Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

Para Ana Sofía Reyes García, en desagravio.

El jueves pasado, debajo de un árbol, espléndido ejemplar de su especie; no muy alto, de grueso tronco y ramas como brazos de madre protectora, amplios y generosos, que se encuentra justo al norte de la unidad de radio José Dávila Rodríguez, en el campus principal de la UAA, un grupo de amigos, colegas y discípulos, despidieron al licenciado Felipe Martínez Rizo, que vivirá su último día laboral formal en la UAA el 31 de julio próximo, luego de servir en la UAA todos los años de vida de la universidad.

Por cierto, esto de que Martínez Rizo trabajó “todos los años de vida de la UAA” es literal. La casa de estudios fue creada por decreto del Congreso del Estado el 7 de febrero de 1974, y él se incorporó a ella a fines de agosto de ese año. Felipe ingresó como jefe de un organismo que llevó el curioso nombre de Departamento de Humanidades Sociomédicas, adscrito al Centro Biomédico, que entonces presidía el doctor Alfonso Pérez Romo. Además fue también en esa época jefe del Departamento de Promoción Docente y coordinador de la carrera de Sociología, aparte de dar algunas clases…

De hecho, en la mesa principal del convivio acompañaron al flamante jubilado, algunos de los padres fundadores de la institución, su primer rector, Humberto Martínez de León, el doctor Alfonso Pérez Romo, el doctor Genaro Zalpa Ramírez, y el maestro Amador Gutiérrez Gallo. Todos ellos, entre otros, contribuyeron a delinear el rostro de la universidad.

En fin. Esta despedida a que me refiero consistió en una comida, y al final, a la hora del café, vinieron los obligados discursos. Ofreció el convivio, organizado por la maestra María Teresa Ortiz con una diligencia impulsada por el cariño, la doctora Rebeca Padilla de la Torre.

Palabras más, palabras menos, Rebeca habló de cómo, en ocasiones, las circunstancias requieren de liderazgos capaces de responder a las exigencias del momento –y nomás no se les ve por ningún lado, digo yo–, pero también sucede que hay circunstancias que no están a la altura de los liderazgos existentes. En concordancia con esto, recordó que Martínez Rizo había trabajado pensando en el futuro, buscando que, por su formación; por su reflexión, sus discípulos estuvieran a la altura de sus circunstancias, y fueran capaces de hacerles frente. La doctora Padilla hizo énfasis en algo que todo profesor tendría que tener siempre presente, y no sólo los universitarios: el privilegio de trabajar para el futuro, cuando el futuro es la materia prima, que se expresa en los niños y jóvenes que en el mediano plazo se convertirán en líderes sociales.

De manera casi textual, rescato algo que dijo Rebeca, y que me parece de lo más relevante: más que leer para aprender cosas de memoria, los estudiantes deben aprender a “leer el futuro, a entender las necesidades de su época (para) que cuando sean líderes, las circunstancias históricas estén al nivel y se aprovechen al máximo estos liderazgos”. Rebeca concluyó recordando un fragmento del poema Mar portugués, de Fernando Pessoa. Y dice: ¿Valió la pena? Todo vale la pena si el alma no es pequeña.

Hablaron más personas, y desde luego el propio Felipe, que leyó, para el que quiera y pueda entender, La parábola de los jardineros, de Antoine de Saint-Exupéry, que se refiere a la amistad.

Martínez Rizo no sólo participó en el proceso de conformación intelectual y física de la universidad, sino que además la encabezó entre 1996 y 1998. Desde la rectoría impulsó la reforma más importante que ha vivido la institución y que, sin embargo, no alcanzó a plenitud los objetivos planteados. Relacionado con lo anterior, hay quienes piensan que la calificación de su gestión estuvo dada por la no reelección (véase el interesante trabajo de Cecilia Pérez Talamantes, Autonomía y gobierno, publicado el año anterior por la UAA). En cambio, a mí me parece que fue esa la reacción de quienes se sintieron lastimados en sus parcelitas de poder, por algunas medidas que buscaban la plena actualización de la universidad.

Felipe Martínez Rizo… Nunca pretendió ser monedita de oro, y a las pruebas se remitió. Personaje polémico, querido por unos –más de los que estuvimos presentes en la despedida–, despreciado por otros, nunca pasó desapercibido. Hombre de ideas, de conversación siempre inteligente, interesante, informada; algo que en verdad se agradece en estos tiempos en que la estupidez anda suelta, regando semilla por todas partes.

Felipe Martínez Rizo… ¿Qué queda después de los aplausos, las felicitaciones, los mensajes con voz entrecortada, las sonrisas? ¿Qué queda cuando el silencio ocupa de nueva cuenta el vacío que dejan las palabras?

Yo no sé… No lo sé de cierto, pero se me figura que siempre harán falta personas como él, visionarias, ambiciosas, de altos vuelos intelectuales, siempre; y que cuando se van, algo falta, algo. Ya sé que todos somos prescindibles, todos; pero unos lo son menos que otros. De unos piensa uno: ¡A ver si ya se va!, en tanto otros se van y se dan a extrañar.

¿Acaso todo en él fue –es– bueno? ¡Por supuesto que no! Pero que de eso se ocupen sus enemigos, o el silencio que otorga. Amén.

De todas las imágenes que tengo de él me quedo con una que me fue familiar en los últimos años; una figura que es como el tigre, que está en peligro de extinción; una figura que dejaré de ver en el tiempo por venir: viene Felipe caminando desde la zona de los edificios 12 y 13 de Ciudad Universitaria, hacia el estacionamiento. Viene solo, sin comitiva ni escolta ni cámaras y micrófonos que le abran paso; sin traje ni corbata. Viene el reconocido allende el océano, ese cuyo nombre y trabajo le han dado fama y prestigio internacional –y de paso a Aguascalientes–. Viene solo y su alma, como cualquier hijo de vecino. Se cruza con alguien y saluda, o se detiene a conversar un momento…

Sin duda, una imagen extraña en estos tiempos en que el poder se hace sentir en la insolente parafernalia, la insufrible y nunca justificada soberbia…

En fin. Felipe Martínez Rizo se jubila, pero no se va… En donde se encuentre seguirá trabajando en el tema de la educación, al que ha dedicado prácticamente toda su vida profesional. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).