Salvador Cisneros
Agencia Reforma

VANCOUVER, Canadá.- Bastan unas horas en Granville Island, un microcosmos urbano plagado de talleres artesanales, destilerías y artistas callejeros, para darse cuenta de que representa la síntesis gastronómica y cultural de Vancouver.
Granville forma parte de una filosofía de consumo autosustentable, pues todo lo se vende respeta una regla que apoya a la industria y economía locales: el 70 por ciento de los productos son de Columbia Británica; el 20, de Canadá; y sólo el 10, del extranjero.
Los vancuveritas se enorgullecen de seguir la dieta de las “100 millas”, que consiste en consumir productos orgánicos cosechados en ese radio de distancia y muchos de éstos son adquiridos aquí. Así que no es casual que la isla, que estrictamente es una península frente al Downtown, tenga como principal imán los sabores orgánicos del Public Market. De hecho, después de las Cataratas del Niágara, el mercado es la segunda atracción más visitada de Canadá.
Para la experiencia gastronómica se puede contratar en línea una visita guiada con Vancouver Foodie Tours, por 49 dólares por persona.
Inicia en Edible Canada, frente al mercado. Su concepto es llevar alimentos de la granja a la mesa; el “hazelmere farms”, mezcla de verduras frescas cocinadas con tocino de jabalí y con un huevo estrellado encima, es su platillo insignida.
El Public Market es una bodega de 3 mil 900 metros cuadrados transformada en un palacio de sabores en el que se encuentran panes artesanales de Terra Breads, quesos añejados de Benton Brothers o los embutidos de la charcutería Oyama, cuyo dueño, John van der Lieck, fue catalogado por el New York Times como “el hombre con el talento más diverso para la carne”.
Un expresso de JJ Bean, acompañado por una tradicional dona de Lee’s Donuts, no está de más para borrar el sueño que provoca el estómago lleno.
Terminar el tour y querer seguir comiendo es quizá un buen ejemplo de lo placentero que resulta el recorrido de dos horas por estos locales, libres de olores desagradablesy bien distribuidos.
La oferta cultural, materializada por artistas callejeros y varios teatros, también es una delicia de esta isla, cuyo símbolo de su pasado industrial es Ocean, una fábrica cementera aún en funcionamiento que, además de ser ecoamigable, está a tono con la vibra artística porque en 2014 sus seis contenedores fueron ilustrados por los muralistas brasileños Os Gemeos.
Hay que visitar la galería de Emily Carr University of Art and Design, institución de la que egresó el artista plástico y novelista Douglas Coupland. Fue él quien acuñó el término “McJob” y planteó que la felicidad de una persona moderna radica en su empleo y que mientras trabaje en algo que la haga sentirse envilecida, toda su vida se verá afectada.
En Granville nadie parece tener un “McJob”; irradian satisfacción por lo que hacen. Tras visitar la isla es fácil sentir que se entiende mejor por qué hasta1886 el nombre de esta ciudad era Granville.