Josemaría León Lara

Probablemente el Despacho Oval sea la oficina más famosa del mundo, no sólo por lo que representa históricamente para los Estados Unidos, sino también porque es ahí donde trabaja el hombre más poderoso del mundo. Su origen viene aunado a las constantes remodelaciones que ha sufrido la Casa Blanca, así como al hecho de acoplarse a las necesidades de cada presidencia; y es que una vez que el edificio principal ubicado en la Avenida Pensilvania número 1600 no contó con el suficiente espacio para alojar a la primera familia y a las oficina ejecutivas de le presidencia, así que durante la presidencia de Theodore Roosevelt se decidió construir un edificio anexo, también conocido como el Ala Oeste.

El Despacho Oval tradicionalmente es redecorado al gusto particular de cada presidente al comenzar su mandato, sin embargo permanecen ciertos objetos que son considerados parte de la propia oficina; tal es el caso del retrato presidencial de George Washington encima de la chimenea, o la alfombra ovalada con el emblema oficial de los Estados Unidos. Sin embargo; existe un objeto que en particular forma parte de la propia esencia de la oficina ovalada del presidente y que fue un regalo hecho por la Reina Victoria al entonces presidente Rutherford B. Hayes en 1880.

Se trata del famoso escritorio “resolute”, que más allá de su relevancia histórica, a la fecha sigue siendo testigo de la historia que se escribe día con día. El escritorio fue regalado como un símbolo de buena voluntad y amistad diplomática; fabricado con la madera de un barco de la marina británica que había naufragado y rescatado por los Estados Unidos, reparado y enviado a la reina, quien años después lo desmanteló y regresó el favor a sus aliados estadounidenses.

Los británicos a pesar de haber sido los colonizadores de aquella parte de Norte América, y toda vez que los colonizados consiguieron su independencia, con el paso de los años se reconocieron el uno al otro como aliados; tal y como se demostró el claro apoyo de la Corona Inglesa a favor de la Unión en contra del ejército Confederado durante la guerra de secesión.

Toda guerra tiene sus aristas, pero estas mismas son más claras cuando la lucha es de carácter fratricida. Durante la Guerra Civil estadounidense, la pelea entre el norte y el sur más allá de la ideología de los federales y los confederales, lo verdaderamente duro de aquel trágico episodio bélico fue el tema de la esclavitud. Todos conocemos el desenlace de esa historia, pero aquellas diferencias de tipo irreconciliables siguen presentes en la memoria histórica de los pobladores de nuestro vecino país del Norte.

Inglaterra abiertamente apoyó a los estados del Norte, pero la historia nos cuenta que a las espaldas de sus aliados también apoyó a los esclavistas sureños. Leyendo entre líneas, para la segunda mitad del siglo XIX, el comercio del algodón estaba mejor que nunca, situación de la cual se beneficiaba onerosamente el Reino Unido; por ello no resulta extraño que fuese amigos de ambos bandos de la guerra.

En resumen encontramos un caso más de lo que en política se conoce como “fuego amigo”, mismo que se traduce en actuar con decisión y de frente de la mano de alguien y por atrás clavarle un puñal por la espalda. El dicho dice que en la guerra y en el amor todo se vale, pero sería imprudente sin embargo real agregar que también en la política.

Este fuego amigo, hoy en día se ve regularmente hacia el interior de los partidos políticos, por lo que me pongo a pensar ¿será el caso, de lo que le está sucediendo al presidente nacional del PAN Ricardo Anaya?

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@ChemaLeonLara