Por Daniel Amézquita

La industria del entretenimiento se ha beneficiado del rey de los deportes con jugosos contratos y cultivando un ambiente polémico en el que siempre esté vivo el recuerdo de que el futbol es parte de nuestras vidas. El escritor del portal VICE, Aleks Eror, alude en su artículo Cómo el futbol explica el capitalismo, la locura que significó la caída de la URSS para los precios de la publicidad y de los traspasos de jugadores que han alcanzado, desde finales de los 80 a la fecha, un incremento del 850%.

La actitud empresarial con la que se maneja actualmente el futbol está fuera del alcance lógico de una economía en el subdesarrollo, el costo de transferencia máximo de un jugador alcanza los 120 millones de euros, cerca de 2 mil 500 millones de pesos. El dinero que proviene del aficionado, directa o indirectamente, juega un papel muy importante en las finanzas de este deporte en el que están incluidos no sólo los deportistas profesionales sino los amateurs y demás especialistas. Según la FIFA sus ingresos son de aproximadamente 25 mil millones de pesos al año, originados en su mayoría por la organización de competencias alrededor del mundo, derechos televisivos, patrocinadores, entradas a los estadios y venta de mercancía publicitaria, pero esos ingresos tienen una salida a las diferentes confederaciones que forman la FIFA, gastos salariales e impuestos, labores sociales como las que realiza con la UNICEF, y sus ganancias libres se estiman en 5 mil millones de pesos, lo que convierte a la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) en una empresa de importante capital.

Los equipos de una localidad llegan a convertirse en patrimonios culturales, usualmente dirigidos en favor político o financiero, dependiendo de los logros del mismo, se involucran inversiones e impulsan económicamente a la región. Cada vez las ligas en muchos países son más competitivas, los traspasos y las inversiones se ven multiplicadas por el importante negocio que representa este deporte. El mercado del futbol, lejano a esa idea sectaria de los tiempos del bloque socialista, ahora es tan globalizado que se pueden seguir las ligas de otros países de forma inmediata, así el aficionado local se triplica o cuadriplica exponencialmente. En tanto que un estudio de la FIFA registró a 270 millones de personas que están ligadas directamente con el futbol amateur y profesional, según el Big Count de FIFA 2006, sólo en México hay aproximadamente 8 millones.

El lado oscuro

Eduardo Galeano escribe un texto llamado El lenguaje de la guerra, refleja los términos bélicos con que nos referimos a las acciones del futbol. Hay algo de primitivo en el juego. Sí, la competición indica un triunfo y una derrota. Son representaciones de antiguos campos de batalla en donde la fuerza bruta y la estrategia militar terminaban por conquistar la gloria, pero más allá de los eufemismos se encuentra una terrible realidad: la violencia en el futbol.

Hablamos que, involucradas en este grave problema las aficiones juegan un papel fundamental. Muertes, personas lesionadas y caos toman de pronto los estadios y las calles, aunados a las substancias que alteran el comportamiento y un sentido de identidad absurda, cobijados por un nacionalismo radical y violento, el futbol se ve manchado por el hecho de representar una batalla, una competencia. Es también una forma de catarsis del resentimiento histórico, episodios durante los conflictos del siglo pasado aún remueven sentimientos cuando dos selecciones de países antes enemigos se enfrentan y los aficionados o los mismos jugadores externan su odio mutuo.

Según algunos aspectos psicológicos quienes proyectan los impulsos reprimidos y desacatan sus límites más allá de la catarsis se encuentran en un punto peligroso que se llama fanatismo, los estadios se han convertido actualmente en espacios permeados de éste, que sólo necesitan de una chispa para que suceda lo impensable.

El costo de los destrozos y cuidados médicos de los involucrados es multimillonario, y parece que las tensiones no cesan. Se han trocado las lanzas y las flechas por un balón y una botella de cerveza, y eso no cambiará hasta que en el juego haya seres humanos conscientes de que se encuentran entre otros seres humanos y que este juego-espectáculo termina cuando el árbitro pita el fin del encuentro, que se acaba en la cancha y se queda en el estadio.

No es sólo la violencia física, verbal y psicológica que existe en el futbol, la FIFA se encuentra bajo investigación por desvíos de recursos, amaños de partidos, corrupción y apuestas ilegales. Muchos de los antiguos directivos de la asociación han sido acusados y suspendidos, algunos han pisado la cárcel. El juego callejero en que dos piedras son una portería, lo convirtieron en un negocio cuyos intereses particulares y la ambición por el poder y el dinero han sido llevadas hasta la criminalidad.

Epílogo

Durante el conflicto de la Primera Guerra Mundial hubo un episodio conmovedor, corría la noche de Navidad, los soldados de uno y otro bando empezaron a cantar villancicos, más tarde enviaron a ambos frentes regalos y finalmente se hizo una tregua no oficial donde se utilizó ese periodo para enterrar a los caídos y hacer una celebración religiosa, no tardaron en planear un partido de futbol en el que supuestamente ganaron los alemanes a los ingleses 3 – 2. La práctica del futbol tiene tanto sus bondades como sus contras, se ha convertido en un producto de entretenimiento que implica nuestra moderación y reflexión constante para delimitar una distancia entre nuestras motivaciones anímicas y psicológicas y el espectáculo. Sobre todo, que no se olvide aquellos momentos en nuestra vida en que la calle era un estadio repleto y nosotros los mejores jugadores del mundo. Si esto no es el futbol, nada tiene sentido, todos podemos ser ese niño pateando el balón o el ídolo que veíamos en los partidos durante la infancia, cuando le damos su justa dimensión a este deporte, también podemos ser esos inadaptados sociales con garrotes y taparrabos que asolan los estadios con su ignorancia y carencias.