Josemaría León Lara

Parecen muy lejanos aquellos días del año 2012, cuando a través de la mercadotecnia política, se provocó una falsa esperanza en el corazón de algunos mexicanos; en cambio para algunos otros un tanto escépticos, quedó demostrado que su desconfianza no era en balde. Cierto es que Enrique Peña Nieto solía ser una figura que prometía llegar a ser un buen líder de México, pero que al ostentar el poder y quizás tras rodearse de gente con el perfil inadecuado, ese sueño de pasar a los libros de historia como alguien digno de memoria se ha esfumado.
Algo es importante aclarar, y es que no todas las calamidades que hemos tenido que afrontar en los últimos cuatro años son directamente culpa del Presidente Peña y/o de su gobierno. Pensar lo contrario, es ser una oposición obtusa, ciertamente ignorante y desinformada; sin embargo, la carencia de respuestas reales y oportunas así como de acciones legítimas del Estado, han provocado que los problemas, que aunque de inicio sean ajenos, terminan sobrepasando inclusive la voluntad política y la capacidad de acción de la Presidencia.
Es imposible pensar que en seis años se puede cambiar por completo a un país; las necesidades de cada nación atienden a sus propias circunstancias y no es por arte de magia que las soluciones aparezcan de la nada, y aunado a esto, es menester agregar a los factores internacionales que de manera directa o indirecta suelen empeorar las cosas. La interdependencia económica mundial, es uno de esos agentes que de la noche a la mañana puede llevar hasta los cimientos a cualquier nación, por más poderosa que esta sea.
La devaluación del peso, el aumento exponencial en la cotización del dólar americano, el alza en los combustibles, entre otros, son ejemplos de cómo la economía del mundo y la dependencia petrolera del país, afectan de forma directa en los bolsillos de los mexicanos. Ciertamente la culpa es compartida, además de que en muchos casos las situaciones como las antes mencionadas, atienden a descuidos y omisión del Gobierno Federal al no prever los distintos escenarios de riesgo que se pueden presentar, cuando se sabe que el petróleo sigue siendo la fuente de la riqueza de este país.
Pero más allá de los problemas exteriores que afectan en el interior, también existen los problemas internos que nos afectan en el exterior. Por ejemplo, la imagen pública de la Primera Familia a nivel Internacional, no se podría encontrar en una situación más deteriorada: Tras los casos como la Casa Blanca y ahora el departamento en la Florida (que faltan de ser aclarados del todo), la pareja Peña Rivera refleja hacia el mundo lo absurdamente impune y corrupta que es la clase política de este país.
También el pacto con los medios de comunicación sobre no publicar acerca de los actos violentos que suceden a diario en el país, pretendiendo tapar el sol con un dedo. El que no se sepan no quiere decir que no estén pasando y el que no se publiquen en México, tampoco quiere decir que no se publican en el resto del mundo. Iguala, Guerrero, únicamente fue la gota que derramó el vaso al convertirse en un evento mediático que terminara por romper el pacto de inicio, pero que sin embargo representa la barbarie que se vive día a día en este país, y tal parece que el Gobierno Federal no hace nada al respecto.
Por otro lado, tenemos el paro magisterial (que curiosamente como lo había mencionado en otra entrega, éste se presenta en los Estados con más pobreza, desigualdad e ignorancia), que en pocas palabras mantiene secuestrado a gran parte del país. Donde su lucha ya no es educativa, si no laboral y que además han hecho uso de la violencia, de los bloqueos carreteros y a las vías del tren, del vandalismo y la rapiña.
Es probable que la Reforma Educativa no sea el mejor acto legislativo que México haya visto en años, pero su intención de mejorar el sistema educativo del país es noble y orientada a la mejora de oportunidades para las próximas generaciones. Es por ello que resulta inadmisible que solo una minoría de maestros estén en contra de la misma, cuando los que si hacen mayoría han aceptado y cumplen con su verdadera vocación: Enseñar.
Entonces resulta un tanto absurdo que el Gobierno de la República no tome acciones concretas, en contra de aquellos pocos que provocan que pierdan todos. Si ha quedado claro algo en los meses que van de paro, es que estos personajes no quieren, ni pretenden acceder al diálogo; es entonces necesario voltear la vista y buscar otra solución, que en última instancia podría ser el uso legítimo de la fuerza con el que cuenta el Estado. Ese uso de la fuerza que atiende a buscar el bien mayor de la sociedad, pero que en México esta estigmatizado por el exceso con el que se ejerció en el pasado.
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@ChemaLeonLara