Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Tenía Adán esa sangre envenenada, mestiza, en la cual los indígenas veían su propio miedo y encontraban su propia nostalgia imperecedera, su pavor retrospectivo, el naufragio de que aún tenían memoria” El luto humano, José Revueltas.

José Revueltas es un escritor extraordinario pero también, o como consecuencia, es un escritor despiadado, despiadado con sus personajes, que es tanto como decir con la realidad que crea o que recrea, todo lo despiadado que solo un ser humano puede ser con otro ser humano. El epígrafe tiene esa carga, mezcla de atavismos y complejos, heredados y adquiridos, que se vuelven frente a un semejante que personifica lo que temo, lo que no quiero asimilar, lo que no puedo aceptar porque me grita algo de lo que soy. Al fin y al cabo lo decía Publio Terencio Afer en “Heautontimoroumenos” (El atormentador de sí mismo), “Homo sum; humani nihil a me alienum puto.” (Hombre soy; nada humano me es ajeno.)  La noticia, la desgracia, la matanza, la venganza contra sí mismo, la violencia estúpida, el sin sentido, el asombro, la perplejidad, la negación, la incredulidad y finalmente la terrible realidad: la masacre perpetrada por un inconcebible odio al país que para nuestro gusto o sin él, encarna el moderno mestizaje, el punto de confluencia de los migrantes y la esperanza de una vida mas libre, mas humana, mas vivible.

Un acto de odio y de terrorismo, manifestó el presidente Barak Obama que simboliza el mismo, el vivo ejemplo de las migraciones, su abuela al inicio de su mandato presidencial seguía viviendo en el país africano de sus ancestros, cuando el nieto asumía el gobierno del país mas poderoso de la historia de la humanidad. En ese país un orate del que ya nunca sabremos sus motivaciones irrumpió armado con un fusil de asalto, pistola y municiones propias del ejército en la discoteca en que se celebraba la noche latina dentro de la llamada semana del “orgullo gay”. Dos grupos vulnerables que en pleno siglo XXI siguen siendo objeto de discriminación, de marginación, de burlas, de violencia y, como en el caso extremo de Orlando, de la furia irracional alimentada por ideologías que trastocan la esencia de lo que deberían ser las religiones: lazos de unión. Aún no es posible según las autoridades norteamericanas con certeza los nexos del homicida con los grupos extremistas, presumiblemente con el estado islámico. Sería aventurado condenar a la religión musulmana por las actitudes crueles y violentas que han asumido algunos de sus grupos más extremistas. Apenas hace unos días aquí en Aguascalientes una secta musulmana proclamaba la auténtica enseñanza de “Alá”: el amor a todos los seres humanos, por extensión a toda la creación, reconociendo al Budha, a Cristo, a Mahoma,  como avatares que proclamaban la misma enseñanza.

Los horrores de una matanza como la de Orlando nos estremecen, quizás porque la difusión y la forma de difusión que se hace de la noticia en los medios de comunicación, y ahora particularmente en las llamadas redes sociales, nos permite sentirlas mas cercanas, al alcance de nuestra mano, a la distancia de nuestra vista, al ritmo de nuestro corazón. Nos estremece la matanza de Miami y nos deja fríos el número, en decenas de miles de los desaparecidos en nuestro país, producto de una guerra sin cuartel, y sin posible solución, al menos en el esquema que ha venido siguiendo el gobierno mexicano.

Es claro que las condiciones del país vecino nada tienen que ver con las que vivimos en México, pero sin embargo es oportuno meditar en algunos de los aspectos evidentes de los terribles sucesos. El bar en que se dieron los hechos es un bar gay, se celebraba la semana del orgullo gay y la noche latina. El asesino lo sabía y preparó sus acciones a partir de un odio que fue alimentado sin duda por las enseñanzas extremistas en las que abrevó. Merece la pena recordar hechos recientes en nuestro país y en nuestro estado. Apenas hace unas semanas el Presidente de la República envió una iniciativa de ley al Congreso de la Unión, que pretende modificar la Constitución para señalar que en México el matrimonio es un derecho de cualquier persona no importa el sexo, pudiendo contraerlo dos personas del mismo sexo. Además de la reforma constitucional el Presidente envió una iniciativa para modificaciones al Código Civil Federal que establecerían diversas regulaciones que permitan una igualdad de derechos para las personas independientemente de sus preferencias sexuales. La reacción, se dice, la reacción de la reacción, se manifestó incluso en la condena por la jerarquía católica, a la que algunos atribuyen consecuencias electorales en las pasadas elecciones.

Aquí en Aguascalientes, hace unas semanas un cartel que mostraba una pareja de jóvenes varones besándose y que recomendaba el uso del condón como medida profiláctica, fue retirado por las autoridades de Salud, arguyendo la presión de grupos conservadores que se ostentaron como “ofendidos” por la naturaleza del anuncio que mostraba una pareja “gay”. Los datos que se tienen permiten asegurar que estamos en presencia de una auténtica “epidemia” de VIH Sida y que los principales grupos afectados son por transmisión sexual entre varones homosexuales, de allí la conveniencia de orientar la campaña a ese sector.

Las reacciones de los grupos conservadores mexicanos, sin llegar afortunadamente a los extremos de otros países, hacen sin embargo encender un foco de atención. El estado laico tiene la obligación de garantizar el respeto irrestricto para todas las expresiones del afecto y del amor humanos. El estado laico tiene la obligación de promover el conocimiento y la aceptación de sus diferentes expresiones en la medida que no afecten los derechos de un tercero. Insisto: los derechos, no la sensibilidad, la ideología o las creencias. Solo los derechos.

Es cierto que no existen vacunas sociales para evitar una tragedia como la de Orlando, pero en la medida que se fomente el respeto, la difusión de las ideas, la aceptación del “otro” con su “yo” y “su circunstancia”, tendremos una sociedad mas madura, mas respetuosa, mas sana y, sin duda, mas segura.

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