Es inevitable. La genotípica morbidez que anida en nuestra condición humana evita que apartemos la mirada de todo evento catastrófico que aparatosamente salpique nuestro devenir con cierta inmundicia que se antoja fascinante en su consistencia. Nuestra neurobiología apetece de constantes bocados de decadencia social, patetismo a granel en forma de paupérrimas representaciones del cotidiano y dádivas de agresiva visceralidad que nuestros ojos sacian con cada accidente vial que presenciamos (y cuyo furor incrementa si el teñido de la escena es carmesí), con cada programa de Televisa, TVAzteca o Telehit que injertamos en nuestro organismo cual supositorio catódico (o de plasma o LED, según su nivel de modernidad y apremio por no sucumbir al apagón analógico) y, por supuesto, con cada uno de esos maravillosos bodrios que el cine contemporáneo nos obsequia cada año con el fin de propinar a sus complacidas masas cautivas (o, como dijera ese posmoderno enunciador de la filosofía cáustica Tyler Durden, “las heces fecales complacientes del mundo”) un placebo para las mórbidas ansias expuestas previamente con el sano propósito de mantener prósperos a sus acaudalados y voraces productores (esos BMWs no se van a pagar solos ¿Verdad?). Y este año, faltaba más, no ha sido la excepción. Es así que, damas y caballeros, enumero aquellas producciones que con raudo furor se dedicaron a esquilmar los pesos duramente ganados a una población que, de tener alternativas mediáticas más potables, lo pensarían dos veces antes de obsequiar en cajas su sueldo Y ojalá las películas a continuación desaparecieran junto con el 2015.

SUB-LITERATURA Y DERIVADOS.
De nueva cuenta se nos restriega en la faz el desgaste que padecen las letras impresas populares mediante sus adaptaciones fílmicas, las cuales no sólo encuentran validez en el gusto popular debido al refrendo memético de una generación de cinéfilos cada vez más gustosos de ser piezas en un rompecabezas armado por las codiciosas manos de quienes los manejan a control remoto vía Internet, sino que ahora debemos aceptarlas como referente cultural y troquel perceptual para esta audiencia con fobia a la propuesta. Así, las heroínas de pacotilla que estelarizan la saga “Divergente” y “Los Juegos del Hambre” sólo encuentran conmemoración en las núbiles mentes de jovencitas adictas a Nickelodeon y Televisa en un acto de celebración onanista-aventurero haciéndoles creer que esos acartonados arquetipos son el modelo de empoderamiento femenino que requieren. Por otro lado, “Ciudades de Papel” abarca un mercado más diverso en cuanto a género, diluyendo la realidad sobre las relaciones interpersonales como lo hiciera “Bajo la Misma Estrella” para ofertar fantasías pueriles a costo alto y poco rédito emocional una vez que las parejas terminan de ver la cinta y se dan cuenta que el mundo es un poquito más complejo que esto. Mas el colmo del absurdo heterosexual literario y fílmico es y será “50 Sombras de Grey”, la traducción pomposa al lenguaje binario de la banalidad de aquellos pasquines y libros miniatura que consumían nuestras abuelas y madres bajo sellos de honesta cursilería como “Jazmín” o “Deseo” con el sano propósito de saciar sus impúdicas fantasías, pero que de la mano de Anastasia Steele y Christian Grey resulta en la forma más expedita de lograr la frigidez y/o flacidez genital. Y ni hablar de “Victor Frankenstein” o “Pan”, intentos desabridos por adaptar al gusto de los usuarios del desabrido Facebook mitos literarios con pobrísimos resultados narrativos, interpretativos y cinematográficos, aunque en el caso del primero siempre logrará arrancar sonoras carcajadas de índole involuntario por aquella escena de violento homoerotismo malsano cuando el doctor Frankenstein (James McAvoy) pretende drenar el absceso colosal de su nuevo Igor (Daniel Radcliffe) mediante una coreografía donde el Profesor X somete y penetra…en la joroba al pasivo Harry Potter. De antológica risa loca.

MEXICO LINDO Y… ¿QUERIDO?
Adaptando una vez más los modelos narrativos del cine sajón, diversos productores y directores decidieron sumarse otro año más a la forja de un Hollywood mexicano donde las historias y personajes que las pueblan resultan alienígenas a los procesos idiosincráticos nacionales en un claro esfuerzo por conquistar una taquilla abundante desechando algún nivel de propuesta o ingenio. Comedias reprobables, dramas insufribles y uno que otro engendro esperpéntico fueron la dieta a la que un público hambriento de representación étnica tristemente comienza a acostumbrarse, conformándose con películas cuyo núcleo dramático y desarrollo parecían abortadas de los talleres de guión de Televisa, incluyendo algunos éxitos como “Aquí Entre Nos”, “A La Mala”, “Tiempos Felices”, “Archivo 253” y “Elvira, te Daría mi Vida Pero la Estoy Usando”, ésta última patentizando la obsesión de su director Manolo Caro por títulos de inaudita sangronería y Pedro Almodóvar. Mención aparte merece “El Gran Pequeño”, irritante coproducción con los E.U.A de riesgosa visión por su aptitud de producir diabetes ante sus incontrolables niveles de melcocha argumental. Simplemente inaguantable.

HOLLYWOOD: FÁBRICA DE CHURROS
Para sorpresa de nadie, varios de los proyectos diseñados con el fin de encajar en el gusto popular fueron los acostumbrados plomos exentos de gracia que aplican su fórmula en automático con el acostumbrado silencio atronador de las audiencias masivas. Entre las cargantes películas que se tuvieron en cartelera, destacan por su asombrosa falta de respeto a la inteligencia del público: “El Destino de Júpiter”, el nuevo adefesio de los chapuceros Wachowski; “Chappie”, la prueba que el director sudafricano Neil Blompkamp tuvo lo que en argot se conoce como “chiripazo” con “Distrito 9”; “Pixeles”, filme que rebosa el acostumbrado sentido del humor imbécil de su protagonista -Adam Sandler- ahora exacerbado por un doblaje análogamente ramplón; “Mortdecai”, el abismo del que Johnny Depp deberá luchar con mucho esfuerzo histriónico para reemerger y los taquillazos veraniegos “Rápido y Furioso 7” y “Mundo Jurásico”, patanerías sensibleras que explotan los límites de la nostalgia para vender su vacuo producto.

Es así como, una vez más, superamos otro calendario en su plenitud a pesar de estos restrojos que pasan por entretenimiento cinematográfico. Ojalá y el 2016 cinematográfico sea más sensible en sus intentos por ultrajar las incontables posibilidades del vasto y todavía inexplorado 7º Arte en sus vías escapistas. Pues todos tenemos nuestros deseos y placeres culpables, mas nadie dijo que deben ser así de infames.

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