RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Tremendo el ataque artero contra un convoy militar en Culiacán, Sinaloa, con el saldo de 5 soldados muertos y 10 heridos, seis de ellos sumamente graves. Lo que tiene indignadas a las fuerzas armadas, y con razón, por estos hechos que derramaron sangre y terror. Desde luego que es muy comprensible la indignación que tienen las fuerzas armadas, porque esta agresión, tan violenta y tan sangrienta no es ni con mucho, la primera que ocurre. El año pasado hubo una agresión a un helicóptero que participaba en una operación contra las drogas. Era una aeronave militar y llevaba personal de diferentes corporaciones.

Ya son más de cien elementos de las fuerzas armadas asesinados en los últimos años por el crimen organizado y el asunto es que los militares se considera que están siendo demasiado expuestos a este tipo de emboscadas, porque ellos tienen que conducirse con una civilidad que no les es propia, ni de sus desplazamientos ni de la forma como deben protegerse, porque ellos no pueden, de ninguna manera, hacer estos cercos que hacen en otras ocasiones de tender líneas de protección, porque muchas personas se sentirían atropelladas en sus derechos, porque los militares les cierren un camino y no los dejen pasar, en fin. Una vez más estamos ante la consecuencia de haber dislocado el papel de las fuerzas armadas en una lucha que no le corresponde al ejército. El ejército no tiene nada que estar haciendo en las calles, y mucho menos frente a una delincuencia, que a veces tiene la complicidad de grupos policiacos. Hasta cuando el ejército ha querido ser prudente y mantenerse a la distancia, como ocurrió en Iguala, con el caso de los desaparecidos, que tanto preocupa ahora en todas partes del mundo, en esta internacionalización del conflicto. Bueno, pues el día que no se metieron los están acusando de no haber evitado lo que ocurrió. El ejército tiene, por desgracia, todas las de perder. Y cuando pierden a su gente, cuando pierden a 5, 6 u 8 elementos de un solo golpe, no solamente pierden a sus compañeros de armas, sino que pierden parte de la moral del ejército, se sienten atacados, sin capacidad de responder y eso es lo que explica su indignación. No decimos que todos debamos compartir esa indignación de la misma manera, pero sí debemos pedir que la autoridad civil investigue los crímenes en contra de los militares, así como también se pide que se investigue por la autoridad civil cuando los militares cometen excesos. Porque estamos tratando al ejercito con un doble rasero. Pero de la misma manera así como se exige el respeto a los derechos humanos, también se exige mínimo este clamor de justicia para los responsables de la muerte de los militares, porque también tienen derechos. Pero el problema, la paradoja, está en que la autoridad civil que se muestra incompetente, y hace necesaria la presencia del ejército, es la misma autoridad a la que se le pide que investigue cuando al ejército lo atacan. Entonces estamos con una serpiente que se muerde la cola.

 

“HAY TE DEJO LA BOMBA”

El miércoles pasado hubo una reunión entre el Secretario de Hacienda, José Antonio Meade y lideres perredistas, poniendo énfasis en el tema del endeudamiento, que es el punto flaco, el punto débil, en la parte de la política económica y que ha sido tan criticado, deuda que se ha duplicado prácticamente en el régimen del presidente Peña Nieto. Ese es un tema que ha sido muy comentado por los partidos de oposición y lo que ha redundado en este recorte monumental de más de 200 mil millones de pesos al presupuesto de gastos para el año entrante. Se hizo la cobija mas chiquita y todo mundo llega y quiere jalar la cobija para taparse del frío que viene, o tormenta o diluvio universal, pronosticado no solamente por el Banco de México y analistas expertos, sino también por el Fondo Monetario Internacional, que tiene pésimos augurios sobre un crecimiento bastante relativo que habrá en la economía el año que viene.

A esa reunión con el Secretario de Hacienda estaba invitado Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno de la CDMX, pero Mancera solo fue a la reunión a disculparse de que no podía estar ahí mucho tiempo porque tenía que ir a ver la negociación del bloque de la izquierda agrupada en el PRD y entonces apareció el tema que a todo mundo le preocupa menos a quienes hacen, desde el gobierno de José López Portillo hasta la fecha, los únicos que no se preocupan por el crecimiento de la deuda, son aquellos que hacen el presupuesto. El único rubro que no admite mermas en ningún presupuesto, es el que está relacionado con el pago de la deuda y su implacable servicio; el servicio, cuando hablamos de deuda con los organismos internacionales, quiere decir el pago de los intereses. Ya ha habido actuarios que dicen que los volúmenes de estas deudas son impagables, por la acumulación, por el anatocismo, por todas estas cosas que después les endilgan a los particulares.

Lo que discutieron los perredistas con el Secretario Meade, no fue el presupuesto, estaban discutiendo la orientación de la economía, o lo que en algún momento se llamó el modelo económico. Y desde López Portillo para acá, que fue necesario rescatar al país de una crisis y después de otra y otra, hasta la crisis enorme de los errores de diciembre y todo lo que ya se sabe, es que la economía no se maneja como alguna vez dijo Luis Echeverría cuando corrió a Hugo B. Margain de Hacienda: “La economía se maneja desde Los Pinos, se maneja desde el Fondo Monetario Internacional”, y a eso le llaman estabilidad macroeconómica. Y entonces la gente dice: “Como no vivimos en el macro mundo, sino en el mundo de la realidad, en este mundo pequeño y reducido de los hombres y de las mujeres que luchan por su salario y por el poder adquisitivo de su escuálida moneda, entonces habría que buscar una nueva forma, primero para no recurrir al endeudamiento y aumentar el déficit por consecuencia, y la otra para no pagar tanto. Y eso es lo que se está discutiendo con esos grupos de izquierda para los cuales todo es muy fácil. ¿Por qué es fácil? Porque no tienen que tomar ellos la decisión, ni son ellos quienes hicieron los compromisos históricos de la economía mexicana, cuya estabilidad se debe a que de otra manera estaríamos peor que Venezuela. Lo cual tampoco le hace ninguna gracia a las personas que viven en este país por debajo de la línea de la pobreza, que son muchos millones de mexicanos, aproximadamente 50 millones.

Estas discusiones, en las cúpulas donde se reparte el dinero que hay, difícilmente beneficia a los ciudadanos en el aspecto cotidiano de su gasto y de su ingreso. Los opositores a este presupuesto ya en la aplicación dicen: “Hay que disminuir el gasto corriente”. Pero ahí hay una trampa, porque gasto corriente no son solamente los gastos de administración del gobierno y sus salarios. Gasto corriente es también, y ahí a ese rubro lo mete el presupuesto, el pago de las pensiones, que como sabemos es otro agujero sin fondo, del tamaño casi de la progresión del endeudamiento nacional.

Uno de los aciertos periodísticos mas notables que yo he visto en lo que va de este año, fue la portada de la revista Proceso de hace algunas cuantas semanas, cuando por razones que todos conocemos, Luis Videgaray le entregó un presupuesto ya terminado al señor Meade, faltando dos días para que lo llevara el Ejecutivo a la Cámara de Diputados, y la portada de Proceso era una foto cuando ellos dos se saludan en la recepción del despacho y Videgaray le dice a Meade: “Hay te dejo la bomba”. ¿Y cómo puede hacer el gobierno para que esa bomba no explote? Bueno pues por lo pronto está empezando a negociar con las diferentes corrientes políticas. ¿Puede negociar con el PRD? Ya vimos que sí puede. ¿Podrá negociar con el PAN y con sus diputados? También podrá. Donde no va a poder negociar es con otras fuerzas políticas más radicales cuyo éxito depende del fracaso de quienes hoy están aplicando este modelo. Ese es el gran debate nacional por encima de la coyuntura del presupuesto.