano, Salvador Quezada Limón, quien llevaría “el corazón de Aguascalientes a aquellas tierras del sureste … Dios se servirá del nuevo obispo, que es símbolo de la piedad y religiosidad de Aguascalientes, para mandar esta grandiosa cooperación espiritual al pueblo tabasqueño”. Una gráfica muestra al purpurado a bordo del autobús, sentado del lado de la ventana izquierda, y por lo que se ve, aun en un trance tan profano como este, el prelado lucía sotana y alzacuello.
Como era costumbre en aquella época, el diario daba cuenta del grupo de personas que viajaron a Villahermosa para participar en la ceremonia, nombres de personas que hace tiempo cerraron los ojos de manera definitiva.
Vista desde aquí, la recepción al nuevo prelado en su sede era todo lo predecible que se podía esperar. El Sol del Centro envió al entonces reportero Agustín Morales Padilla a que fuera nuestros ojos y oídos. Las ocho columnas del 10 de mayo informaron: “Vibró la diócesis de Tabasco al recibir a su pastor”. Luego, el subtítulo decía: “Multitudinaria y emotiva bienvenida al Padre Toño”.
El texto daba cuenta de la recepción de que fue objeto el nuevo pastor, su itinerario en un automóvil convertible por el Paseo de Tabasco, el grupo de 100 jinetes que rayó su caballo ante él, los aviones que sobrevolaron la ciudad, bombardeándola con confeti, y la bienvenida que le prodigó el presidente del Movimiento Familiar Cristiano de la diócesis y luego la propia del vicario de la diócesis, ya en la catedral.
Por cierto que el presidente del MFC era un psiquiatra que se apellidaba de una forma tal, que me hizo dudar de haberlo escuchado todo, porque este hombre se llamaba Francisco Rulián Córdova. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).