La noche avanza sobre la carretera federal 54D que une a dos capitales del occidente del País: Guadalajara y Colima. Esta última, aproximadamente a tres horas de distancia de la Perla Tapatía, encierra en su pequeña extensión un cúmulo de historias, experiencias y sabores que la hacen única.
El camino discurre por entre las lagunas de San Marcos Evangelista y Sayula, además de la zona rural jalisciense, las cuales le confieren un carácter rulfiano a la travesía.
Al llegar a la capital colimense, las calles se encuentran vacías y las farolas iluminan los contornos que dan forma a su plaza principal.
La luz envuelve al Jardín Libertad, en torno al cual se encuentra la preciosa Catedral Basílica Menor de Colima, consagrada a la Virgen de Guadalupe, hecha con adobe y madera y que data de 1525; el Hotel Ceballos, de inspiración neogótica y edificado en el siglo 19, y los portales, de cuyos centros de entretenimiento surge una música que invita a prolongar la noche.
El local llamado DMT Rock Bar ofrece una mezcla irresistible de rock, jazz y cervezas artesanales, uno de los tres sabores icónicos de estas tierras, junto al café y la sal, ingredientes que también se convierten en pretextos para viajar a este pequeño gran destino.
Amanece y Colima ofrece su rostro más fresco. La exuberancia de las palmas y el calor que empieza a ascender son una mezcla que relaja mientras se mira el quiosco belga que, desde 1891, corona al Jardín Libertad. Los ruidos de la ciudad se asoman de forma tímida, con una paz que parecería inconcebible de hallar en otro sitio. Al final, hay que ceder ante el embrujo de su calma.

Por pasajes esplendorosos
En sus “Cartas de Relación”, Hernán Cortés contaba la existencia de un monarca formidable: vencedor en batallas contra numerosos enemigos locales, ofreció una resistencia sin igual a las tropas españolas. Se trataba de Colimotl, Rey de Coliman.
Aunque los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la existencia del Rey, a los nativos de la ciudad les gusta que les llamen colimotes en memoria de esa época de fulgor y bravura de la que se puede aprender en el Museo Regional de Colima, ubicado justo frente al Palacio de Gobierno.
Si se tiene hambre de historia, basta con hacer una travesía corta a los sitios arqueológicos El Chanal, construido, según la leyenda, por los “chanos” que también vivían en los arroyos, y La Campana, ubicados al noroeste de la ciudad y que ofrecen una panorámica de la civilización local.
Colima reafirma la idea de que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

Guía práctica
Ubicación
Colima se encuentra a 733 kilómetros de la Ciudad de México.

Dónde dormir
En Colima. Con gran tradición, el Hotel Ceballos es un ícono del destino. Desde mil 177 pesos, en habitación doble.
En Comala. Casa Alvarada cuenta con villas y suites que retoman el tranquilo ambiente del pueblo inspiradas en artistas como Ricardo Rocha y Juan Rulfo. Desde mil pesos con desayuno incluido.

Dónde comer
En Colima. El Trébol. Ahí, el agua de tuba, hecha con savia de cocotero, es imperdible. Y en DMT Rock Bar. Cuenta con grupos en vivo, además de una amplia selección de cervezas artesanales de todo el País, incluyendo una marca propia.

En Comala. Don Comalón. Todo un ícono del pueblo. Prueba su panela asada o las especialidades elaboradas con mariscos.
Al interior del Parque Ecoturístico Carrizalillos. Prueba la carne en su jugo acompañada con café y un trago del famoso ponche de Comala en las rocas en el Mirador del Volcán.

Más información
www.visitcolima.mx