BurroItzel Vargas Rodríguez

“No queremos ni una coalición ni una mera sopa de letras. Queremos rehuir las viejas lógicas de partido y construir nuevos espacios que vayan más allá de la suma aritmética de las partes que las integran”. (Texto extraído del Guanyem Barcelona, una iniciativa conformada en España por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca PAH).

Tuvieron que pasar muchos años, para que en México surgiera la iniciativa de proponer las candidaturas ciudadanas. Hace ya un tiempo atrás comenzaron candidatos en estados como Zacatecas a lanzarse de forma independiente, considerados como meros conejillos de Indias por el mismo INE y los Institutos Electorales de los Estados que no sabían cómo lidiar con ello, y que además, parecía una apuesta perdida porque: ¿cómo iba a poder una persona sin partido contra los monstruos de organización y financiamiento que se cargan las huestes partidistas? Eso, aunado al enorme historial de corrupción política, desencanto social por la misma y una situación del país caótica, pintaba para contemplar esta posibilidad, como una utópica pero titánicamente inalcanzable.

Hoy por hoy, las elecciones del domingo pasado nos han dejado a todos una gran lección que se resume en Sí se puede: se puede que la expresión ciudadana se haga notar; se puede que la ciudadanía forme parte activa de las campañas e incluso ayude a financiarlas; se puede hacer una campaña política exitosa en redes sociales en México; se puede creer en nuevas opciones políticas; se puede ganar una elección a gubernatura por la vía independiente; se puede hacer una campaña con 18 mil pesos, sin despilfarros y lleno de propuestas; se puede generar un nuevo ánimo social que desemboque en participación ciudadana activa.

Con vasta razón muchos ya han nombrado el pasado domingo, como un día histórico para México, y es que ni las más sucias artimañas “mapachistas” de los partidos de colar votos, acarrear gente, regalar dinero, entre muchas otras más, fueron suficientes para frenar la avalancha tan masiva de votos que en Monterrey y Jalisco tuvieron los candidatos independientes a gubernatura y diputación local, respectivamente. Ni los amplios espacios publicitarios en las más conocidas televisoras, beneficiando a los candidatos de la partidocracia sirvieron. Tampoco, la cantidad de volantes, espectaculares o playeras en los que se invirtieron millones de pesos y que literalmente han terminado en la basura. Todo fue inútil, porque bastó más un buen candidato, con buenas ideas, con propuestas creativas y campañas austeras para demostrar que se viene una nueva dinámica política, una bastante esperanzadora.

España es un claro ejemplo de ello. El año pasado Podemos comenzó el rescate ganando de la nada eurodiputaciones generando un nuevo fervor social, mismo que se canalizó en “confluencias” o para ser más precisos, flujos político-sociales diferentes a una coalición política de partidos en donde la gente comenzó a canalizar su rabia de las marchas en algo constructivo y lleno de ideas pragmáticas, y esto es algo muy nuevo, una nueva forma de organización con poco más de un año de haber nacido. Esas nuevas corrientes han hecho que hoy, muchos de los principales municipios españoles estén renovándose hacia movimientos post-partidistas organizados por ciudadanos que ya no caben en denominaciones de tendencias e ideologías políticas, porque ya son diversas, como lo es la ciudadanía.

Ese talante es muy probablemente hacia el que estemos avanzando con las Candidaturas Independientes. Una vez que hemos visto como Sí se puede, la diversidad, la propuesta, la creatividad, los laboratorios de participación serán más recurrentes, y eso es muy bueno para la democracia. Porque definitivamente la política en México necesita nuevos aires.

Pero esto, por consecuente, no deja de ser peligroso. Dañino para los partidos que necesitan una urgente recomposición interna y quienes ya están viendo lo fácil que en realidad pueden ser reemplazados. Tóxico para las televisoras y monopolios empresariales que tendrán que ingeniárselas para incidir en una incipiente composición política que pinta a ser diversa y compleja, y no centralizada.

Si el miedo no anda en burro y tampoco en las urnas, porque como se vio el domingo pasado, la ciudadanía hizo suya la elección, incluso quienes anularon su voto dibujando creativamente lo impensable y hasta haciéndoles recordar sus madrecitas a los candidatos, hicieron público un hecho de facto: estamos hartos, necesitamos candidatos que convenzan con propuestas y si ustedes los políticos, no son capaces de representarnos, entonces nosotros buscaremos la forma de hacerlo. Esa es la ciudadanización de la política, la nueva era post-partidista.

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