Gabriela Villegas Agencia Reforma

M0ONTERREY, NL.- “Para mi suegra, ¿una mascada, un suéter o quizá un perfume?”, te preguntas con preocupación. Es la pregunta de cada Navidad.
Y es que recuerdas que el regalo del año pasado, un lindo bolso, provocó en la mamá de tu esposo al abrirlo frente a tooodos un “curioso gesto” que no lograste identificar del todo.
Pero, bueno, tienes que cumplir con la estresante lista de regalos.
Ahí está, además de tu suegra, tu mamá, que es bien disgustada, tus hijos (¿qué le regalarás a tu bebé de 12 años?”), tus hermanos, sobrinos, tu compañero de oficina que te tocó en el intercambio, tus comadres, tus amigos…
La lista inunda tu cabeza a unos días de la cena de Noche Buena y Navidad. Tanto estrés puede opacar el verdadero significado de la celebración, símbolo de amor, paz y fraternidad.
Si regalar es un acto de generosidad y cariño, ¿por qué se volvió un acto tan estresante?
Piensa en el otro
“¿Qué difícil es regalar?” o “¿Qué le regalo a … ?” se escucha en los pasillos de las tiendas completamente abarrotadas.
La desesperación que generan los regalos también se refleja en Google, pues basta con ingresar la sílaba “re” para que arroje frases como “regalo para mamá”, “regalo para hombre”, “regalo para mi novio”.
Existe, sin embargo, la otra cara de la moneda, los que obsequian literalmente lo que sea, así como para salir nada más del paso. ¿Víctimas? Hay muchas. Eduardo González es una de ellas.
“La primera vez me regalaron en un intercambio fue una caja de galletas surtido rico”, recuerda el abogado.
“Ya cuando entré a trabajar pensé que mi suerte cambiaría, porque somos personas mayores, más cultas, pero el que me regaló me dio un suéter bien feo tipo César Costa en ‘Papá Soltero’. Y en el último me dieron una camisa de pana XXL”.
Alicia Salinas, especialista en psicología positiva por la Universidad de Harvard, recomienda que antes de lanzarse a la búsqueda de regalos pienses en qué hace la otra persona, cuáles son sus pasatiempos, qué le gusta o cuál es su profesión.
“Estamos muy cargados de prisa y nos está deteniendo a interiorizar y saber qué es lo que de verdad le gusta a la persona”, dice la también health coach.
“Es bien bonito cuando te dan un regalo pensado en ti. No que fue lo primero que encontré o estaba en oferta. Que en el obsequio se vea dedicación a esa persona especial y que ella o él así lo sienta”.
Fuera estrés
La lista larga de regalos y el tiempo corto hacia la Navidad provocan emociones nada positivas.
“El estrés no es ni más ni menos que un tipo de miedo muy especial a no alcanzar los objetivos”, explica David Rico, experto en psicología evolutiva por la Universidad Complutense de Madrid y coordinador del Centro Deletrea.
“Si tus objetivos son ‘que mi hijo tenga lo mejor’, probablemente estás equivocado de objetivos y eso te provoca estrés”.
La forma de reducir los niveles de estrés es adecuando los objetivos a las posibilidades, recomienda.
Por ejemplo, asigna un presupuesto para los regalos y no te salgas de él, y planea con anticipación qué vas a obsequiar.
Regalar momentos
¿Qué tal regalar a tus sobrinos unos pases para ir al cine o al museo?, ¿o un café al mes para conversar con tus mejores amigos?, ¿una comida en un buen restaurante a tu hermana?
El regalar momentos o experiencias, más que objetos, es la clave para prevenir el estrés de la fecha y estrechar los lazos familiares, coinciden expertos.
“Recomiendo darles a los familiares más tiempo, calidad de vida y mostrarles el motivo de por qué se celebra la Navidad”, comenta Salinas.
La especialista señala que otra opción es dar regalos emocionales u obsequios fabricados por ti.
Por ejemplo, la Navidad pasada una mamá recibió sorprendida el retrato que le pintó su hijo al pastel basado en su foto favorita de joven. Él toma talleres de arte como hobbie.
Hay quienes reciben con mucho gusto una tarjeta de felicitación con un mensaje escrito a mano y personalizado.
En ese escrito se dan las gracias y se expresa lo valioso que es quien lo recibe. No se trata de un escrito poético, sino de hablar desde el corazón.
Y son, finalmente, claves para regalar: primero marcar límites económicos y luego involucrar el sentimiento.