Peña_informePor: Itzel Vargas Rodríguez

Con un gran despliegue de pantallas, equipo televisivo, de iluminación y escenografía de elegancia, en los interiores del Palacio Nacional el pasado 2 de septiembre el Presidente de la República dio su informe anual de gobierno.

Sobre su discurso, llaman la atención varios aspectos que caracterizaron su intervención que vale la pena recapitular.

Comenzó saludando a los presentes para casi de inmediato mencionar las problemáticas que ha enfrentado el país desde el año pasado. Mencionó casi por encima el caso de Iguala para luego hacer referencia a otras problemáticas y casos de corrupción en diferentes estratos de gobierno y también hizo referencia a una fuga en un penal de Alta Seguridad. Prácticamente no hizo mención con nombre y detalle de los casos a los que hacía alusión y que evidentemente nos remontan a Iguala, Tlatlaya, Apatzingán, la famosa Casa Blanca y por supuesto la fuga del Chapo. Claro es que era ineludible evitar estos temas que tanto han afectado al Gobierno Nacional este año, y la táctica fue entonces mencionarlas rápidamente para luego encaminar y posicionar su verdadero mensaje. Una técnica común en Política, cuando se quiere evitar interrogantes incómodas. Debido a la comprensible incredulidad ciudadana hacia el gobierno, sería valioso preguntarse si no era mejor tocar estos delicados temas al final de su informe, tratando de solidarizarse en un mensaje de comprensión hacia la ciudadanía.

Luego, hubo un gran desfile en el discurso de las acciones del gobierno, que al mismo tiempo que eran mencionadas estaban acompañadas en las pantallas de imágenes visuales, algo que fue acertado.

Hizo gran hincapié en las llamadas reformas estructurales en temas educativo, fiscal o energético, que se derivaron del Pacto por México. En el tema educativo, recibió gran ovación al mencionar los cambios en el sistema educativo de Oaxaca. Y también fue muy ovacionado el tema referente al impulso de la educación de jóvenes en el extranjero y las relaciones bilaterales con diversos países.

Hubo, sin embargo, un exceso de números en el discurso por las medidas e impactos logrados en diversas acciones de gobierno, cuestión que fue muy criticada por diversos medios porque lo tomaron como una medida demagógica para engrandecer precisamente la labor institucional. Discursivamente hablando, el problema de mencionar tantos números es que propician que el mensaje se vuelva frío, lejano al ciudadano y a una persona sencillamente le es difícil registrar números en su mente, cuando tendemos a memorizar imágenes, cosas que nos motiven o nos generen identidad.

Otra parte interesante y cuestionable del discurso, fue el momento en el que alertó sobre los riesgos del populismo, la demagogia o la intolerancia, considerándolos como los caminos menos indicados para tomar ante la actual crisis económica global y “el desencanto generalizado que se vive en el mundo”. Esta opinión la lanzó prácticamente al finalizar su discurso, literalmente atacando a la oposición y a los grupos o movimientos sociales que han surgido de crítica recia hacia el gobierno. Me parece que un tema tan delicado debió omitirse precisamente para que la opinión pública (al no percibir nombre y apellido de a quién se refería) ideara precisamente en ponerle nombre y apellido. Cuestión que da pie a que en vez de restarle fuerza a la oposición, le aporte más, incluso en un momento político tan frágil de la credulidad ciudadana que justamente pone en duda todo lo que viene de boca del gobierno.

En general hubo un buen manejo del mensaje, pero sin duda alguna faltaron elementos de motivación social, de empatía, de cercanía. Los números, los pronunciamientos sin nombre ni especificaciones fueron dos herramientas cuestionables que abonaron a que el Informe se sintiera frío, lejano, indiferente, en un entorno y contexto social que por contadas problemáticas exigía aclarar posicionamientos en este espacio, transparentar datos, apelar a la unidad y motivar la esperanza social. Por esos dos elementos, el informe se quedó en el hubiera, pudo haber sido… pero hasta ahí se quedó.

@itzelvargasrdz es estudiante del Doctorado en Comunicación Política y Campañas Electorales, así como Maestra en Comunicación Política e Institucional, por el Instituto Universitario Ortega y Gasset.