Noé García Gómez

Primer acto

Un narcotraficante cabecilla de un cartel en vías de consolidación se fuga del penal de alta seguridad, es Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” la oposición declara y exige “Esto en gobierno de nuestro partido le hubiera costado la cabeza a todo el mundo, a todos los niveles, desde el Secretario de Estado hasta el último del penal”, esa fue la principal exigencia del PRI entonces partido de oposición frente al gobierno panista de Vicente Fox. El capo emerge para cambiar la visión del “crimen organizado”, para convertirlo en empresa criminal internacional.

Segundo acto

En febrero del 2014 es capturado el líder del Cartel de Sinaloa, principal organización criminal, la más fructífera y dañina de los últimos tiempos no solo en México, sino con un carácter internacional “El Chapo” Guzmán, el hombre más buscado por la DEA y el Gobierno mexicano es presentado como trofeo de “caza”, El entonces procurador Murillo Karam dice “el Gobierno estadunidense tendrá que esperar 200 ó 300 años para la extradición pues tendrá que cumplir su condena en nuestro país”; unos días después Peña Nieto en entrevista con León Krauze afirmó “Sería algo verdaderamente lamentable, es imperdonable que ahora el estado y el gobierno no tomen las debidas providencias para asegurar que lo ocurrido hace algunos años; se pudiera repetir” respecto a una posible nueva fuga del “capo”.

Tercer acto

El 11 de julio corre la noticia: “El Chapo” nuevamente se escapa ahora de la cárcel de máxima seguridad del Altiplano. Ante la crisis la respuesta del gobierno puede resumirse; el Presidente viaja a París con una comitiva de alrededor de 400 personas con el 70% de su gabinete, y; dos imágenes se clavan en el subconsciente, la primera una fotografía donde está la Procuradora Arely Gómez con mirada dubitativa, mira un pozo profundo, oscuro, solitario y desconocido, donde se podría poner al pie de foto “aquí yace la credibilidad del gobierno federal y el estado de derecho” la segunda imagen es en conferencia donde la Procuradora muestra la fotografía del prófugo, e inconscientemente la sobrepone exactamente y en la misma proporción de la suya, generando la ilusión óptica de una mutación del cuerpo de la Procuradora General de la República y la cabeza del principal cabecilla del cartel más poderoso en los últimos tiempos; Como una analogía de la corrupción imperante, no en la procuradora, sino en el cuerpo rector de la institución que tendría que garantizar la procuración de justicia en el país.

¿Cómo se llamó la obra?…

La fuga no solo profundizará la desconfianza en el sistema judicial mexicano y resta aun más credibilidad al Gobierno federal, algo alarmante es el impacto social que generara; la fuga está concibiendo una especie de “héroe” en el colectivo nacional, el que puede exhibir y burlarse del gobierno que tantas veces se burla del pueblo, hace sentir que les está dando una probada de su propio chocolate a la clase política, que sin duda es más inteligente, astuto y exitoso que el presidente.

Se siente en el ambiente esa sensación de agrado cuando se espera que le vaya mal a alguien que no nos cae bien. Todo lo anterior a mi me preocupa, ¿no sé a usted?

No veo intranquila a la sociedad en general por el posible incremento de la violencia (recordemos que las guerras del cartel de Sinaloa contra los carteles de Tijuana, Juárez, Golfo y Zetas fue lo que desató la violencia desproporcional en los pasados años) no percibo en el ánimo social, un temor por la tentativa restauración de la violencia; más que eso, lo que se siente es un ambiente irónico, sarcástico y mordaz por la crisis que vive el gobierno de Enrique Peña Nieto; y apreciable lector esa descomposición es alarmante y la tenemos que combatir independientemente de nuestra ideología o preferencia partidista. Contribuir a la apología del crimen y glorificar a un delincuente no es buen ejemplo para nuestras generaciones.

Dicen que las crisis bien manejadas pueden representar oportunidades, no ha sido lo que distingue a este gobierno. Lo dubitativo del Secretario de Gobierno, las espantosas conferencias donde no reconocen errores, solo para dar justificaciones, el despido de mandos medios y bajos, y la terquedad de seguir en París, solo han profundizado la crisis, estoy de acuerdo que sería un desaire imperdonable suspender su visita a un país que con anticipación invitó a tan importante evento, pero podría cumplir los compromisos políticos y diplomáticos con el Gobierno francés y regresar para hacer su trabajo. No he visto un mínimo vestigio de algo parecido a la autocrítica, que inteligente y honesta la sociedad la reconocería, no en cambio se ve soberbia de decir que todo se hizo correcto.

La obligación del presidente es llamar a cuentas a los responsables, exigir resultados precisos por las omisiones y castigo por la torpeza, colusión y/o corrupción de los funcionarios y su cadena de mando ¿Quién puso a los que permitieron la fuga? Esos también tienen responsabilidad. Además ¿Por qué una vez capturado no fueron congeladas las cuentas, empresas y bienes? Para construir un túnel por donde se escapó y que la reacción fuera tardía, además de la sincronización del reo con quienes le ayudaron externamente, se requiere dinero, mucho dinero, principal instrumento para el soborno, cosa que al capo nunca le faltó.

Este acto, pone a México en las planas internacionales como campo de corrupción e ineficiencia, con cosas como esta por supuesto que la confianza internacional se verá menguada, y la imagen de México sigue manchándose, acumulando a los hechos de Iguala, Tlatlaya y la Casa Blanca.

En cambio hoy el Presidente sigue empeñado en justificar lo injustificable y arropar a sus incondicionales, todo eso desde el periodo en Francia, por eso y ante eso el mexicano reacciona de manera burlona como una especie de acto de rebeldía política e insurrección ante el gobierno.