sapiens_logoEn los últimos meses, el mundo del futbol se ha visto envuelto en una serie de bochornosos acontecimientos. Recordemos primeramente que el máximo organismo del balompié a nivel internacional fue relacionado con hechos de corrupción para la designación de las sedes de las próximas copas del mundo; sin embargo, esto no es lo único lamentable para el deporte que en lo personal catalogo como el más bonito del mundo ya que a pesar de la felicidad en la selección mexicana que se consagró el domingo pasado con el título de la copa oro, el festejo culminó con el despido del seleccionador nacional.

El resumen de los hechos cuenta que el técnico de la selección mexicana, Miguel Herrera, le propinó un golpe a Christian Martinoli, comentarista de una televisora, derivado de que Martinoli tuvo un altercado vía redes sociales con la hija del técnico. De manera que dos celebridades del ambiente futbolístico se involucraron en un pleito que acaparó las principales portadas de los diarios deportivos y no deportivos del país, exigiendo el despido o la renuncia del técnico. Considero que el tema se presta para hacer un análisis acerca de la libertad de expresión y los acontecimientos propician una buena reflexión al respecto.

Como cualquier periodista y aun como cualquier ser humano, creo que el Sr. Martinoli tiene derecho a expresar sus opiniones; sin embargo, tampoco debemos martirizar a personajes y en su lugar tendremos que hacer un análisis objetivo de la situación. Como tal, el derecho fundamental a la libertad de expresión puede representar todo un problema tanto filosófico como jurídico, pero a grandes rasgos comprende el derecho para expresar verbalmente o por escrito, cualquier pensamiento u opinión, positivo o negativo sobre algo o alguien.

Esta libertad es un pilar fundamental para todo Estado de Derecho, ya que fortalece la participación y mejora ciudadana en asuntos de índole tanto particular como colectiva e individual. Con crítica o sin ella, toda opinión debe de ir acompañada de una clara intención de contribuir en la reflexión del pensamiento de las personas a las que va dirigida.

La opinión en nuestro país debe de ser ejercida dentro de un marco de responsabilidad, pues quien tiene en sus manos la manifestación de sus pensamientos y por ende, debe poseer también claridad sobre las eventuales consecuencias que se puedan generar por afectación a la moral o a cualquier tercero. Con la reciente implementación del uso de las redes sociales, las personas han encontrado muchas veces un refugio perfecto para hacer valer sus opiniones casi en forma instantánea, lo cual les permite ampararse o protegerse bajo una pantalla o un teléfono celular, de manera que llegan a sentirse tan envalentonados para manifestar en un determinado momento todo lo que piensan, y en muchos casos se permiten insultar o levantar falsedades que definitivamente pueden repercutir en la honorabilidad y reputación de las personas.

Debemos recordar que ningún derecho es absoluto en cuanto a su ejercicio, lo cual se traduce coloquialmente en que el hecho de gozar de ese derecho o libertad no nos legitima para hacer lo que nos plazca frente a los demás. Ergo, si una persona quiere denunciar una cuestión irregular respecto a otra, debe tener presente que sus dichos tendrán que estar respaldados, por lo que la mayor enseñanza en la presente reflexión es que no permitamos que las facilidades brindadas por la tecnología nos lleven a cometer ligerezas de las que en el futuro, nos sintamos arrepentidos, todo por creer equivocadamente que la libertad de expresión significa decir lo que nos plazca.

El respeto al derecho ajeno, es la paz.

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