Noé García Gómez

El pasado 5 de mayo, el PRD cumplió 26 años de su fundación. En 1989, Cuauhtémoc Cárdenas convocó a los miles de ciudadanos que formaban las bases del FDN y las organizaciones de izquierda a fundar un partido que exigiera “democracia ya y patria para todos”. Hoy ese partido está muy alejado de aquello que le dio origen; Cárdenas renunció a seguir perteneciendo a una “franquicia electoral” claudicante, las bases militantes se redujeron a grupos clientelares y la exigencia de “democracia y patria para todos” se diluyó en la inercia retórica del Pacto por México. A 26 años de haber nacido, la autocrítica dentro del PRD es nula y la crítica externa es tomada como infamia y a priori la descalifican.

Dijo Cicerón que “quien olvida su historia está condenado a repetirla”, y Sigmund Freud apuntó que “infancia es destino”, tal vez esas ideas nos ayuden a entender la actual situación del PRD.

A principios de los años 70 se comenzó a conformar un partido de corte socialista, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), su principal impulsor, Rafael Aguilar Talamantes, tenía su origen en la Juventud Comunista y en la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED). Tal vez por eso su principal línea de cuadros fue reclutar líderes estudiantiles y campesinos del país. Lo que parecía comenzar como un genuino proyecto de izquierda se fue transformando en un monstruito lleno de fealdades políticas: la demanda por la tierra y vivienda mutaron de lucha a negocio concesionado a caciques, la constante oposición de la izquierda al sistema priista la utilizaron para cotizarse con el poder en turno y la histórica división de la misma izquierda fue usada como arma de boicot y saboteo; esas y otras “monerías” eran su modus vivendi. El PST se transformó en la coyuntura de 1987-88 en Partido Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) y finalmente en 1996 en Partido Cardenista (PC) hasta que en 1997 perdió su registro legal con más pena que gloria.

Lo mismo servía para legitimar decisiones del PRI, que dividir campañas, golpear y difamar políticamente candidatos o avalar decisiones para ser parte de los “jugosos beneficios del poder”; con la peculiaridad de que trataba de “justificar” su conducta política con argumentos teóricos y no escondía sus diferencias, acuerdos y alianzas sino que las proclamaba, generando polémica y escándalo en la esencia de la izquierda y enojo en los serviles de clóset. En palabras de Humberto Musacchio: “El giro mercantil del PST era la venta de protección al PRI, la que cobraba en efectivo y con las curules que le arrojaba el Presidente en turno. La mercancía que ofrecía el PST era presentarse como partido de izquierda para quitarle votos a los demás partidos de izquierda”. Se decía que Talamantes era un profesional del pragmatismo y que ganar no era el objetivo sino negociar y sacar ventaja; “hacer de toda derrota, una victoria”.

Aun con todas esas “bondades” que los cinicazos de la política le pudieron encontrar, llegó a tal el desgaste de su liderazgo y de la organización que padroteaba, que se fue desinflando. Las huestes que lo seguían, se achicaron y transfugaron, principalmente hacia el naciente proyecto del PMS y luego al PRD. Comenzaron a despachar como administradores, tesoreros, secretarios de asuntos menores, “llenadores” de auditorios y siempre que se podía, interlocutores-negociadores con la burocracia política; el objetivo cíclico era aparecer en los primeros lugares de las plurinominales; llegaron autonombrándose “profesionales” de la política, los “operadores” que paulatina pero consistentemente avanzaron como el moho, ocupando todo espacio libre.

¿Quiénes eran el primer círculo de aquel polémico, hoy despreciado y olvidado Talamantes en aquella época y que se refugiaron a la sombra, primero de Heberto Castillo y luego de los liderazgos del PRD? Uno era Graco Ramírez, hoy Gobernador de Morelos, otros eran Jesús y Antonio Ortega Martínez, también estaba Miguel Alonso Raya, hoy coordinador de los diputados del PRD, y por supuesto Carlos Navarrete, actual presidente nacional, además de otros que hoy son dirigentes del PRD en los estados y el DF.

Tal vez ahí está el origen de lo que hoy se percibe en el PRD: los inicios y formación política de quienes hoy controlan lo que fue el principal partido de izquierda en nuestro país, se determinó y construyó por la directa influencia de Aguilar Talamantes, ese profesional y master del pragmatismo y el servilismo, aprendieron sus “buenos oficios”; ellos a su vez crearon escuela y consolidaron una generación experta del oportunismo y pragmatismo.

Seguramente eso explica la conducta política de los últimos seis años de los 26 del PRD, caracterizada por:

  • Las alianzas electorales con el PAN: ideológicamente opuestos, no se realizaron alianzas cuando eran oposición sino hasta que el PAN fue opción de gobierno ya que hasta entonces pudo redituar el beneficio de hacer a un lado los principios o cambiarlos por puestos burocráticos en las administraciones públicas.
  • La instauración de una costosa y anquilosada burocracia partidista donde anida la frivolidad y superficialidad de sus dirigentes y en la cual toda actividad política exige compensación o nómina, quedaron atrás la genuina militancia y los principios ideológicos y ahora no hay lealtades sin remuneración. En la cúpula permea la frivolidad; derroche y fiestas en lujosos restaurantes y hasta ridículas apuestas de caros vinos como la que hizo Zambrano con Ciro Gómez Leyva. La utilización de helicópteros como las cinco aeronaves en el arranque de campaña en Michoacán, son apenas un rasgo de esos políticos “venidos a más” que suponen que “ya la hicimos”, como reza estos días un eslogan de una de sus campañas por estos rumbos. El dispendio tan criticado siempre en la izquierda, hoy se imita alegremente en las cúpulas perredistas.
  • La convenenciera concretización-negociación como la del Pacto por México que resultó ser un mecanismo para impulsar las reformas que la izquierda históricamente durante décadas había impedido mediante la movilización política.
  • El sectarismo, secuestro y marginación en las direcciones y estructura partidista que provocó la desbandada de liderazgos y militantes de gran peso y autoridad como Cárdenas, Andrés Manuel, Raymundo Cárdenas, Marcelo Ebrard, Encinas y miles más que dejamos de militar. La burocracia perredista más que ocuparse por detener la diáspora de las filas partidistas, incentivaba las renuncias con la estalinista frase de que “la depuración fortalece al partido”.
  • La postulación de personajes y los gobiernos pragmáticos: Julio César Godoy, Moreno Valle, MALOVA, Aguirre, etcétera, pero la cereza del pastel, José Luis Abarca, responsable de la desaparición y probable matanza de 43 estudiantes.
  • La constante disputa con la misma izquierda: la actual campaña electoral de la izquierda más parece una disputa entre el PRD vs. Morena que una de contraste con el PAN y PRI.
  • El vilipendio a sus figuras históricas: Trascribo el fragmento de un artículo de Álvaro Aragón que narra un incidente en la LV Legislatura federal por el año de 1991: “El Diputado Rafael Aguilar Talamantes utilizó la más alta tribuna del país para vilipendiar a Cuauhtémoc Cárdenas, ante eso la diputada Celia Torres le arrojó un puño de monedas para exhibirlo como un “Judas” traidor de quien con sus votos lo había llevado a ocupar dicha diputación”. Hoy vemos cómo personajes del PRD hacen lo mismo con Cárdenas, López Obrador y Ebrard.

Pareciera que el PST en pleno siglo XXI reencarnó en el PRD, un PST-Bis, réplica exactamente igual al modelo. Obliga recordar aquella frase de Carlos Marx respecto a los acontecimientos históricos que parece se repiten “la primera vez como tragedia y la segunda como farsa”.

Con esa carga a cuestas, el PRD enfrenta una dura batalla en este proceso electoral federal que se avizora como una derrota para el partido y esa izquierda, pero el talamantismo incrustado, buscará convertirla y “venderla” como “victoria” y brindará con “los poderosos” descorchando botellas de vino de “mil pesos” (Zambrano dixit).